«Aquellos o aquellas que creen que la política se desarrolla través del espectáculo o del escándalo o que la ven como una empresa familiar hereditaria, están traicionando a la ciudadanía que espera de sus líderes capacidad y generosidad para dar solución efectiva sus problemas.»

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Y primó el interés propio…

Rodrigo Pulgar Castro

Doctor en Filosofía. Académico U. De Concepción.

A esta hora del día, me pregunto si vale la pena seguir escribiendo sobre hechos de contingencia vinculados a la cuestión política, y además hacerlo desde cierto enfoque que intenta ser lo más reflexivo posible de dar en tan breve espacio. Hasta antes del 4 de septiembre, creía que algo se conseguía describiendo lo que, hasta ese momento, consideraba era el valor de un proceso social que traducía aquel antiguo deseo de vivir la aventura del camino común, de uno que construiríamos desde la opción por una mirada que superaría la óptica del egoísmo instalado a la fuerza desde los años de la dictadura, y sostenida en un marco de acción definida como texto casi sagrado para muchos, como es la constitución del 80.

Intentando dar vuelta la página, obligado en alguna medida para superar cierta pesadumbre que acusan de mí amigos y estudiantes, trate de dar con alguna de las cuerdas interpretativas para entender el sentido interior de aquello, vale decir, de una población mayoritaria rechazando. Y esto siguiendo el mandato de una disciplina que se plantea crítica ante los hechos humanos, y con el fin de aproximar una ley de comprensión de aquellos hechos, al menos una que a mí me sirviese. Pero es complejo, puesto que aún hay mucho nudo que desatar. Dejando de lado la tendencia a no ahondar en el hecho, doy cuenta que con todo vale la pena intentar el ejercicio de explicarse, y hacerlo supone que estoy dando por válido que el propósito perseguido en la reflexión entre quienes redactaban la propuesta de un nuevo marco, era simplemente asumir la tarea de señalar pasos para construir un vivir desde el altruismo y, al mismo tiempo, realizar este ejercicio constructivo aceptando la coexistencia de múltiples cosmovisiones inter-dialogando. Pero, visto el resultado, el juicio calificativo fue error (no quiero decir horror), pues al llegar la noche, caí en cuenta que la mirada de Hobbes al género humano parece es la correcta: somos por naturaleza egoístas, temerosos del otro por ver en él peligro, y esta pulsión es lo que mueve a decir que la historia humana se construye (al menos la que tiendo a ver hoy) siguiendo el trazo del interés individual. Su efecto real, si lo entendemos desde el poder como acción destinada a imponer una voluntad sobre otra, termina por ser una historia de personas manipulables en lo público y lo privado desde la explotación del miedo al otro como recurso de concientización social, y solo con el fin de consolidar un modo de operar la realidad socio-política siguiendo el objetivo principal de lograr la mayor cantidad de bienes tangibles,  pero, al mismo tiempo, fungibles por lo frágil que los caracteriza (curiosamente el mercado que tanto se defiende da cuenta de aquello cada cierto tiempo). He ahí la clave de configuración del ideal político neoliberal a la manera chilena: abierta a la iniciativa privada en lo económico, cerrada a la posibilidad del disentir en lo ético y moral, por tanto, al final profundamente conservadora por, estimo, lo siguiente: ambas líneas aparentemente opuestas, al darse en conjunción en una persona, son una carga mixta de valores intercambiables que se activan cuando se logra convencer que el interés por un bien económico es igual o equivalente al valor de bien ético. La habilidad política, entonces, consiste en lograr que alguien se auto-convenza de aquello.   

Con el resultado de ese día todo se aclaraba: nada cambiaba, el panorama adquiría el tono de un retorno a formas de crítica pasiva respecto de acciones socio-políticas, y en donde el criterio seguirá lo que al yo-singular le importa. Pero acá el problema. A pesar de lo significante para todo análisis el que se revele como eje articulador del habitad el yo singular y que, por cierto, tiene la tendencia a negar en la práctica la amistad cívica, por tanto, la estimación del espacio cotidiano como ese lugar de encuentro y recreación humana, persiste la paradoja que sin encuentro entre personas desde la suspensión del juicio que privilegia el interés por lo propio del yo, no hay posibilidad de humanización. De suyo, al momento que suspendo la mirada que privilegia el interés por lo propio, me hago consciente que impera la injusticia por carencia de justicia en un espacio que declaramos como uno solo para todas y todos. Mas esta vez este salto a una mirada diferente sobre la realidad social, pero en proyección altruista, no se dio. Quizá, algún día alcance la percepción política por quienes dicen tener la condición de aquello, otro punto de inflexión y así efectivamente se logre lo ansiado: prime la justicia en su sentido más íntimo en el campo de lo público: la reciprocidad, la cual, por ahora, exceptuando pequeños espacios de amistad, aún no se logra ver en la vida social, peor: se ve –no para pocos- tristemente lejana.

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2 Comentarios en Y primó el interés propio…

  1. Muy buen trabajo profesor.
    Un ejercicio interesante, riguroso y profundo.
    Felicitaciones profe.

  2. Felicitaciones Sr Pulgar.
    Un i<interesante modo de razonar e intento por explicar la conducta de los Chilenos el pasado 04 de sep.
    Falta mucho por dar vueltas a esa conducta y tratar de entender lo sucedido.
    Pe ro hay un fenómeno innegable las mayorías votaron con una racionalidad manejada por el terror sobre lo que se les podía quitar si ganaba el apruebo, campaña delineada por los siempre presentes poderes fácticos

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