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XCF268088 Portrait of Sir Thomas More (1478-1535) (oil on panel) by Holbein the Younger, Hans (1497/8-1543) (after); 74.9x58.4 cm; National Portrait Gallery, London, UK; (add. info.: Lord Chancellor, humanist and martyr; after original in the Frick collection); German, out of copyright

500 años de un sueño.

Equipo de <laventanaciudadana.cl>

En 1516, el humanista inglés Tomás Moro (1478-1535)  publicó,  en Lovaina,  un breve libro en latín al que bautizó con el sencillo nombre de “Utopía”, palabra ideada por el autor a partir del idioma griego: “Ou”, término que puede significar “No”  o “Bueno”, y “Topos”, “Lugar”, juego de conceptos que se referiría a un “lugar bueno” pero, asimismo, a un “no lugar”, un lugar que simplemente no existe.

Moro, intelectual y abogado, era el segundo de seis hermanos. Aprendió francés, latín, griego, música,   sobresaliendo en retórica, dialéctica y filosofía. Católico devoto pretendió ingresar al sacerdocio, idea que abandonó para consagrarse al Derecho, distinguiéndose como abogado en su lucha constante por la justicia y la conciliación entre los contendientes. Gran amigo del humanista holandés Desiderio Erasmo de Rotterdam (autor del célebre “Elogio de la Locura”, texto en que éste critica las guerras y la corrupción) compartió  con él sus inquietudes y devaneos intelectuales.

Al ser coronado Enrique VIII como sucesor de Enrique VII, Moro escribió un poema en su homenaje, texto lírico que mereció la atención del nuevo monarca. Al conocerlo, apreciando sus dotes intelectuales y personalidad, le confió tareas diplomáticas, lo incorporó al Consejo Secreto del Reino, para luego asumir la presidencia de la Cámara de los Comunes, la cancillería del ducado de Lancaster y, por último, el cargo de Gran Canciller.

En 1509, Enrique VIII había contraído matrimonio con Catalina de Aragón, hija de Isabel y Fernando, los Reyes Católicos de España. En 1527, el rey decide divorciarse para casarse con Ana Bolena, dama de honor de la Corte. Al no serle concedida la autorización por el Papado, decide romper con la Iglesia romana y  constituir la Iglesia Anglicana como confesión religiosa nacional de Inglaterra, lo que lleva a Moro a renunciar a la Gran Cancillería en 1532. Moro se niega a reconocer la legalidad del divorcio real, es condenado a cadena perpetua y a la confiscación de sus bienes y, en un nuevo juicio, es condenado a muerte, indicando la sentencia que, tras la horca, sería descuartizado y su cabeza arrojada al Támesis. Moro, sin embargo, fue decapitado, su cabeza fue expuesta sobre el puente de la Torre de Londres y, rescatada por su hija Margarita, se conserva en el templo de San Dunstan, en Canterbury.

Beatificado en 1866 por el Papa León XIII, fue canonizado por Pío XI en 1935.

Una utopía perenne.

A la época de escribirse “Utopía”, el mundo europeo contemplaba con asombro el recién descubierto continente americano, territorio ignoto sobre el cual se construían fabulosas historias, leyendas fantasiosas, relatos plagados de quimeras.

En ese ámbito, Moro relata haber conocido en Amberes, en casa de su amigo Pedro Egido, a un viejo marino portugués, Rafael Hytlodeo, quien ha viajado al Nuevo Mundo y ha conocido una extraña isla llamada “Utopía”, cuya ubicación exacta desconoce.

“Utopía” es una nación limpia y aseada, sin lujosos edificios ni viviendas pobres ya que allí todos habitan viviendas similares. En el país de los utopienses, no hay clases sociales y existe comunidad de bienes incluso de alimentos. La misión de su rey, quien se distingue por portar una gavilla de espigas, es la de servir a su pueblo y fomentar la paz, las artes y las ciencias.

“Utopía” es una democracia en la que sus autoridades son elegidas entre los más aptos. Las guerras están excluidas de sus costumbres salvo que sean en defensa propia, o para rebelarse contra un tirano o librarse de la esclavitud.

En la isla de “Utopía”, el oro, las perlas y las piedras preciosas, son prácticamente despreciados. El trabajo es obligatorio salvo para los ancianos y los enfermos. Todos sus habitantes deben cumplir obligatoriamente un período de labores en la agricultura. El tiempo libre debe ser consagrado a la lectura y al arte.

En este mundo ideal, se permite la esclavitud pero se carece de libertad de desplazamiento sin permiso. Asimismo, están autorizados tanto  la eutanasia y el divorcio. En el caso del matrimonio, los contrayentes deben desnudarse para ser examinados con el fin de evitar sorpresas. .  Los sacerdotes son casados y las mujeres tienen igualdad de deberes y derechos que los hombres.

En suma, toda la organización social de la isla, está orientada a evitar las diferencias entre sus habitantes y a fomentar la igualdad.

“Utopía”, el “no lugar” descrito por Moro a través de las palabras de Hytlodeo, es un texto enigmático. Tras un capítulo inicial en que se dialoga sobre cuestiones filosóficas, políticas y económicas de la Inglaterra de la época, se incursiona en el campo de la vida diaria y la administración de la isla, con sugerentes críticas sociales y una ridiculización de las costumbres.

Moro, al parecer, desea indicarle a la realidad “como debe ser”. Algunos años  más tarde, Nicolás Maquiavelo, en Italia, sostendrá, al contrario, que esa realidad hay que aceptarla tal cual es. Moro y Maquiavelo expresan el permanente contrapunto de la política que se debate entre el utopismo y el realismo.

Frases seleccionadas.

“Los latinos no han producido nada digno de ser alabado, a excepción de algunos escritos de Séneca y Cicerón”.

“A estas horas, ya es bastante el número de los aspirantes a la simpatía y el afecto de los opulentos”.

“Los príncipes se ocupan más por los asuntos militares, se preocupan más de conquistar por buenas o malas artes, nuevos reinos que de regir adecuadamente los que ya poseen”.

“Los consejeros de los monarcas, o poseen tanto saber que no es necesario que escuchen las opiniones ajenas, o piensan poseer tanto saber que no las admiten, salvo las tonterías que mencionan los cercanos al monarca”.

“El aumento del costo de la vida trae consigo el que la mayoría de los hacendados despidan a gran parte de sus servidores, y esto, ¿qué otra solución tienen sino pedir limosna o bien robar?

“Es desproporcionada la pena de privar la vida por haber robado dinero. Opino que todas las riquezas de este mundo no se pueden igualar con la vida de un hombre”.

La expresión “utopía” forma parte hoy de nuestro vocabulario habitual. Una hermosa alegoría al respecto nos entrega Eduardo Galeano:

“Utopía.

“Ella está en el horizonte,

Me acerco dos pasos,

ella se aleja dos pasos más.

Camino diez pasos

y el horizonte se corre

diez pasos más allá.

Por mucho que yo camine,

nunca la voy a alcanzar.

¿Para qué sirve la utopía?

Sirve para eso:

para caminar”.

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*  “Utopía”,  de Tomás Moro, puede encontrarse en ediciones en español de Fontana (Edicomunicación) con prólogo de Francesc  L. Cardona,  y de Gradifco con estudio y notas de Sergio Albano.

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