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CAROLINA GOIC Y LA GASTRONOMIA ELECTORAL

En los círculos gastronómicos, una buena receta de tortilla de papas y chorizo requiere de los siguientes ingredientes: 6 huevos, 3 papas (600 grs), 250 grs de chorizo, 1/2 cebolla morada, 1/2 cebolla blanca, 1 pimiento verde, 2 vasos medianos de aceite de oliva, sal al gusto, 25 grs de ciboulette y una hoja de perejil. De estos ingredientes, hay tres que son indispensables: los huevos, las papas y el chorizo. Pueden ser buenas o malas papas, chorizo más o menos  añejo y huevos más o menos orgánicos. Eso dependerá del gusto y el presupuesto. Pero estos tres ingredientes tienen que estar. Sin ellos, obviamente no podremos cocinar una tortilla de papas y chorizo.

En política, una candidatura seria, que aspire a ocupar el sillón presidencial, debe tener al menos tres ingredientes indispensables: un buen candidato o candidata;  un relato honesto y atractivo acompañado de una buena plataforma programática; y una plataforma política con capacidad de convocar a un sector amplio de la ciudadanía. Estos ingredientes pueden combinarse de diferentes maneras y en diferentes proporciones, pero al final del día, se requerirá de los tres para estar en condiciones de posicionarse con posibilidades de éxito en una elección presidencial.

Desafortunadamente, a 5 meses de la elección presidencial, a la precandidatura de Carolina Goic parece estarle fallando la receta.

Goic es una candidata razonablemente buena; una mujer honesta, que ha demostrado capacidad de liderazgo al interior de su partido, con bastante claridad política y con capacidad de moverse con comodidad entre los torbellinos del mundo político. Sin embargo, estas cualidades no han sido suficientes. Después de dos meses de campaña no declarada, las encuestas la muestran marcando entre 2 a 3 puntos porcentuales, muy por debajo de lo que se requeriría para ser considerada una aspirante con posibilidades reales de acceder a la presidencia de la Republica. Su estilo franco y directo, sus respuestas que parecen nacer desde la sinceridad y su capacidad y razonable preparación en diversos temas, no parecen suficientes para que logre pasar de ser una candidata razonablemente buena a una candidata que inspire y motive a la ciudadanía. Claramente no tiene la empatía que alguna vez observamos en la presidenta Bachelet, ni esa conexión inspiradora que existía entre Alessandri, Frei y Allende y su electorado. Tal vez es una cosa de estilos o de personalidad; pero claramente, Goic, la precandidata, no ha logrado ganarse el corazón de su potencial electorado. Y cambiar esto en escasos 5 meses no es tarea fácil, ya que implica cambiar la forma de relacionarse, aprender nuevos estilos de comunicación y establecer renovados vínculos con la ciudadanía. Pero esto no debiera ser el fin del mundo; con un buen relato y una gran capacidad de movilizar en campaña a su base política más comprometida esto debiera superarse.

Entramos entonces en el segundo problema de la candidatura de Goic. El relato o la no existencia de éste. No me cabe duda que Goic tiene un relato en mente y ella se lo imagina; pero no ha sido capaz de comunicarlo. Y sus inorgánicos esfuerzos por articularlo públicamente se topan constantemente con piedras en el camino. ¿Cómo hablar de integridad, cuando en el seno de su candidatura se encuentran algunos que han sido cuestionados justamente por carecer de ella? ¿Cómo hablar de progresismo y candidatura de centro izquierda, cuando su sustento político interno está dado por personajes como Gutenberg Martínez y Mariana Aylwin que representan lo totalmente opuesto? ¿Cómo construir un relato de cambios y progreso cuando muchos de quienes la apoyan, han apoyado sistemáticamente el statu quo? Y esta falta de relato se traduce en una falta de plataforma programática. Es cierto que Goic y su equipo han hecho algunos esfuerzos por compartir con la ciudadanía algunas de las propuestas que formarían parte de su programa; sin embargo, este esfuerzo ha sido claramente insuficiente, especialmente en una candidatura que corre contra el reloj. A la candidatura de Goic aún le falta sustancia y madurez programática; es una candidatura que, en un esfuerzo por mantener efímeros equilibrios internos en la Democracia Cristiana, ha eludido reiteradamente referirse a algunos de los temas más complejos. A manera de ejemplo, ¿cual fue la postura de Goic en el reciente debate acerca de un tema tan importante como la violencia en el territorio Mapuche? Silencio. No la escuchamos. Difícil desafío, ya que requerirá de parte de Goic y su equipo el tomar decisiones complejas. Como dicen en materia gastronómica, para hacer tortillas hay que quebrar huevos; y para quebrar huevos en el ámbito político, hay que estar dispuesto a no dejar contentos a moros y cristianos. Definiciones; eso es lo que le falta al equipo programático de Goic. Una vez que las tengan y las asuman con sus costos y beneficios, su campaña podrá construir con mayor comodidad una plataforma programática que compartir con la ciudadanía. Esperemos que en las próximas semanas esta precandidatura sea capaz de avanzar con celeridad y solidez en este desafío. De no hacerlo, su camino hacia la moneda se verá aún más complicado de lo que ya se ve. Pero aún hay esperanza; no todo está perdido. Una buena plataforma política puede, en alguna medida, contrarrestar las falencias antes descritas.

Lamentablemente aquí nos adentramos al tercer problema de la precandidatura de Goic. La carencia de una plataforma política y por lo tanto la escasa capacidad de convocar. En la semana que recién terminó, pudimos nuevamente observar cómo está precandidatura enfrenta una falta de cohesión política, incluso dentro de la propia Democracia Cristiana. La desafección observada en su partido no es más que la manifestación de la falta de unidad política detrás de su precandidatura. Quienes más apoyaron la idea de su candidatura y el que esta se mantenga hasta la primera vuelta electoral han estado absolutamente ausentes de ella; y obviamente, aquellos que no estaban de acuerdo con esta aventura, han dado solo tímidas y esporádicas muestras de apoyo. Y esta división interna ha impedido cualquier posibilidad de convocar a otros a sumarse a esta aventura. Si los que antes la apoyaron, hoy se muestran dubitativos, como pedir y esperar que otros crean en ella y estén dispuestos a arriesgar y jugárselas por su éxito? Para convocar hay que convencer; y para convencer hay que creer. Y eso es justamente lo que parece faltarle a esta precandidatura.

Como diría un cocinero, parece que este horno no está aún para bollos.

La receta no es el problema; y el Chef Badenier tampoco parece serlo.

Los últimos dos meses han dejado en evidencia que esta receta tiene en realidad problemas con los ingredientes indispensables o la falta de ellos. No podemos cocinar una tortilla de papas y chorizo si no tenemos papas, huevos y chorizo.

Por el bien del futuro político de Carolina Goic, de la sobrevivencia de la Democracia Cristiana y el desarrollo político del país, es de esperar que esta precandidatura sea capaz de encontrar los ingredientes necesarios para enmendar el rumbo; e independientemente de su continuidad o no en esta carrera electoral, hacer una contribución efectiva en la discusión política seria y con altura de miras, que tanta falta hace en nuestro Chile.

Maroto, Canadá.

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