El orgullo en exceso, como forma de vida, da paso a la arrogancia, esta es , sin lugar a dudas un elemento contaminante en las relaciones humanas y en las comunicaciones. ...pero además, ¡¡¡ contribuyen a la soledad y generan enajenación social!!!
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Carta abierta de un Patipelado

Patricio Schwaner Saldías

Docente de Filosofía Universidad Católica de la Santísima Concepción

Al usar las palabras con poco lustre uno es participe de situaciones inexplicables, a veces podemos llegar a ser víctimas de los conceptos, por lo que: “Aquello de lo que no es posible hablar, es mejor callar” nos diría Wittgenstein. El gran problema de esto, es que tenemos soltura de cuerpo y de boca, y hacemos uso y abuso de las palabras sin apelar a los significados, sin entender lo que decimos, sin vislumbrar lo que Gottlob Frege (Filósofo alemán) definiría como: Signo, sentido o referente. 

Según la RAE, patipelado se define como: “Persona carente de toda clase de recursos”. Y no sé si a alguien este término le suena agradable. Desde mi perspectiva resulta denigrante, burlesco y hasta de uso básico. Es decir, no hay que ser un lingüista para entender que su connotación resulta negativa, en tanto atenta contra un grupo de personas, que tienen una dignidad y que merecen respeto y comprensión. 

Al parecer, la honorable que hizo uso de esta palabra, no está del todo familiarizada con el Chile de antaño, lugar en que hombres y mujeres caminaron descalzos, pero no por propia elección, sino que por condiciones sociales desfavorables. Valga entonces, que la historia se lea y que se haga uso de un sano juicio reflexivo.

Toda esta situación me hizo recordar a los peripatéticos de Aristóteles, quienes también eran patipelados, podríamos incluso afirmar que fueron: “Patipelados del pensar”. Hombres que caminaron reflexivamente y que no necesitaron calzado Guante o Zara para transformar una época de la filosofía. 

Quizá, el exceso de calzado nos ha hecho menos reflexivos. Quizá dejamos de caminar junto a quienes nos necesitan, quizá el ejercicio del poder anquilosado y retrógrado se ejerce con más dureza cuando nos paramos sobre 4 centímetros de plataforma. Después de todo, quizá ser “patipelado” no sea tan malo como parece, el pecado entonces no está en serlo, sino en afirmarlo peyorativamente de otros. 

Sin lugar a dudas a nuestra clase política le falta mayor rigor reflexivo, le falta además involucrarse con quienes sufren, afirmar la política desde la realidad concreta y no desde las “plataformas”. Da la impresión de que el ejercicio del poder es una cuestión etérea, que gira permanentemente en un constante monólogo. Ahora bien, ¿Que podemos hacer para mejorarlo? 

Lo primero es respirar el aire de la realidad, el mismo Jesús fue un patipelado que vino al mundo sin usar zapatos, que vivió el desprecio y la miseria de su época. Quizá en su propia vida se plasmó la miseria del poder, que algunos ejercían de forma alienante, sin atender a la realidad social. Esta realidad relatada por las sagradas escrituras es también un testimonio de que las épocas tienen un factor en común, y que como afirma Thomas Hobbes (filósofo inglés): “El hombre es un lobo para el hombre”. 

Muchos “patipelados”, ejercieron el derecho ciudadano al voto, con una esperanza puesta en el cambio político, muchos desde su sencillez sueñan con un Chile mejor y más humano.

Un patipelado vive el día a día, buscando oportunidades, intentando ganarle al pasado histórico de nuestra nación. Además, vive con el mínimo, pero a su vez se le exige que entregue el máximo. Esta cuestión, en rigor paradójica, nos hace saber que después de todo, ser patipelados no resulta totalmente fuera de contexto y que a veces conviene caminar descalzo para comprender los verdaderos problemas que enfrenta nuestro país.

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