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¿Cuántas cuotas?

Esteban Lobos, analista económico.

La microeconomía contemporánea, por lo menos en el mundo occidental, está basada en el incentivo al consumo. La filosofía de “lo desechable” sirve de sustento a un modelo que encierra, en sí mismo, una contradicción vital: es inviable una sociedad que no es capaz de darse cuenta de que no puede persistir en un consumo infinito frente a un planeta que dispone de recursos finitos.

El sector del comercio detallista, constituye en Chile una de las locomotoras que tira el tren del crecimiento económico. Su desarrollo ha sido impactante en las últimas décadas, habiéndose logrado consolidar importantes cadenas que ahora salen, con éxito, a conquistar mercados extranjeros.

Un básico análisis de su realidad, permite comprobar que estas empresas, muy hábilmente, han centrado sus actividades en dos líneas fundamentales de acción. Por un lado, la que aparece como más propia de su naturaleza que es la actividad comercial propiamente tal que ofrece a los consumidores una variada gama de productos, a precios bastante asequibles, pero de duración limitada, hecho que proyecta una nueva adquisición en el corto plazo. La otra línea es la financiera que acompaña, complementa y sustenta   a la anterior. En tiempos no tan lejanos, el potencial comprador ahorraba durante meses para poder disponer en un momento dado del dinero necesario para adquirir al contado un bien durable susceptible de reparación y reutilización. Ello implicaba postergar el acto de consumo y la satisfacción de una necesidad, privilegiando las cuentas sanas y el “no endeudamiento”. Hoy, por el contrario, el sistema del “compre ahora y pague después”  permite la satisfacción inmediata de la demanda del consumidor pero le significa tener que sostener,  en el mediano o largo plazo, un cierto nivel de endeudamiento que, obviamente, no es gratuito.

Si se echa una mirada a los balances de las grandes tiendas (tarea que, por supuesto, la inmensa mayoría de los consumidores jamás hace), se constata una realidad que debiera llamar la atención. Las utilidades que estas empresas obtienen como consecuencia de su actividad comercial propiamente tal, son notoriamente inferiores a las que les generan sus actividades accesorias, Hacer esta comparación no siempre es fácil, ya que la actividad complementaria, que es la que otorga el “crédito de consumo” se realiza a través de empresas paralelas de crédito multirrotativo  o de bancos de propiedad de las mismas cadenas.

Las consecuencias de este proceso son claras. Para las empresas de retail, utilidades gigantescas, algunas de las cuales fueron mencionadas en un comentario anterior. Para los consumidores, sobreendeudamiento permanente.

Para solucionar este problema, los legisladores,  hace un par de años, aprobaron normas que permitieron sacar a algunos millones de personas del listado de “deudores morosos”. Sin embargo, en la actualidad, el enfermo ha experimentado una grave recaída: El famoso “Dicom” registra ya una cifra de casi 4 millones de deudores morosos lo que hace casi insostenible la vida de millones de familias que se ven apremiadas constantemente por demandas de “empresas de cobranzas” que son “externas” pero que pertenecen a la misma empresa acreedora.

¿Por qué se produce esta situación?

La respuesta fácil, pero no por eso menos verdadera, es que hay un elevado nivel de irresponsabilidad financiera ya que el consumidor (y, también,  la consumidora, para mantener la equidad de género), tentado por las ofertas, no se informa adecuadamente y solo se preocupa del “valor de la cuota”.

La respuesta más compleja, pero más verdadera, es que el entramado financiero que significa maravillosas utilidades para las grandes tiendas, significa un enorme costo, a veces invisible, para el incauto consumidor.

Ejemplos al canto. Si el cliente se atrasa en el pago de la cuota pactada u opta por pagar la cuota mínima que señala destacadamente su estado de cuenta, lo más probable es que automáticamente el sistema le genere un interés del 3% mensual, es decir de ¡un 36% en el año! Si a ello se le suman los gastos de cobranza “extrajudicial” de las empresas externas (por varios miles de pesos a pesar de no ir más allá de un llamado telefónico), las cifras se elevan a niveles insospechados.

El famoso narrador francés Charles Perrault (Sí, el mismo autor de “El gato con botas”) elaboró una frase muy ilustrativa: “Mi situación no depende de cuanto gano sino de cuanto gasto. Si gano 100 y gasto 99, voy derecho a la prosperidad. Si gano 100 y gasto 101.voy derecho a la ruina”.

Consejos para un buen vivir:

1.- Ahorrar. Cualquiera suma economizada mes a mes, permitirá en un momento comprar algo a menor costo y sin problemas.

2.- No endeudarse. El ciclo del endeudamiento es incontrolable. Las cantidades que terminan pagándose en intereses, son sorprendentes.

3.- Pagar. El único crédito de consumo conveniente, y siempre que la persona se encuentre en condiciones de servirlo oportunamente, es aquél que ofrece “equis cuotas precio contado”. Si el crédito ya se ha tomado, debe cumplirse oportunamente con el total de la cuota pactada.

Por supuesto, que hay más consejos. Pero, si se parte con respetar los ya señalados, se podrá comenzar a  vivir en paz.

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