La Filosofía y las Ciencias, deben estar presentes en nuestras vidas, sin perder su rigurosidad…hay que usarlas de modo cotidiano.
Actualmente nos leen en: Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

Editorial: De abusos, acosos y otras menudencias.

Equipo La Ventana ciudadana

Periodismo ciudadano.

De acuerdo a la mitología griega, el dios Zeus regaló a Pandora, la primera mujer, una caja en la que estaban encerrados los bienes y males a disposición  de la Humanidad. Epimeteo, el primer hombre, abrió el cofre permitiendo que todo su contenido se esparciera por el mundo quedando guardada en su interior  solamente la Esperanza.

Nuestro país se ha visto impactado últimamente por una serie de denuncias de acoso sexual, hechas en general por mujeres del campo  del cine y la televisión que se atrevieron a hacer públicas situaciones respecto de las cuales existían sospechas y rumores pero nada concreto. Las reacciones desatadas han sido múltiples y han ido desde las expresiones de solidaridad con las víctimas y, también, aunque no se crea,  con los presuntos  victimarios, pasando por declaraciones de medias tintas que buscaban quedar bien con Dios y con el Diablo.

Sería muy superficial pensar que los graves hechos dados a conocer por la prensa,   constituirían solo demostraciones del eterno juego de flirteo y seducción entre ambos sexos, evitando  profundizar en sus verdaderos alcances.

Bien miradas las cosas, en todos los hechos que han ido saliendo a la luz hay un preocupante tema de dominación y poder que ensucia todo el marco de las relaciones humanas.

Cabe preguntarse: ¿Qué hay detrás de un clérigo o un pastor que abusa de un niño? ¿Qué hay detrás de la acción de un violador? ¿Qué hay detrás de un cónyuge que golpea o maltrata a su esposa? ¿Qué hay detrás de un padre que maltrata a sus hijos? ¿Qué hay detrás de un patrón que agrede y amenaza con la cesantía a sus trabajadores? ¿Qué hay detrás de un empleador que se resiste a mejorar las condiciones laborales de sus empleados pero gasta millones el fin de semana en el casino? ¿Qué hay de distinto en el director o productor de cine o TV que exige favores sexuales como condición para dar trabajo? ¿Qué hay detrás del profesor que hace burla de sus alumnos menos aventajados? ¿Qué hay detrás del matón del curso que hace bullyng de algún compañero?  ¿Qué hay detrás de un grupúsculo juvenil que amenaza con violencia a quienes disienten de sus pretensiones? ¿Qué hay, en fin, detrás de la conducta de un dictador que ordena torturar o aniquilar adversarios?

En buenas cuentas, en estos y muchos otros casos, está la realidad patológica de un individuo que, al sentirse en una situación preponderante (por razones de dinero,  de institucionalidad social o familiar o porque tiene armas alcance de su mano) se cree con el derecho a someter a los demás y a exigirle irracionalmente  formas de comportamiento a las que se ven compelidos por temor.

El juego del abusador es claro. Una vez descubierto, procurará  siempre diluir las situaciones y en tono vociferante amenazará  con querellas a quienes han hecho públicos  sus delitos. Para ello cuenta con  agencias que, por unos cuantos pesos, trabajarán para deslavar las situaciones, sembrar las dudas, hacer sospechar de los intereses que mueven a las víctimas, todo en un afán desesperado de eludir las propias y personales responsabilidades.

Pero, más allá de esa actitud que podría considerarse explicable en un victimario, hay en cada hecho de esta naturaleza una responsabilidad social inescapable. Los propios medios de comunicación social, a través de sus “rostros”, contribuyen a diario a dar a estas conductas reprobables una validación social del abuso de poder. Entre sonrisas y procacidades se contribuye  a normalizar este tipo de agresiones, se descalifica a estas “pobre pájaras” que “a lo mejor” se sintieron acosadas o se ofrecen largas y  ambiguas explicaciones proclamando que jamás se vio nada. ¿No es la misma respuesta que se encuentra cuando se desempolvan los crímenes cometidos en dictadura? En alguna medida, todos somos responsables tal como sucede en la sala de clases en que el maestro guarda silencio frente a un agresor para no hacerse mayores problemas  o en que la inmensa mayoría del curso opta por la sonrisa cómplice frente al compañero matonesco que ha elegido al más vulnerable del curso como su víctima permanente.

No se trata aquí solo de un problema de mujeres. Se trata de los problemas de una sociedad que ha ido tolerando la ley del más fuerte y ha preferido silenciar el atropello y el abuso.

En verdad, nos encontramos en un momento crucial de nuestra vida como comunidad. O,  social, política, cultural y comunicacionalmente,  nos ponemos de pie para erradicar una agresividad que no solo está latente sino que se desparrama día a día por los diversos ámbitos de la vida nacional, o, lo que sería lamentable,  veremos irremediablemente destruidas las posibilidades de una convivencia civilizada.

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

1 Comentario en Editorial: De abusos, acosos y otras menudencias.

  1. Notable, gran artículo.
    Hay que esforzarse por nutrir a la sociedad de un razonamiento mas integral y este artículo lo logra largamente.

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl