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Editorial: ¿No se nos estará olvidando algo?

Equipo La Ventana ciudadana

Periodismo ciudadano.

A dos semanas de la segunda vuelta, el país mira atónito la campaña en que se enfrentan los dos aspirantes al sillón presidencial. Uno y otro, sin lugar a dudas, representan las casi tradicionales alianzas políticas en un debate que, para decirlo claramente, desnuda los niveles paupérrimos a que ha llegado el debate en una nación que otrora se enorgullecía de su alta cultura cívica.

El pasado 19 de noviembre,   los nombres que pasaron al balotaje quedaron con las caras largas pues los resultados los sorprendieron con un bajísimo nivel de respaldo que transformó la soberbia en incertidumbre. A partir de ese día, ambos sectores salieron de compras ofreciendo a los seis actores oficialmente desplazados una variopinta gama de promesas, muchas de las cuales o son contradictorias con lo que se planteaba anteriormente o son abiertamente irrealizables.

Es claro que ambas corrientes significan visiones distintas de la sociedad que corresponden, aunque se trate de ocultarlo, a la defensa de intereses sectoriales más o menos explícitos. La realidad es  así y en una sociedad compleja es bueno, muy bueno, que esta realidad se devele y quede clara a los ojos de los ciudadanos para que cada uno sepa a qué atenerse.

Ninguno de los aspirantes ha ofrecido una visión de país que implique una invitación a un  involucramiento de toda la comunidad nacional en los desafíos que le depara el futuro. Con su particular visión de las cosas, se ofrecen obras públicas por doquier y medidas específicas para beneficiar a grupos de presión que se supone están representados por los candidatos que salieron derrotados,  con el fin preciso de conquistar su adhesión y sus sufragios.

Si realmente se pretende avanzar en una línea de acción que signifique abordar los problemas fundamentales que padece  la sociedad chilena, es imprescindible mirarla como un todo,  entendiendo que las necesidades son muchas y los recursos son limitados;  entendiendo que las urgencias no deben jamás ser priorizadas en función de quienes  más vociferan y se manifiestan en la vía pública sino de quienes precisamente carecen de recursos materiales y mediáticos para dar a conocer su situación; entendiendo que hay demandas de dignidad y subsistencia que deben ser atendidas hoy y demandas de largo plazo que necesitan empezar a resolverse desde ahora porque mañana será demasiado tarde.

Ante todo, debe tenerse presente que hay de por medio un enorme problema instrumental. Frente a un ideologismo neoliberal que se regocija con la imagen de un Estado ausente o subsidiario y que considera nefasta toda intromisión pública incluso para controlar y sancionar los abusos del sector privado,  se ha instalado un ideologismo estatista que cree que todo se soluciona creando más y más ministerios, servicios y organismos, silenciando que, de hecho, una cifra cercana a la mitad de los recursos públicos que por ley se destinan a atender a sectores vulnerables, queda enredada en la maraña burocrática y no llega a las personas que debieran ser sus beneficiarios. El requerimiento de un Estado eficiente es un reclamo que debe ser atendido implementando los mecanismos necesarios para que lo que hay que hacer se haga bien a la primera vez. Esto implica una cultura funcionaria de servicio efectivo  a las personas y a la comunidad que deje de lado el sometimiento a los papeles, a los oficios y a los trámites inútiles. Si el instrumento operativo no está funcionando adecuadamente, inútiles serán los esfuerzos para solucionar los problemas.

Más allá de lo expresado, por supuesto, hay políticas de futuro que deben ser asumidas a partir de este momento si no se quiere que el país quede definitivamente  abajo del carro de la historia. La calidad de la educación y formación que se entrega a niños y jóvenes, la inversión en ciencia y tecnología, la industrialización de recursos básicos como el cobre y el litio, son ejemplos, entre muchos otros,  de tareas que simplemente  no se están haciendo.

Con desazón se observa que quienes quedaron fuera de la segunda vuelta del 17 de diciembre, peregrinan ansiosos al altar de los candidatos para hacerles entrega de sus plegarias y pliegos de peticiones en una procesión bastante ridícula. Bien saben ellos que no son propietarios de los sufragios que recibieron y que,  por lo tanto, mal los pueden negociar. Bien saben los ciudadanos, por su lado, que la sonriente aquiescencia de los desafiantes no necesariamente implica compromiso de cumplimiento.

Si en medio de las acusaciones, injurias y denuestos mutuos, Piñera y Guillier,  o Guillier y Piñera, hicieran público un compromiso para erradicar de la marginalidad y la desesperanza  al millón doscientos mil niños y niñas pobres que hay en Chile, que son atropellados día a día   en su dignidad de seres humanos al recibir una educación parvularia y básica enormemente deficitaria y excluyente, se abriría un espacio para la esperanza de una sociedad más justa e integrada.

Se trata de un problemita que, al parecer, se nos estaba olvidando.

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2 Comentarios en Editorial: ¿No se nos estará olvidando algo?

  1. Me parece que hay más asuntos olvidados en el propio editorial.
    En principio, pienso yo, la disyuntiva no se trata solamente entre “más o menos Estado” para gobernar un país.
    La pregunta básica sería: al servicio de quién cada candidato colocará los recursos del Estado.
    Hace algunas décadas, el pueblo de Chile fue víctima de un sangriento golpe militar, apoyado desde los EE.UU. (administración Nixon Kissinger), hecho reconocido hasta por los propios sectores más democráticos en los EE.UU. Ese golpe fue, en el fondo para hacer desaparecer toda conquista social de la mayoria social e implantar a sangre y fuego el neoliberalismo en Chile y por primera vez en el mundo. Con su “natural” concentración de riquezas para las elites de siempre nacionales y estranjeras.
    Sólo ese hecho ya me dice al servicio de quién el candidato Piñera coloca (ya colocó0 y colocará siempre al Estado chileno.
    Pienso que no se puede ser “neutro” ante tal situación, aunque el candidato Guillier represente riscos de errores, y los sostenedores de su campaña, practiquen lo que siempre se hace en campañas electorales democráticas, o sea, negociar votos y detalles programáticos con posibles apoyadores de otras tiendas poklíticas.
    Piñera también lo hace, hasta con los nazis chilenos. Maniobra natural de cualquier candidato en segunda vuelta de elecciones.

  2. Ante las grandes carencias del país las inversiones deberían ser siempre óptimas, para obtener el mejor resultado con la mínima inversión, sin embargo generalmente se hace todo lo contrario, inversiones ineficientes con proyectos improvisados, defectuosos y a última hora. Típicos son los apuros de fin de año buscando en que “gastar” los recursos presupuestarios asignados a un determinado organismo por que no de ha hecho la tarea de planificar.

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