El desarrollo de la nación debe estar presidido por el respeto al Medio Ambiente.
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El emprendedor en medio de la selva.

Esteban Lobos, analista económico.

El modelo económico implica la afirmación de que eventualmente todo individuo, movido por el afán de lucro, puede emprender una actividad económica. Su  éxito dependerá, sin embargo, no solo de su capacidad y esfuerzo sino fundamentalmente “de las condiciones de mercado”, las que le permitirán acceder a sus proveedores en términos favorables o al menos equitativos; llegar a un público que está interesado en demandar sus productos o servicios; y, tener espaldas suficientes para enfrentar a sus competidores en una batalla que puede ser muy desigual.

La Constitución Política vigente, consagra en su artículo 19, número 21, el derecho de todas las personas “a desarrollar cualquiera actividad económica que no sea contraria a la moral, al orden público o a la seguridad nacional, respetando las normas legales que la regulen”.

Amparadas en ese principio constitucional, diariamente centenares de personas dan vida a emprendimientos de variada naturaleza, de diversos volúmenes y de características muy diferentes. Un buen número de emprendores fracasan en el intento ya sea porque no dimensionaron adecuadamente su proyecto, o porque no analizaron  de forma adecuada el mercado o porque no pudieron resistir la competencia de actores más fuertes que, lícita o ilícitamente, se niegan a ceder los espacios que ellos hasta ahora han ocupado.

Los emprendedores que no han alcanzado el éxito y la consolidación y que han visto frustradas sus iniciativas, son juzgados negativamente por los actores económicos, financieros y sociales. Se les considera incapacitados y se les juzga con recelo. Al contrario, curiosamente, en otros países (tal es el caso de los Estados Unidos), a este actor económico que emprende, fracasa y reemprende, se le reconoce su capacidad de resiliencia y no solo se le enjuicia de forma positiva sino que el sistema le ayuda a reinventarse y a ponerse de pie.

Evidentemente, no tiene sentido pretender analizar los casos de los grandes emprendimientos que, generalmente, están asociados a grandes grupos económicos o a personas de un elevado patrimonio que, o tienen recursos propios o tienen acceso al crédito bancario a tasas altamente favorables.

Sus proyectos son evaluados por expertos prestigiosos, su ejecución es entregada a equipos técnicos de primer nivel y su irrupción en los mercados es suficiente fuerte como para copar un segmento importante de la demanda.

Distinto es el caso de los medianos y pequeños emprendedores. Motivados por ideas que les han entusiasmado, toman la decisión de asumir los riesgos inherentes y se ponen en marcha. Salvo los  casos de profesionales y técnicos  que por sus conocimientos tienen el expertise necesario,  o de personas que proceden de un  campo de negocios determinado en el cual han estado insertas y que, por lo tanto, lo conocen desde adentro, la mayoría de estos noveles actores no se dan el tiempo o carecen de los recursos necesarios para estudiar y evaluar adecuadamente su proyecto. Es posible que su iniciativa logre concretarse pero, al momento de la operación misma, surgirá una serie de problemas que no fueron oportunamente previstos.

Tales, por ejemplo, podrían ser:

  • Un deficiente diseño y una mala evaluación del proyecto, como se señaló.
  • Disposición de recursos limitados para su implementación, lo que le obligará a recurrir a crédito bancario que probablemente se le otorgará a tasas altas dada su condición de deudor considerado riesgoso.
  • Carencia de capital de trabajo, ya que los recursos propios o logrados a través del sistema financiero, han sido ocupados en la inversión inicial, no habiendo disponibilidad para adquisición de insumos  e incluso, en su caso, para pago de remuneraciones.
  • Dificultoso acceso al mercado ya que éste está dominado por las grandes empresas del retail que, en último término, fijarán las condiciones de compra y de pago. Acceder a éstas, implicará comprometer elevados volúmenes, a precios que éstas determinarán unilateralmente y que pueden estar bajo los costos de producción del oferente, para recibir pagos diferidos difíciles de soportar.
  • Para el caso del comercio detallista, deficientes condiciones de compra a fabricantes y proveedores en general, ya que unos y otros trabajan en base a escalas de descuentos por volúmenes a cuyos tramos más altos se le hace imposible acceder al nuevo emprendedor lo que le genera malas condiciones para competir.

El Estado dispone actualmente de servicios públicos que están diseñados para prestar la asesoría técnica indispensable, ya sea directamente o por intermedio de equipos profesionales concesionados. Asimismo, al emprendedor le es posible acceder a “capitales semillas” que contribuirán a hacer viable su iniciativa.

Los riesgos estarán siempre presentes. Una forma de evitarlos o al menos de limitarlos, es a través de la figura jurídica que se elija para emprender ya que con ello se acota la suma de recursos que se pone en juego y se evita comprometer los bienes personales o familiares en un proyecto que puede, eventualmente, no ser exitoso.

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