La pandemia que hoy sufre la humanidad, deja en evidencia la vulnerabilidad y debilidades de la raza humana, esto a pesar de la arrogancia con que los "poderosos" y "dueños del mundo", de la economía y del rumbo al que nos lleva el Neo-liberalismo.
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EL GATOPARDO

El anuncio gubernamental de abrir paso a una Nueva Constitución, pero por la vía de algo denominado “Congreso Constituyente”, me ha recordado la célebre novela de Lampedusa Il Gatopardo, cuando Tancredi le declara a su tío que “si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”. Tancredi muestra una suerte de cinismo pragmático muy notable.

El cinismo en política, llámese “gatopardista “o “lampedusiano”, ese que solo busca alterar las estructuras de poder en la superficie conservando el elemento esencial de esas estructuras, ha sido una práctica permanente de nuestras elites políticas. Tal conducta ha sido producto, aunque no siempre, de un marco constitucional incólume en su esencia a lo largo de los años, que ha permitido a la derecha y a los pragmáticos libremercadistas, mantener inalterado el modelo político y sobre todo económico heredado de la dictadura.

¿Pero, es que viene a cuento el anuncio de Piñera con la historia de Lampedusa? Sin duda y lo demostraré. De partida, resulta irritante endosar la responsabilidad de la elaboración de una Nueva Constitución a un Congreso que, en el ranking de desprestigio de todas nuestras instituciones se lleva el oro. Esto sin duda, pero a mi entender, la razón de fondo para rechazar tal propuesta gubernamental es otra. ¿Qué es lo que persiguen el gobierno y la derecha con esta decisión al parecer definitiva? Simple, el Presidente al habilitar al Congreso-sea este o el siguiente- con la calidad de “Constituyente” y con ello del poder (aparente) para redactar una Nueva Constitución, lo está haciendo para instalar la discusión y los acuerdos en el marco de la actual constitución. Si amigos, la misma que se pretende dar por muerta. Es decir, se pretende someter la elaboración de la Nueva Constitución a los quórum, cerrojos y entresijos paralizantes de la misma constitución que se buscaría cambiar. Pero, además, los artículos controversiales, derecho de propiedad, carácter del Estado, entre otros; podrían sufrir el veto presidencial o lo, que es aún peor, la revisión del Tribunal Constitucional.

Sea entonces claro señor presidente, al entregar usted al Congreso, a éste o al siguiente y da lo mismo; usted lo que está haciendo es solo una Reforma Constitucional, quizá amplia y similar a la efectuada por Ricardo Lagos, pero nada más que una reforma. En caso alguno una Nueva Constitución. Proponer esto al país es un ejercicio más de gatopardismo y de un cinismo político que puede traer muy malas consecuencias porque los millones de chilenas y chilenos que durante casi un mes han salido a la calle para exigir cambios de fondo y no solo demandas sociales, no son tontos. Resulta obvio que si el Presidente desea realmente una Nueva Constitución tendrá que habilitar un espacio libre y ajeno absolutamente a las disposiciones de la actual. Para mí tal espacio es una Asamblea Constituyente elegida por voto popular, absolutamente soberana y depositaria del poder delegado por el pueblo con el único y solo objetivo de elaborar y redactar en una hoja en blanco una Nueva Constitución. La proposición del señor Piñera, que ya ha sido rechazada por la oposición, no es otra cosa que un ejercicio de gatopardismo.

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