El Poder del dinero, no debe ni puede prevalecer ni estar por sobre la ética, los valores ni el bien común.
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El silencio humano II

Yerko Strika

Psicólogo Clínico, Psicoterapeuta.

(Segunda parte en prosa inadmisible).

Caminando  con las vísceras en su lugar, como debe ser, piso un suelo de roca volcánica,  que son como burbujas de piedra bajo mis pies. Huele a libro en el ambiente y en sus hojas sueltas,  que vuelan pájaros de viento, se reconoce una pausa. Un punto y coma donde antes no lo había, correcciones necesarias cuando se repasa lo escrito. Se borra una palabra, se sustituye un sustantivo, se cambia un adjetivo, que para eso hay muchos.

Las hojas, cuando están escritas por lado y lado, pasan a ser dos páginas, como la cara y el sello de una moneda: Nada más azaroso que una moneda al aire y empezar a escribir de uno mismo en el callejear de una tarde de estío.  Aparecen gatas sobre tejados calientes, en  este febrero surrealista  de paso lento para no agitarme. Transpirar estaría mal y caminar por la sombra es mejor. Hay mucho edificio alto que corta los rayos del sol y la acera norte ofrece refugio para el calor. ¿Dije acera norte? Concepción está mal emplazado, los españoles lo dejaron caer sin brújula sobre el Valle de la Mocha, por tanto la vereda norte como tal no existe y soy noreste eterno en su urbanización revuelta.

Ah. Es verdad, la pausa. ¿Cuántos tiempos caben en un silencio?

La casa que mora sus calamidades,   cercana al cerro, está vacía. Parece que hay un cartel que dice En Venta y un número telefónico de cinco dígitos, de esos que ya no existen. Busco un teléfono, de esos que tampoco existen y hago la llamada al lugar azul, que vibra afónico. Aló, se escucha desde otro tiempo; Aló, digo, como para iniciar la conversación, con el auricular pegado a mi oreja, creando un vacío que sella todo lo que tiene que ver con mi oído y el otro lado de la línea. Se oyen sonidos desparramados  y una radio que pasa un programa de otra época. Diga, me insiste una voz interferencia. Y le digo. Le cuento que me siento cómodo en la desaparición de la palabra y que hablar es el arte del vacío; el  diálogo de la mirada; mis manos tomando las suyas y es verdad que es necesario  el surgir del habla, pero que surja como el canto del chucao, que es más bien un tilde atmosférico en el sosiego del bosque. Y del otro lado me responden con una onomatopeya: La casa está y no está  a la venta, me dice en su lenguaje de pájaro, eso depende del día de la semana, llame después, sentencia  con un trino y cuelga el aparato.

De vuelta a casa, me topo con un perro atropellado que exhibe su interior granate por una barriga que explotó a la berma del camino. A nadie parece importarle, pero a mí sí. Las vísceras en su lugar son primordiales, pienso, mientras busco en mi pecho la duración de este largo  silencio, que es signo de quien soy,  y lo escribo de manera que después pueda leerlo, tal vez en mi cabeza, tal vez en voz alta, te lo cuente como si nada, como algo que me pasó hoy, cuando venía rumbo a casa.

  • La primera parte de esta colaboración fue publicada en nuestra edición del lunes 1 de enero de 2018, ver aquí.
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2 Comentarios en El silencio humano II

    • Estimado Juan Luis: Gracias por tus comentarios que son aliciente para seguir escribiendo.

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