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EL VICTIMISMO DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA

El victimismo es una tendencia psicológica, que puede llegar a manifestarse en una conducta patológica como un trastorno paranoide; consiste en una propensión a culpar a otros de los males propios, mediante la queja permanente y el intento de despertar en los demás un sentimiento de culpa. Los que padecen esta patología van de mártires por la vida, sin que sus quejas correspondan necesariamente con la realidad, conllevando incluso en ello una responsabilidad moral. El victimista deforma la realidad, rodeándose de un lamento continuo que lo incapacita para realizar cualquier tipo de autocrítica o reconocimiento de las responsabilidades propias en los males que lo aquejan.

Como ya muchos han señalado en estos días, la mayor derrota de las elecciones municipales fue la gran abstención observada a nivel nacional, que como promedio se situó en el 65%, pero que alcanzó en algunas comunas cifras cercanas al 80%. La desafección que esta abstención manifiesta es un fenómeno preocupante para nuestra democracia y para el futuro de nuestro país. La falta de participación es el triste resultado de una combinación de factores, entre los cuales vale la pena destacar, una frustración con el sistema político, los partidos y los políticos; la falta de cultura cívica de los sectores más jóvenes de nuestra población; y el desinterés en la res pública, exacerbado por una cultura extremadamente individualista que se manifiesta en todos los ámbitos del quehacer nacional.

Frente a esta desafección, lo primero que cabe es que cada uno de los actores asuma su responsabilidad en la crisis. Así como esperamos y exigimos del gobierno un ejercicio de autocrítica, y nos frustramos por la falta del mismo, es absolutamente necesario que los partidos políticos y lo políticos se detengan un momento a analizar como su mal desempeño y distanciamiento de la ciudadanía han contribuido a esta situación, asumiendo con seriedad y responsabilidad las fallas cometidas en estos últimos años.

Si bien este ejercicio es imperativo en todos los partidos políticos, lo es aún más en aquéllos que forman parte de la coalición de gobierno y en especial en los que dicen estar llamados a jugar un rol de liderazgo en el Chile del futuro.

Desde este punto de vista, la Democracia Cristiana no está exenta de esta responsabilidad. Un partido que ha tenido una participación relevante en los acontecimientos políticos de los últimos sesenta años y que reclama para sí un rol trascendente en el desarrollo  futuro del país, no puede adoptar una actitud de victimismo irresponsable, conformándose con apuntar con el dedo al gobierno y a sus socios de coalición, en la esperanza de que esto sea suficiente para capear el chaparrón electoral.

La Democracia Cristiana, esa de RadomiroTomic, Bernardo Leighton, Jaime Castillo, Renán Fuentealba y Andres Aylwin, tiene una responsabilidad mayor con el país, responsabilidad que parte por asumir su cuota de participación en el estado actual de las cosas.

Un partido con déficit de ideas programáticas genuinamente representativas de su base social; con un discurso más demagógico que seriamente propositivo; con falta de una solidez en los temas valóricos que responda propiamente al sentir de sus bases y no a dogmas o a  caprichos de algunos de sus dirigentes; sin un compromiso profundo con la democracia interna que la ciudadanía hoy requiere para la designación de candidatos en los procesos electorales; con miembros del Congreso acusados de legislar en favor de intereses empresariales (como el pesquero); con parlamentarios que en forma directa o a través de sus hijos se ven involucrados en malas prácticas relacionadas con el financiamiento de la política; con dirigentes cuestionados por graves denuncias de violencia intrafamiliar de las que se hace la vista gorda; con príncipes que en reiteradas oportunidades han entrabado iniciativas legislativas arguyendo razones de fondo que más parecen responder a intereses particulares o a la mantención de cuotas de poder y del statu quo; con representantes en las estructuras del gobierno cuyo desempeño es claramente deficitario; no puede seriamente pretender estar exento de responsabilidad en el estado actual de la actividad política en Chile.

Apuntar con el dedo es justamente una de las causas de la desafección. La propensión a culpar a los demás y a negar o deformar la realidad, es una manifestación más de una ceguera política que la ciudadanía no está dispuesta a aceptar. El deber primordial de la Democracia Cristiana en esta crisis no es buscar la culpa en el Gobierno o la Nueva Mayoría; el deber principal de la Democracia Cristiana hoy es hacer un honesto, transparente y profundo ejercicio de reflexión para identificar las conductas propias que han contribuido a que la mayor parte de la ciudadanía no se sienta representada por los políticos y la política y determinar las acciones necesarias para erradicarlas. Y desde esa perspectiva, iniciar un proceso serio para reconstruir el tejido partidario y contribuir activa, lealmente y desde la Nueva Mayoría, a  sacar adelante al gobierno al que pertenece.

Solo una vez que este ejercicio se haya completado, podrá la Democracia Cristiana aspirar seriamente a recuperar el respaldo de sectores de la ciudadanía que hoy, desilusionados de la política y los políticos, se han restado de participar en los procesos electorales.

 

Maroto, Canada.

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1 Comentario en EL VICTIMISMO DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA

  1. Maroto tiene toda la razon; pero las razones que da en su discurso ddben llevarnos a otra conclusion: El sistema politico partidario esta quebrado; los Partidos politicos con su escasa militancia no representan a nadie; no es posible que conglomerados que apenas aparecen nombrados en la Constitucion, a los que el sistema no les
    atribuye ninguna responsabilidad política, que solo
    forman parte de un circulo informal del Poder, aparezcan a diario sentados en la Presidencia , imponiendo programas inviables y designando candidatos que a la postre resultan cumplir con las caracteristicas delesnables que relata Maroto.
    Los tiempos han cambiado tanto que se hace necesario reescribir el Manual de Carreño y el contrato social de Rousseau. Entre tanto,la comunidad organizada a traves de las Organizaciones sociales, debe seleccionar y elegir los representantes del pueblo como independientes, para reconstruir el sistema que seria imposible modificar con los actuales “representantes”

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