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¿Hacia dónde apunta el nuevo Presidente?

El martes 23, el presidente electo Sebastián Piñera dio a conocer el Gabinete ministerial que lo acompañará durante todo su período de gobierno. Tras una  campaña que se encuentra  de hecho entre las más largas de la historia política  (comenzó inmediatamente después de la elección de Bachelet y antes, incluso,  de que asumiera su cargo) y 35 días de reflexión post triunfo, el país quedó bastante sorprendido con la presentación hecha en el viejo edificio del Congreso Nacional.

Al desmenuzar el equipo, surgen algunas observaciones y comentarios ineludibles.

La entrega de la conducción política a su primo y ex senador Andrés Chadwick estaba entre lo absolutamente previsible. Con él había manejado el comando de Apoquindo 3000 y nadie se imaginaba otra designación. Asimismo, más allá de los nombres, los cargos más relevantes del área económica recayeron en destacados   académicos de una clara convicción neoliberal, los que conforman un equipo ideológicamente bien afiatado. Valente, Fontaine, Larroulet (como jefe de asesores del llamado “segundo piso”) bajo el mando incuestionable de Felipe Larraín (que tuvo la habilidad de montar en 2014 su centro opositor Clapes bajo el amparo benevolente de la Pontifica Universidad Católica) conducirán el camino al crecimiento.

En una apreciación más global del Ministerio, es casi obligatorio hacer algunas consideraciones más bien críticas.

El reiterado mensaje del candidato Piñera, en orden a prometer un gobierno amplio, inclusivo, de unidad, lamentablemente ha sido desmentido demasiado pronto por la fuerza de los hechos. Aliados menores, que trabajaron con pasión  en su campaña, como Amplitud y el Partido Regionalista de los Independientes, fueron claramente excluidos sin explicación alguna como si se tratase de personajes desechables. Desde un punto de vista social, la preeminencia del empresariado privado y sus asesores, aunque menor que en el primer gobierno, es muy fuerte y tiene un claro sesgo endogámico que el propio diario mercurial La Segunda se encargó de poner de relieve. Virtualmente la totalidad de los futuros ministros procede de colegios de elite del barrio alto, a los que, como dijo un veterano político, evidentemente “les falta calle”, es decir un acercamiento vital con el duro y complejo mundo de los pobres, con las inequidades, con las realidades existenciales de la exclusión y la marginación. La designación de Alfredo Moreno, presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio,   como responsable del Desarrollo Social, constituye una  apuesta que  busca involucrar a los sectores  más pudientes en una aventura bastante arriesgada que conlleva la necesidad de una respuesta comprometida de parte del gran empresariado. El tiempo dirá si su gestión se encaminará por el camino del asistencialismo paternalista o avanzará por sendas que impliquen reformas estructurales de fondo.

Pese a que se ha criticado la falta de experticia en sus respectivas áreas de varias y varios de los nominados, como también los eventuales conflictos de interés (esta película ya la dieron) dos designaciones han llamado  la atención ya que no obedecen a ninguna lógica.

En Educación, asumirá el abogado y asesor empresarial  Gerardo Varela Alfonso. Con nulo conocimiento específico sobre la materia, con una trayectoria indesmentible como columnista de El Mercurio en defensa de la educación como “bien de consumo” que debe estar al alcance de quienes pueden pagarla, su nominación ha sido considerada como una verdadera provocación hacia el mundo estudiantil. Algunos han considerado que esta sería una “operación maquiavélica” que, fundada en lo que consideran alta popularidad del nuevo mandatario, buscaría precisamente provocar el conflicto, ahora ya,  para lograr el sometimiento de los movimientos sociales durante el resto del período. Si así fuese, se trataría de un juego de alto riesgo que puede desembocar en una crisis bastante inmanejable.

La designación del escritor Roberto Ampuero como Ministro de Relaciones Exteriores, constituye una irresponsabilidad sin nombre. Escritor ameno de novelitas policiales, es evidente que carece de la formación jurídica, política, diplomática, indispensable para una función de esta importancia. Ex comunista, ahora neo liberal de la Fundación para el Progreso de Axel Kaiser, en su curriculum se ha destacado que habla alemán e inglés y que fue embajador por cinco meses en México. Cuando el país enfrenta momentos claves en el proceso que se lleva ante la Corte Internacional de Justicia, no puede ser que toda su visión del mundo contemporáneo no vaya más allá de las críticas a los gobiernos de Cuba y Venezuela y a una vacía expresión en cuanto a que mantendrá una actitud “dialogante” con todos los sectores. Tan grave es el problema que hasta la prensa de derecha más tradicional ha eludido entrevistarlo y de seguro optará en los días próximos por hacerle llegar un cuestionario prefabricado para que sean algunos asesores los encargados de responderlo.

Chadwick ha rechazado las críticas al proyectado Gabinete, hechas “antes de que asuma”. En una democracia, la crítica  política es indispensable para prevenir riesgos que tarde o temprano terminarán comprometiendo al Estado chileno y a la sociedad chilena, más aún cuando quienes, en su momento (por lo demás,  con legítimo derecho), cuestionaron,   anticipadamente,  a Gobiernos que no respondían a su matriz  ideológica.

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