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Antonio Guzman Blanco retratado por Martin Tovar y Tovar

HUMOR Y PODER EN VENEZUELA I

Carlos José Vivas Sanchez

Médico. Especialista en Administración de Hospitales

Humor y poder en Venezuela, un antagonismo de larga data.

Si una cosa ha caracterizado al humorismo, es el enfrentamiento al poder, mediante el uso de la sátira, la ironía, la caricatura y obras de teatro, entre las muchas expresiones que se permiten quienes se dedican a este “peligroso oficio”.

El poeta y humorista Aquiles Nazoa, se refiere al humorismo  como “una manera de hacer pensar a la gente, sin que la gente se dé cuenta que está pensando”

La tradición humorística venezolana es larga y nutrida, con momentos estelares, en épocas políticamente no tan estelares; muchos intelectuales además del humor, terminan ejerciendo la vanguardia frente a los tiranos, de eso hay mucha historia.

Laureano Márquez, en sus presentaciones hace referencia a que durante la presidencia del general Carlos Soublette, a mediados del siglo XIX, Francisco Robreño  presento una obra de teatro llamada  “Excelentísimo señor”,  donde hacían burlas del presidente, este llamó al autor de la obra, quien debió leer el texto ante Soublette, y para su sorpresa el general soltando la risa le dijo “joven, vaya y monte su obra que Venezuela no se ha perdido ni se perderá porque el pueblo se ría de su presidente. Venezuela podrá perderse cuando el presidente se ría de su pueblo”. pero esta es apenas una excepción en la regla del juego entre humorismo y poder.

Del siglo XIX, quedará en la historia como máxima expresión del uso del humor frente a los poderosos, un acto convocado por los estudiantes y que recibió el nombre de “La Delpinada”.

Entre 1870 y 1888, el escenario político es copado por Antonio Guzmán Blanco, quien durante ese tiempo será presidente en tres periodos, con interrupciones, donde seguía teniendo el mando real de la república, sus adulantes lo llaman “El Ilustre Americano”, lo comparan con Bolívar, se manda a hacer estatuas, el ingenio popular ha bautizado dos de sus estatuas con los nombres “El manganzón” y “El saludante”; Guzmán coloca su nombre a cuanta obra, edificación publica o institución que se le ocurra, pretende ser hombre civilizado a la manera francesa y copiar en Caracas los modos y construcciones urbanas como en Paris, ciudad donde llego a establecerse y desde la cual gobernó durante un tiempo.

Antonio Guzman Blanco retratado por Martin Tovar y Tovar

Ante tanto envanecimiento, la sociedad por intermedio de los estudiantes, consiguen una manera de hacer burla del presidente y sus adulantes.

¡Y se celebró La Delpinada!; Francisco Delpino y Lamas, era un modesto vendedor de sombreros en Caracas, que se pretendía poeta, y publicaba sus escritos en La Opinión Nacional, llamado “El chirulí del Guaire” la gente “celebraba” sus poemas con sorna, los estudiantes lo invitaban a recitales y aplaudían sus intervenciones, mientras el humilde señor creyéndose como ciertas aquellas burlas, se sentía como un grande de las letras.

Basta ver el más famoso de sus versos para darse cuenta que lo suyo no era la lírica

Pájaro que vas volando
Posado en tu rama verde
Pasó el cazador matote
más te valiera estar duerme

Francisco Delpino y Lamas

Algunos estudiantes viendo la similitud, entre el envanecimiento de Guzmán Blanco, que presumía de erudito y las actitudes del poeta Delpino, deciden hacer una gran celebración para homenajearlo y darle el título de  “El gran poeta de todos los tiempos”, el acto cultural se escenificó en el  Teatro Caracas, la tarde del 14 de marzo  de 1885. Por supuesto, hubo discursos, aclamaciones, a cada cual más estrambótico y ridículo, y muy pronto el público identifico que las burlas no eran hacia el pobre señor Delpino sino hacia Guzmán Blanco y sus adulantes.

Invitacion a La Delpinada

La parte culminante fue la imposición de una corona de laureles, tan grande que cayó sobre los hombros del homenajeado como un collar.

Entre los organizadores del acto, estuvo Manuel Vicente Romerogarcia, escritor y político que daría inicio en Venezuela al criollismo con su novela “Peonia”

Esta travesura humorística, tuvo gran impacto en la sociedad, la gente perdió el miedo ante la magnitud de la burla y hacia quien iba dirigida, pero sus autores darán con sus huesos en la cárcel por el atrevimiento y el periódico donde fueron publicadas todas las crónicas del acto fue clausurado.

A principios del siglo XX, le toca el turno de ser víctima de burlas a Cipriano Castro, mediante unos actos parecidos a La Delpinada, pero esta vez el homenajeado es un “militar”.

En 1888, llega a Venezuela un comerciante libanés de nombre Alfonso Sacre, y en su actividad, le corresponde recorrer varias partes del país, por supuesto en sus viajes se va a encontrar con personas que han participado en las diferentes guerras civiles que asolaron a Venezuela durante el siglo XIX, escucha sus relatos de las campañas militares, y es así como este hombre comienza a construir narraciones sobre esas batallas, y se va colocando como protagonista en el papel de héroe militar, los estudiantes de la Universidad Central, igualmente detectan en las “hazañas” del mitómano, un parecido con las exaltaciones que le hacen al “Cabito” (apodo de Cipriano Castro por su baja estatura)

Hacia fines de octubre de 1900 se constituyó la “Sociedad de Glorias del General Sacre”, y comienzan a salir en La Linterna Mágica que es un periódico humorístico, publicaciones donde se mofaban de las supuestas grandes victorias militares de Sacre; pero el punto de inflexión ocurre el 22 de febrero de 1901, cuando organizaron un desfile, con 60 coches y 30 jinetes, presidido por el propio Alfonso Sacre, a quien vistieron con uniforme muy parecido al del presidente Castro, tampoco esta vez pudieron los autores burlar la respuesta del gobierno, porque mediante un decreto (9 de marzo de 1901)  24 estudiantes son expulsados de la universidad, con prohibición de ser aceptados en otra casa de estudios, la medida se justificaba en una falsedad, por que se hacía alusión a “repetidos informes respecto de la conducta de varios estudiantes de la Universidad Central de Venezuela quienes frecuentemente cometen actos de indisciplina y verdaderos atentados…”, cuando los compañeros de los presos pidieron explicación al rector Dr. Santos Dominici, este respondió en una carta el 11 de marzo de 1901, desmintiendo que hubiera enviado cualquier reporte, informe o queja sobre la conducta de los estudiantes, por supuesto que las consecuencias de este acto fueron inmediatas y arbitrarias, destitución del rector y cierre de la universidad.

Pocos meses duró cerrada la universidad, hasta el 22 de mayo de 1901, y el 27 de mayo los expulsados pudieron reingresar para culminar sus actividades académicas, ¿bondad del presidente?, de ninguna manera, hubo presión por parte de las fuerzas vivas de la capital, demostrando que las medidas no tenían basamento jurídico, y además los jóvenes provenían de familias que de cierta forma contribuían con el sostenimiento del régimen.

Aun faltaría el tránsito de todo el siglo XX para que los humoristas siguieran demostrando su talento y ansias libertarias, y los gobiernos persiguiéndolos, lo veremos en las próximas entregas.

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