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La felicidad al alcance de la mano

Estos comentarios, como muchos de nuestros lectores ya se habrán dado cuenta, no están dirigidos a economistas especializados ni a grandes expertos en inversiones o en elusión de impuestos, sino al ciudadano común y corriente que procura entender el proceso económico, captar su orientación, percatarse del por qué de ciertas medidas de las autoridades y atisbar a quién o a quiénes favorecen. Por tal razón, tomamos ciertos hechos que nos ayudan a abrir los ojos.

Un caso.

 La revista publicitaria “Vivienda y Decoración”, que circula los días sábados junto a “El Mercurio”, por ejemplo, trae una oferta habitacional inmejorable para “los sin casa”, cuyo único problema radica en su lejanía del barrio alto de la capital. Se trata de departamentos en la costa, Sector Marbella, cuya superficie oscila entre los 300 metros cuadrados para las unidades más modestas y los 500 m2. para los sectores sociales más aspiracionales. Los precios, por su parte, oscilan entre las 25.300 UFs. (710 millones de pesos) y las 42.200 UFs. (más / menos 1.180 millones de pesos). La ventaja adicional de estas mediaguas radica en que para bajar a la playa cuentan con “funicular privado”. Como es de suponer que las 12 familias dueñas de Chile tienen su problema de vivienda ya resuelto (y también el de sus hijos y nietos) la pregunta que nos asalta es la siguiente: ¿Quién compra estos inmuebles? Porque hay que tener claro que ésta no es la única oferta ya que circulan otras más o menos similares. ¿Habrá metido sus narices en este negocio el Servicio de Impuestos Internos que ha carecido hasta ahora de los dientes necesarios para interponer querellas por fraude fiscal? ¿Se habrá percatado de estos hechos el ministro Chadwick porque no vaya a ser cosa que estén involucrados como adquirentes personas vinculadas al blanqueo de dinero proveniente del narcotráfico? No cabe duda que el Supremo Gobierno será implacable en esta materia si es que las cosas no son suficientemente claras. Si todo es limpio y transparente, el país entero debe aplaudir a la Inmobiliaria BNV por su espíritu innovador resumido en su eslogan: “Creando felicidad en primera línea (junto) al mar”.

Otro tema.

Si usted, en Concepción, está interesado en poner bencina a su coche podrá constatar, en calles como Los Carrera o Pedro de Valdivia, que curiosamente todas las estaciones de servicio, ya sean de Shell, Copec o  Petrobras, tienen los mismos precios a público y  modifican sus tarifas a la misma hora, las que vuelven a quedar con precios similares. Un peso más o un peso menos para el cliente es irrelevante. Pero, lo evidente es que, al parecer en este caso,  hay un claro “acuerdo de precios” o  derechamente “colusión”, hecho ante el cual los organismos de velar por la “libre competencia” (que según afirmara el presidente Piñera garantiza a los ciudadanos precios bajos y calidad) permanecen indiferentes. Además, estas mismas empresas están en una campaña destinada a que el cliente prescinda de los servicios de los “bomberos” y se atienda solo (lo que les baja sus costos al suprimir puestos de trabajo) pero implica graves riesgos por los peligros que implica el inadecuado manejo de combustibles o productos inflamables por parte de personas que carecen de la capacitación necesaria. Basta con imaginar el caso de un transporte escolar que pasa a poner combustible y que, de acuerdo a la norma vigente, debe hacer descender a los niños durante ese tiempo.

Tercer tema.

En la semana última, terminó la huelga que afectó a la mayor supermercadista de Chile. Acordada por los afiliados al Sindicato Interempresa Líder de Trabajadores de Walmart Chile, 16.850 trabajadores paralizaron funciones en los locales de la multinacional que controla los formatos Líder, Hiper Líder, Líder Express, A Cuenta y Comercial Mayorista. El conflicto estaba centrado en dos puntos no muy tradicionales: a) Pago de un bono especial “por multifunciones”; b) Pago de un pasaje adicional de locomoción a 5.000 trabajadores por la misma causa. Aparentemente, se trataba de problemas menores para esta gigante del comercio detallista.

Sin embargo, los temores de los trabajadores son fundados. La nueva política de Walmart, implica de hecho que se termina con los “tiempos muertos” dentro de la jornada laboral y, por consiguiente, como ejemplo, una cajera que en una determinada hora no tiene clientes que atender deberá desplazarse a cumplir otras funciones como hacer reposición de mercaderías en los anaqueles. En suma, el aprovechamiento del recurso humano  llevado al máximo en función de aumentar las utilidades del capital. Lo mismo sucede en todo establecimiento que, en aras de la  “modernidad”, incita al cliente a auto – atenderse.

La multifuncionalidad es el primer paso de un proceso que llevará, luego, a la automatización y robotización del trabajo, con la consiguiente pérdida de plazas laborales. Para el obrero o empleado, lo dicho deriva en el temor a la cesantía, en la inestabilidad, y en lo que se ha denominado “una empleabilidad fugaz”, con sus consiguientes secuelas económicas, sociales, familiares, etc. que confluirán en un clima de sumisión laboral. Aunque la gente no lo perciba y admire los avances de esta “modernidad”, todo llevará tarde o temprano a la multiplicación de los trabajos informales u ocasionales y a la imposibilidad de que las personas puedan acceder a sistemas previsionales para enfrentar eventualidades ineludibles como son los problemas de salud o de la vejez.

Como se ha recordado, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) “el trabajo es el medio insustituible a través del cual el ser humano puede evolucionar y validarse socialmente”.

Los sectores dominantes han justificado esta nueva realidad señalando que al mismo tiempo que desaparecen puestos de trabajo, el proceso llevará a la creación de nuevas plazas hoy inimaginables. Pero, eso sucederá, si es que sucede, en el muy largo plazo. Ya se ha planteado que la sustitución del trabajo humano por medios automatizados o robotizados debería pagar un tributo que exprese en justicia el costo social de la pérdida de derecho al trabajo, financiando la vejez en condiciones de dignidad especialmente para los que irán quedando al margen de la regularidad laboral y previsional.

Lo que viene, es alarmante. ¿La reforma laboral impulsada por el actual Gobierno abordará estos temas? ¿O constituye, al contrario, un primer paso en el camino que hemos descrito? Sería hora de que las Centrales sindicales empezaran a preocuparse, seriamente, técnicamente, de los nuevos tiempos que, es obvio, no son tiempos mejores. Parece que el futuro no está en el horizonte sino que está comenzando ahora.

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