La ciudadanía no puede permitir que lleguen al gobierno, los que se coluden contra sus intereses.
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Las consecuencias de la inconsecuencia.

René Fuentealba Prado, abogado.

Dicen que Sócrates dijo que las tres más graves faltas que se pueden encontrar en la vida de los hombres son: la injusticia, el incumplimiento del deber y la contradicción consigo mismo. “La contradicción con uno mismo” es, en buenas cuentas, la inconsecuencia. En la sociedad de la información, lugar en qué prácticamente todo está a la vista, es fácil detectar a este tipo de sujetos como, por ejemplo, políticos que se dan vuelta de carnero de acuerdo a las circunstancias, empresarios que se golpean el pecho al mismo tiempo que defraudan a los consumidores, empleadores que….¿ Para qué  seguir?

Mariana Aylwin Oyarzún, hija del ex presidente Patricio Aylwin, ha llenado las páginas de la prensa tradicional a causa   de su frustrado viaje a Cuba a recibir un galardón  otorgado  a su padre por la disidencia isleña que encabezó el fallecido líder Oswaldo Payá. “El Mercurio” se ha puesto a la cabeza de una fuerte campaña y ha logrado aparentemente que la dirigente DC, de transitorio  paso por el Ministerio de Educación y luego reaparecida en defensa de sociedades educacionales de las que formaba parte, surja ahora como una verdadera líder de tomo y lomo.

Obviamente, no se necesita ser muy avispado para darse cuenta de que, en este caso, se está ante una notoria  carambola, pues, al tiempo que se clama por el respeto a los derechos humanos en el país de los Castro,  en verdad se está disparando en contra de la Nueva Mayoría para evitar que  subsista este pacto que cobija bajo un mismo techo a la  DC y al Partido Comunista  y que obstaculizaría el acceso de la Derecha al poder. Hasta ahí nada nuevo ya que es de sobra sabido que “el diario de Agustín” siempre ha pretendido manejar desde las sombras la política nacional.

Ahora bien, el problema central radica en determinar si la variedad de actores que circula en el ámbito dirigencial chileno tiene o no una convicción y un compromiso a fondo con un sistema democrático y republicano. Ello implica, sin entrar en mayor detalle,  cosas muy simples: gobierno de la mayoría, respeto a la minoría, posibilidad de alternancia en el poder, pleno respeto a los derechos humanos.

El Decano de nuestra prensa, por supuesto, no pasa la prueba de la blancura. Si injerencia directa en el golpe de Estado de 1973, su defensa irrestricta de atropellos a los derechos humanos (recordar caso de “La Segunda”), su no disimulada simpatía para con los regímenes de Hitler y Mussolini, su justificación de la matanza de Santa María de Iquique, son hitos que demuestran que,  por sobre los derechos de las personas,  está la defensa a outrance de un sistema económico  y social.

A la par, pueden encontrarse altos dirigentes de la Unión Demócrata Independiente que no sólo han manifestado su adhesión a regímenes dictatoriales de los cuales incluso formaron parte, sino que insisten majaderamente en defender  violaciones de derechos de las personas justificándolas “por el contexto”.

La Democracia Cristiana,  de buena trayectoria democrática hasta 1973, cometió en su momento  el pecado de justificar el Golpe de ese año para tener luego  un terrible despertar. La Declaración “de los 13” (Leighton, Fuentealba, Huepe, Tomic, Andrés Aylwin, Ruiz-Esquide, Palma, Donoso, entre otros) sirvió sin duda para salvar su honor ante la historia.

Un caso muy particular es el del Partido Comunista. Tras días de meditación concluyó con una lúcida declaración afirmando que  todos los gobiernos tienen el derecho a impedir el ingreso a su país de elementos que amenazan su estabilidad. Hasta ahí, cero problema. La cuestión, sin embargo, es más compleja. El PC chileno ha tenido una sostenida trayectoria de solidaridad y simpatía con regímenes claramente totalitarios tales como el de la Unión Soviética, de Alemania del Este, etc., línea que alcanzó su punto culminante con la carta que su presidente Guillermo Teillier y su encargado de relaciones internacionales Carlos Inzunza,  enviaron a Kim Jong Un, hoy dictador vigente de Corea del Norte, ante el fallecimiento de su padre Kim Jong Il en diciembre de 2011. Naturalmente, la conducta consecuente implicaría otra condolencia ahora ante el sensible asesinato de su hermanastro Kim Jong Nam.

El tema, claramente da para mucho. Es posible que descubramos que diversos valientes luchadores por el respeto y vigencia de los derechos humanos en el país ahora se hagan los desentendidos frente a situaciones graves que se presentan en naciones vecinas.

Pero, lo importante es que declaremos nuestro compromiso con la democracia republicana sin titubeos, sin ambages, sin aceptar que se pretenda alterar su esencia misma aplicándole  ambiguos apellidos. Indudablemente, esta democracia republicana tiene costos y riesgos y uno de ellos, siempre presente, radica en la posibilidad de que los hoy elegidos mañana pierdan el poder. Así,  quienes creen representar a las grandes mayorías sociales y, en particular, ser la voz y rostro de los sectores más vulnerables, deben entender que tienen la obligación de estar trabajando día a día, minuto a minuto, con entrega, honestidad y eficacia para  retener su confianza,  para lo cual es indispensable ser consecuente procurando la más plena coincidencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace.

En último término, la democracia es una forma de vida que impone  compromiso y sacrificios.

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