Quién soy Yo y para qué vivo???, intentar una respuesta a estas interrogantes, nos ayuda a reconocernos...
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LAS COSAS IMPORTANTES.

René Fuentealba Prado.

El preprecandidato presidencial José Miguel Insulza ha dicho que la diferencia fundamental que existe entre él y su contendor Ricardo Lagos, radica en que mientras el ex presidente se preocupa de los temas del futuro el ex ministro se preocupa de los problemas actuales y de las necesidades inmediatas de las personas. En verdad ¿en política existe esa alternativa?

El reconocido analista David Fischman, en uno de sus artículos de opinión, señaló que frecuentemente la vida de cada uno de nosotros se mueve entre los numerosos y abrumadores requerimientos de “lo urgente”, lo que nos lleva a postergar el debido enfrentamiento de “lo importante”. De manera muy práctica, recomendaba hacer una pauta de los problemas urgentes de forma de racionalizarlos e ir viendo cómo y cuándo los vamos abordando, para así tener la mente clara y despejada para asumir los temas fundamentales  de nuestra existencia.

Esta misma situación se hace presente en el complejo campo de la política.

Es obvio, que los gobiernos deben ocuparse de los problemas de gestión, de hacer que los instituciones funcionen, de lograr que el aparataje del Estado dé respuestas prontas, eficientes y eficaces a las demandas de las personas. En este terreno, es imprescindible que el gobernante tenga la autoridad moral y la autoridad  política suficientes como para hacer posible que las burocracias públicas comprendan que son servidores  y no núcleos endogámicos preocupados de satisfacer sus propios intereses sin que les importen las consecuencias que  sus actitudes y decisiones puedan tener en las vivencias individuales y sociales particularmente de los grupos más aislados y vulnerables.

Si se juzga la administración Bachelet  desde esta perspectiva, la calificación, para decirlo suavemente, es deficiente. A pesar de que la Presidenta alcanzó el poder con un enorme apoyo ciudadano, sus déficits de gestión son evidentes. La oposición política de derecha, la crisis del cobre, la animadversión empresarial, no son suficientes para explicar la situación actual. Inexpertos equipos ministeriales, carentes de racionalidad y de capacidad de convicción aun frente a sus propios partidarios, han terminado por minar las confianzas. El manejo de la reforma educacional es el ejemplo más preclaro que se puede exhibir. Salvo, en materia de implementación de la matriz energética nacional y en el abordaje de las políticas del cobre (no asumidas hasta ahora,   por ninguno de sus antecesores) , son pocas las áreas que pueden destacarse.

Por otro lado, todo Gobierno que pretenda tener una significación real en la historia del país, requiere tener un “relato”, lo que implica una visión de futuro acerca del tipo de sociedad que se quiere alcanzar. No debe olvidarse a este respecto que el propio mandato de Piñera fue criticado por sus partidarios precisamente por su carencia de una perspectiva de país. Puede ser que esa perspectiva se haya tenido pero jamás fue explicitada por la sencilla razón de que no se correspondía con las aspiraciones de las grandes mayorías. Un país privatizado, en que la razón de ser radica en el consumo, en que los grandes poderes económicos y financieros conducen la política y en que tienden a confundir sus apetitos con los intereses nacionales, claramente no es lo que la gente quiere. No puede olvidarse el rechazo generalizado que el entonces mandatario tuvo cuando afirmó que “la educación era un bien de consumo”. El gobierno de Bachelet tuvo un relato, dio a entender que era capaz de interpretar lo que los ciudadanos percibían, pero no tuvo capacidad de pasar del eslogan y la consigna, a la implementación.

Los tiempos que se avecinan van a ser trascendentes. Por ahora, el país dispone  de una veintena de ciudadanos disponibles para asumir el mando de la nación, lo que no es poco. Algún día,  la patria les agradecerá su sacrificio. El problema, por lo que se ve hasta ahora, radica en que sus nombres responden simplemente a los puntos que marcan en las encuestas, a la simpatía o antipatía conque se les mira, a las columnas que les dedican los medios tradicionales de comunicación (de más está decir que cada uno tiene su corazoncito) para apoyarlos o atacarlos, a la audacia con la cual se lanzan en aventuras personales sin destino.

En reiteradas oportunidades, hemos señalado que la democracia no se expresa en la simple acción de depositar un papelito en un cajón cada cuatro años, sino en la capacidad  que tiene la sociedad toda de asumir sus propias responsabilidades dentro del marco del régimen político. Conveniente sería que, durante el primer semestre del vecino año 2017, las organizaciones que constituyen la savia vital de la  sociedad (pedírselo a los partidos políticos sería como mucho), exigieran una serie de respuestas que  no pueden seguir siendo evadidas. ¿Cuál es el tipo de sociedad que queremos? En su eventual gobierno ¿con qué criterios se abordarán problemas importantes del país, tales como  educación en todos sus niveles, salud pública, sistema de pensiones, regionalización, desertificación y medio ambiente, etc. etc.?

El tema da para largo. La sonrisa de los postulantes no basta. El país reclama compromisos concretos que sean viables y exigibles.

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