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Las nominadas a los Premios Óscar 2018

DUNKERQUE

Dunkerque (2017) es considerada uno de los mejores trabajos del director Christopher Nolan. Ciertamente, es ambiciosa, quizá la más ambiciosa de su filmografía, y el logro técnico es impresionante. Es por esta razón que la mayoría de los críticos han dicho que el visionado del filme es <<envolvente>>. Pero cualquier buena película te involucra en su historia, sin importar su factura visceral; por lo que llamar envolvente a Dunkerque es igual a decir que es una película. Es una declaración redundante, al igual que muchos elementos de esta cinta; Nolan quiere sumergirnos en su historia, y ésta me causó varios problemas. Para empezar, cuenta con tres perspectivas narrativas, cada una con su propio tiempo (el tema de Nolan) y geografía.

LA TIERRA

Es 1940. Tommy (Fionn Whitehead), un soldado británico cuyo nombre no conocemos hasta mucho después, corre por las calles de la ciudad francesa del título; está siendo perseguido los nazis. Logra salvarse, temporalmente, llegando a la playa, donde hay tanto soldados británicos y franceses, asediados por nazis que han ocupado la ciudad. Están esperando un eventual rescate.

No conocemos el nombre de Tommy porque casi nunca habla. La película no posee mucho diálogo. Los que toman lugar en la playa son expositivos, repiten clichés de cintas bélicas de la época con un giro contemporáneo, y no están al servicio del desarrollo de los personajes. La frugalidad de las palabras podría tener sentido, pude haberla creído, pero en lugar de ser parte integral del relato, es una artificialidad.

Caí en la cuenta de aquello con una escena en que los soldados están siendo bombardeados en la playa. Tommy está en un extremo de la playa, y el resto de los soldados, corriendo despavoridos alrededor, son asesinados envueltos en nubes de arena que levantan las explosiones, en una hilera de muerte que se dirige hacia Tommy. Él se agacha y cubre su cabeza con sus manos, en un intento absurdo por protegerse, pero lo que opera es su instinto de supervivencia. Justo cuando llega su turno de fenecer según el ataque, las bombas cesan, y Tommy vive.

Esto es muy forzado. Escuchéa un público incrédulo a mi alrededor el día del estreno. Nolan quiere posicionar en nuestra imaginación al personaje como <<el elegido>>. Está bien que el cineasta quiera ser poético, aunque no me lo peda explicar; pero esto debe ser ejecutado con sutileza, no casi con realismo mágico. Ningún director ha concebido un filme tan afincado en la realidad de la guerra y, al mismo tiempo, querido crear símbolos propios del heroísmo. Pero le sale burdo, sobre todo porque el muchacho no tiene nada de especial.

El estilo visual también es afectado, pero en las imágenes aisladas Dunkerque es más persuasiva. El director de fotografía Hoyte van Hoytema consigue unos cerúleos y celestes que homogeneizan el cielo y el mar en los cuadros, de una geometría impresionante en el diseño de producción, confiriéndole a las imágenes una profundidad de campo reminiscente a Kubrick.

Sin embargo, el montaje es forzado, debido, por supuesto, a que es fiel al guion. Hay una escena en que el Comandante Bolton (Kenneth Branagh) contempla el horizonte mientras se acercan aeroplanos nazis, y la cámara permanece en su rostro atónito, pero el plano es demasiado largo. Nolan nos está presionando para que nos aflijamos por lo que están atravesando los personajes, expresando en este plano la claustrofobia que el ejército británico sentía incluso en un espacio abierto como una playa. El director pudo haberlo expresado de una forma menos artificial.

EL MAR

El marinero Dawson (Mark Rylance) one en marcha su bote junto a su hijo y a un amigo de éste en dirección al puerto francés. Esta parte del relato no cuenta con la artificialidad de la playa. Los personajes emergen como seres humanos; no pronuncian monólogos poéticos, ya que eso no sería realista (y hasta ahora la cinta no quiere ser sentimental); y pese a que durante el trayecto sucedan un par de coincidencias, son verosímiles, pues no tienen adjuntas cargas simbólicas.

En sí, las escenas en el mar evocan el sentimiento idealista de la literatura de aventuras, quizá por la presencia de personajes muy jóvenes en el bote, y el sentimiento provee un sano equilibrio con la agonía sintética de la playa. Si las escenas en el mar constituyeran una sola película, sería sólida, aún más que la totalidad de Dunkerque.

EL AIRE

Dos pilotos de la RAF (Jack Lawson y Tom Hardy) atacan aeroplanos nazis en el cielo, mientras los botes ingleses apremian la marcha para evacuar a los soldados. Estas son las escenas más emocionantes del filme. La fotografía aquí es asombrosa y el montaje, intenso; y los personajes se desarrollan según las circunstancias verosímiles. No hay un heroísmo falso inoculado al público. Esta parte funciona con la fluidez y realismo que Nolan se equivocó en manipular demasiado en la playa.

Por lo tanto, aquí las actuaciones son excelentes, pues transmiten de forma desgarradora el sacrificio que los pilotos están dispuestos a hacer por salvar a los soldados. Y Nolan corre un riesgo con éxito: los actores deben tener sus caras semicubiertas (sólo se les ven los ojos) debido a necesidades del vestuario. No obstante, pude reconocer a Hardy sin saber que él formaba parte del elenco, tal vez no todos lo hagan, pero si piensas que esto no sería satisfactorio, aquí esto funciona en términos dramáticos.

Sin embargo, como hay diferentes tiempos narrativos, que se van uniendo hacia el final donde todo sucede simultáneamente, mientras ves la película estás consciente de la estructura del filme, no de la historia, lo que no pasaría si fuera una narración lineal. Lo que empieza como una innovación dramática de Nolan, se vuelve monótono debido a la manipulación del guion, que nos desconecta de los personajes y las emociones, y del espectáculo, el cual se siente fragmentado.

Cuando Dunkerque se torna intensa, uno quiere comprometerse con ella, mas el montaje bascula entre el pasado y el futuro, todo dentro del arduo proceso de evacuación, y te quedas admirando la proeza técnica, los colores, la puesta en escena. Y no creo que ese era el propósito. Para un relato que busca ser inspirador y conmovernos en sus momentos finales, uno sale del cine sólo con ideas sobre la muerte, la sobrevivencia y el heroísmo, que nunca se traducen también a sentimientos. No hay catarsis, porque Dunkerque insitió en devolverme a mi butaca, en lugar de involucrarme en su historia.

¿Y qué era ese tictac del reloj a lo largo del metraje? El diseño sonoro es exquisito, complejo, mas Nolan vuelve a hacer un uso desmedido de la música de Hans Zimmer. Es prescindible durante gran parte del filme. Y el tictac es una redundancia de la tensión que, en momentos individuales, se logra con maestría. La película tiene que ganarse el suspenso, no reiterarlo como si no estuviera ahí.

Éste es un gran espectáculo y de nobles intenciones, pero no sentí nada por él: Nolan quiso satisfacer su estilo complicado-sin-necesidad de narrar, y abrumó a Dunkerque, que es plana y muy azul, como el horizonte visto desde la playa.

8 nominaciones, incluyendo Mejor Película y Mejor Dirección (Nolan).

POR ESO LO LLAMAN AMOR

Kumail Nanjiani y Emily V. Gordon se enamoraron en extrañas circunstancias. Habían salido un par de veces, pero cuando ella entró en un coma debido a una enfermedad desconocida, él la visita en el hospital, comparte con sus padres, y reestructura su vida en torno al amor que crece dentro de él.

Suena como el cuento de La bella durmiente pero contemporáneo, y dirigido a nosotros los millennials. Es decir, Por eso lo llaman amor (2017), basada en estos insólitos amantes de la vida real, también autores del guion, es una comedia romántica producida por Judd Apatow. Tiene el humor grosero que caracteriza su obra, sin embargo, éste no es copioso ni elaborado. El humor surge de la cotidianeidad de los personajes, es honesto, y además de chocarnos, tiene el curioso efecto de enternecernos, pues nos vemos en estos personajes con ojos alegres.

Nanjiani protagoniza la película como, eh, él mismo. La película empieza cuando está probando suerte en un club de stand-up comedy y es visto por Emily Gardner (una luminosa Zoe Kazan). Tienen su primera cita esa misma noche y emprenden una relación normal para ella, mas no para él. Kumail es de ascendencia pakistaní, y su familia observa las tradiciones de su cultura, lo que significa que Kumail tiene que contraer matrimonio con una mujer pakistaní, debe conocerla en citas concertadas por los padres de ambos y en presencia de éstos. Naturalmente, Kumail le esconde su verdad a Emily.

Bueno, no es natural, es una ironía. Mas cuando Emily se entera, recién entonces Kumail es capaz de esclarecer sus sentimientos por ella. Y ella entra en coma.

Los padres de Emily son interpretados por Ray Romano en un papel que es una revelación para él, y en una siempre excelente Holly Hunter. El matrimonio Gardner está pasando por una crisis, y esto refleja la relación de Emily y Kumail, quien aprende a amar a una mujer dormida con la generosidad y la devoción del verdadero amor.

El filme es efectivo en risas, que nunca se agotan, gracias a diálogos ingeniosos y a personajes en constante desarrollo. También tiene momentos dulces, algunos muy conmovedores, haciendo que la visión del amor de la película no sea idealista, sino posible, pues esta relación no es perfecta, y en esto radica mucho de su belleza.

La cultura pakistaní es representada con realismo. Las tradiciones no están ahí para que nos riamos gratuitamente. La risa nace de las emociones conflictivas de los personajes y no de sus códigos sociales. Los padres de Kumail son seres de carne y hueso, no caricaturas, que quieren lo mejor para su hijo, dentro de sus creencias y limitaciones, y el proceso de adaptación de ellos tres a la vida en occidente es tan vital para la historia, como la adaptación de Kumail a amar de verdad.

No obstante, Por eso lo llaman amor se siente larga. Las escenas finales pudieron haber sido resumidas, puesto que la película termina después de haber hecho su punto. Creo que la sensibilidad televisiva de los guionistas está desplegada aquí; las escenas finales funcionarían bien en una serie, puesto que no molestarían en una estructura extensa dividida en capítulos.

Por eso lo llaman amor es encantadora y sincera, y restaura con bastante holgura la sed de historias románticas en el cine en la actualidad. Además, las exhibiciones cuentan con subtítulos chilenos, mucho más fieles al lenguaje de los personajes y a la comedia.

1 nominación: Mejor Guion Original.

UN JEFE EN PAÑALES

Cuando nace un bebé, toda la atención y el cariño recaen en él. Si hay un hermano mayor, puede sentirse desplazado, y puede percibir cómo los adultos a su alrededor, en especial sus padres, parecieran ceder a cada necesidad del infante. Bueno, es un bebé, tienen que hacerlo, no es como que tengan más opciones.

Un jefe en pañales (2017) juega con esta premisa de una manera original: el hermanito de Tim llega a su casa en taxi, vestido de terno y con una maleta de ejecutivo. Sus padres le hacen caso en todo. Este es el <<jefe>> del título. El bebé-jefe puede hablar también, su voz es ronca como la de un adulto, mas sólo demuestra su habilidad para hablar cuando está a solas con su hermano.

Alec Baldwin provee la voz del bebé-jefe en la versión original de Un jefe en pañales, y su trabajo es tan bueno que es la única razón para ver la película.

El diseño de la animación presenta ideas novedosas y simpáticas en cuanto al mundo de los bebés, esto es, el lugar donde son creados en pequeños ejecutivos. El <<mundo real>>, esto es, la casa de los padres del bebé-jefe y lo que la rodea, es de un estilo que recuerda los cortos animados de la década de los 50. Los espacios, objetos y personajes tienen un diseño redondo, pulcro y de colores vivos y una iluminación suave. La película evoca el idealismo familiar de esa década y lo satiriza.

Pero ¿para qué?

Una vez que entendemos la dinámica de los hermanos, Un jefe en pañales no hace más que se repetirse a sí misma. Se supone que es una comedia, pero la idea de que los bebés pueden comunicarse entre sí y son más listos que los adultos que los cuidan, es anticuada y ha sido hecha mejor antes. Algunos chistes funcionan, pero el filme está tan debajo de sus propias expectativas, que la mayoría, simplemente, no resultan.

Lo que es una lástima para el gran talento vocal y la bella animación que tiene. Además, hay una trama de una <<guerra>>, donde los bebés buscan impedir que los adultos decidan dejar de tener hijos por su preferencia por tener perros de mascota.

La absurdidad no es un problema. Sí lo es que sea ejecutada de una manera tan floja y carente de ingenio, que el mensaje emotivo de la hermandad disminuye en importancia hasta perderse.

1 nominación: Mejor Largometraje Animado.

OLÉ, EL VIAJE DE FERDINAND

El cuento de Ferdinando (1936) es un libro clásico escrito por Munro Leaf e ilustrado por Robert Lawson. Nunca había oído de su existencia hasta que supe de Olé, el viaje de Ferdinand (2017), filme de animación basado en el libro; por lo que debo suponer que era, al menos, un clásico en EE.UU.

En la película, Ferdinand es un pequeño toro de color negro que es amedrentado por los demás toros del rancho, puesto que él es pacífico, le gustan las rosas, y no le gusta entrenar para peleas de toro. Al crecer, Ferdinand se vuelve el más grande y fuerte de todos, mas insiste en no pelear con un matador y trata de convencer a sus amigos de que la violencia no es positiva, y que se vayan a vivir todos a la granja de su mejor amiga, una niña llamada Nina.

Olé cuenta con una animación deslumbrante en diseño de personajes y paleta de colores, y la escenografía en CG permite que escenas que a simple vista parecieran bien simples, den paso a elaboradas secuencias de acción y humor de lo más satisfactorias y creativas.

Ésta es una película que a veces trata de abarcar más de lo que necesita. Por ejemplo, cuando los toros no suelen estar a la altura de las exigencias de un matador, son enviados a un matadero en una colina cercana para hacerlos carne. Olé se opone a todo tipo de violencia animal, y utiliza por una parte la tauromaquia para comunicar, efectivamente, su mensaje.

El humor a veces puede ser un problema. Los personajes se vinculan de tal forma, que el filme no puede evitar las exuberantes escenas cómicas, hilarantes y que ocupan bastante tiempo del metraje. Aunque el relleno funcione, nos distrae de la moraleja central, la cual ya es de un contenido más o menos pesado, impidiendo que el viaje de este atípico toro emerja como un relato puro y reduciendo un poco su impacto en el público más pequeño.

Pero sigue siendo un deleite visual y emocional. Es una historia encantadora, con un buen corazón y un sólido sentido del entretenimiento.

1 nominación: Mejor Largometraje Animado.

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