«Cuando los dirigentes hablan de paz, el pueblo sabe que se avecina la guerra»

Bertold Brecht

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LO PROFUNDO Y SERIO

Miguel Ángel San Martín

Periodista. Especial para La Ventana Ciudadana, desde Madrid, España.

Me llama la atención el escaso nivel político que estamos viendo en las declaraciones y actuaciones de algunos personajes de relevancia en nuestro país. Chile se merece mucho más.

          En la actual coyuntura político-social que vivimos, nuestra sociedad necesita que quienes tienen capacidad de decidir, muestren un nivel político importante, con iniciativas generalistas, ilusionantes y que abran las compuertas para realizar el cambio profundo que se necesita para avanzar en justicia, equidad, sin corrupción y sin abusos. Esos elementos que provocaron el llamado “estallido social”, deben ser borrados de nuestro acontecer cotidiano y construir un camino que de soluciones a los problemas planteados por la inmensa mayoría de chilenos.

          Se hace imprescindible que, en consecuencia, quienes han recibido democráticamente la confianza de los ciudadanos, estén a la altura de las circunstancias y propongan las soluciones necesarias para avanzar. Se necesita ingenio, consecuencia y ecuanimidad para ir construyendo ese camino que nos conduzca al desarrollo, al progreso y al crecimiento.

          Tenemos elementos importantes en marcha. Por ejemplo, la Convención Constitucional es uno de ellos que está sentando un precedente histórico, porque hemos sido capaces de elegir, democrática y muy mayoritariamente, a un grupo de personas cuya misión noble y soberana es la de elaborar una Constitución para un nuevo Chile. Este simple hecho ha provocado la admiración en el mundo entero, porque nuestra ciudadanía ha tenido la valentía de abrir una vía diferente para elaborar una Carta Magna para todos. Y ese es un hecho fundamental y trascendente.

          No es de recibo que, antes de haberse constituido esta Convención Constitucional, se haya iniciado una campaña destinada a desprestigiar a quienes elegimos –reitero, democrática y muy masivamente-, deslegitimar su trabajo y, lo que es peor, el valor de un documento que aún no ha sido terminado de hacer.  Y esa campaña se ha basado en difamación, en falsas informaciones, creando un ambiente hostil y de temor en la población.

          Las grandes mayorías nacionales se han manifestado contundentemente por esta vía de solución de los enormes problemas que aquejan al país.   Las minorías deben respetar esa decisión popular y, si existe una crítica argumentada, debe ser propuesta en la forma adecuada, positiva, que enriquezca el diálogo que signifique mejorar y enriquecer el documento final. Por su parte, las grandes mayorías deben también respetar a esas minorías y ser consecuentes con la búsqueda de la ecuanimidad que Chile necesita. La nueva Constitución es el marco jurídico que nos debe cobijar a todos por igual, es el techo de la casa común que nos alberga, es el referente ético destinado a que la tolerancia y el respeto mutuo nos permita una convivencia social en paz.

          Para alcanzar aquellos valores que nos devuelvan la esperanza en un futuro mejor, necesitamos que quienes nos dirijan alcancen los liderazgos basados en el conocimiento, en el sentido común, en  la credibilidad por su consecuencia y por su capacidad de comprensión de las reales necesidades de nuestra gente.

          Chile no necesita gritos destemplados ni amenazas que provocan temor. Lo oportuno es el diálogo amplio, la búsqueda generosa e inteligente de los consensos que nos permitan construir, entre todos, ese techo amplio de la casa común que nos cobija. Eso es lo profundo y serio.

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