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Los incendios forestales de interfaz. Las catástrofes que se nos vienen.

De los aproximadamente 7 mil incendios forestales que Chile sufre todos los años, la mitad se produce fuera de los bosques: en las zonas llamadas de interfaz. Esa área es aquella que se encuentra entre las ciudades o centros poblados y los ecosistemas forestales, sean estos naturales (bosques, matorrales, pastos) o plantados (pinos, eucalyptus u otros). Es muy importante dejar en claro que estas áreas son zonas muy heterogéneas, que se forman generalmente por el avance de las ciudades (loteos, tomas, parcelaciones etc..) hacia la periferia. En esas zonas hay vegetación anual como pastos o arbustos bajos, cuando no se han usado por mucho tiempo como basurales faltos, los habitantes que la circundan, de servicios de aseo adecuados.

En nuestro país, en un 99% de las veces son las personas, ya sea por negligencia o intencionadamente, las que comienzan los incendios forestales. Las condiciones de temperatura, humedad relativa y viento son las condiciones por las cuales estos son más o menos catastróficos, pero al tratarse de zonas de interfaz la propagación adopta rápidamente características de estructural, es decir consume inmuebles aledaños, tal como lo vimos en Valparaíso en 2014 y en 2017, hace pocos días. En la interfaz de las ciudades las personas provocan, anualmente, el 50% de los incendios mal llamados forestales.

Cuando se quema vegetación hay mecanismos de recuperación. Si son plantaciones casi siempre hay seguros que permiten plantar nuevamente. Cuando se trata de vegetación nativa apenas producido el incendio el ecosistema comienza a recuperarse. En muchas ocasiones un observador inadvertido que vea el paisaje 2 o 3 años después de un incendio forestal en bosques o matorrales nativos no notará rastros porque el ecosistema simplemente cicatrizó. No hay ninguna duda que los incendios de interfaz son las catástrofes que se nos vienen como sociedad. Una sola casa quemada constituye un drama familiar irrecuperable.

Es preciso aclarar que la CONAF posee calidad mundial en combate de incendios forestales y de los 80 mil millones de pesos anuales que el Estado le asigna, usa el 50% en sus programas ligados a incendios forestales. En sus más de 40 años de historia ha desarrollado una enorme expertise en combate de incendios forestales y, desde hace 3 años se ha concentrado fuertemente en la prevención de los mismos. En efecto, los incendios de interfaz se previenen ya que su combate casi siempre corresponde a los bomberos. Esto porque en zonas urbanas es peligroso y técnicamente desaconsejable hacer lanzamientos aéreos, por ejemplo, tal como los atribulados pobladores y alcaldes siempre demandan. O, la típica construcción de fajas en áreas de interfaz no tiene sentido técnico.

Para desarrollar efectivamente la prevención de los incendios de interfaz se debe trabajar arduamente durante todo el año. Pero, si bien los equipos técnicos de la CONAF saben cómo hacerlo ya que a partir de modelos norteamericanos de intervención (Firewise)  han desarrollado técnicas propias como la de Comunidad Protegida, hay un cúmulo de otros actores que se debieran alinear para que esto resulte. Allí tenemos un enorme problema como país.  Así, la coordinación de todas las instituciones que están llamadas a prevenir los incendios de interfaz no solo es difícil, sino que no siempre todos entienden que deben ser parte de la solución.  Los Municipios tienen una larga lista de obras en las cuales invertir sus escuálidos recursos y en estos temas tan nuevos nunca lo han hecho; los Bomberos dicen que ellos apagan los incendios que en ese momento los llamen; la ONEMI que coordina recursos para catástrofes y si no hay incendios no hay catástrofes; los pobladores están muy ocupados sobreviviendo como para encargarse de estos temas ¡Es rol del Estado protegerlos¡

Por otro lado, el país está acostumbrado a ver año a año a rostros de la TV llamando a detener los incendios forestales y esto, aunque nadie ha demostrado que por muy espectacular que sea una lectora de noticias haya disuadido a alguien cuando se dispone a quemar un foco de roedores que está cerca de su casa, o a un niño sin otra forma de distracción que encender focos para ver llegar los helicópteros e imaginarse que está en una guerra. La realidad de la interfaz tiene menos glamur que la rubia presentadora de TV.  Habla de falta de servicios, de precariedad, de marginalidad, de falta de urbanización y saneamiento, de ocio estival infantil.

Invertir en prevención de incendios puede ser un muy buen negocio. En efecto según diversas fuentes internacionales por cada dólar que se invierte bien en prevención se podría ahorrar hasta 99 dólares en combate de incendios. Entonces ¿Por qué no se hace? ¿Por qué la CONAF no invierte la mitad de esos 40 mil millones de pesos anuales en prevención de incendios de interfaz?

Le respuesta podría ser que por el terrible peso de su historia. Es decir que esta agencia especializada del Estado chileno que posee categoría mundial está totalmente enfocada en apagar incendios ¡no en evitar que se produzcan¡ Y, esto no es un pecado ya que debe mantener los aviones y helicópteros que posee y de la cual casi todos los chilenos están muy orgullosos; tiene que mantener la infraestructura nacional de brigadas que albergan a no menos de 5 mil personas todos los años; los debe contratar para que apaguen los incendios forestales es decir el otro 50% que no son de interfaz; les debe pagar horas extras cuando estos incendios son en horarios poco convenientes;  en fin, el presupuesto de CONAF está muy bien gastado y completamente calzado, cuando se trata de apagar incendios forestales.

El problema es que los incendios de interfaz no tienen glamur. No son épicos. Los caballeros del fuego allí no tienen nada que hacer. Es comprensible.  Definitivamente no es sexy coordinar con los Municipios la extracción de basuras desde las quebradas de Valparaíso o de Tomé; o hacer cortafuegos en Mulchén, o relacionarse con la comunidad de Agüita de la Perdiz en Concepción para que su comité de emergencias vigile los posibles focos de incendio, etc..

Prevenir incendios de interfaz ya no es un spot de televisión; o la repartición de cartillas que nadie lee; o las fotos en los peajes de autoridades que creen que eso es terreno; o el hermoso Coipo Forestín que hace lo que puede y apela al imaginario chilensis para que lo protejan; incluso ya no es el cartel llamando a la prevención de la propia CONAF de la CORMA u otro. La prevención de incendios de interfaz como los que ya se produjeron en Valparaíso o como los que se pueden producir en Chillán, Talca, Lota u otras conurbaciones, es de más en más meter los pies al barro. Y esto porque la prevención se hace sobre todo en invierno.

En efecto, la llamada silvicultura preventiva en zonas de interfaz es una actividad que debe ser enfrentada a nivel nacional. Esto se trata que ni más ni menos, la sociedad se organice en torno a la prevención: controlando la vegetación que sirve de mecha para los incendios de verano; controlando los microbasurales y enviando el camión de la basura de manera sistemática; organizando a la comunidad para que esté atenta al inicio de los focos dotándola de tecnología al servicio de la prevención; incluir en las estructuras Municipales la unidad de prevención de incendios de interfaz e incluyendo los planes de prevención en sus ordenanzas; incluyendo en los programas educativos el cuidado de los ecosistemas. En pocas palabras, la prevención de los desastrosos incendios de interfaz que se nos vendrán, se hará construyendo un ciudadano nuevo es decir colaborador; con un Municipio consciente que la prevención significa proteger su propio territorio; y, con un Servicio Forestal del Estado de Chile convertido en servicio público con presupuesto especialmente asignado a tales efectos que no sucumba ante las ingentes necesidades del combate de los otros incendios forestales.

 

Jorge Morales Gamboni
jmorales.gamboni@gmail.com

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