Quienes postulan al crecimiento económico sin restricción, sin respetar el Medio Ambiente... Desprecian la vida!!!.
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Los mismos ojos…. Otra mirada.

Esteban Lobos, analista económico.

El capitalismo sostiene que la totalidad de la actividad productiva debe estar  en manos de los “privados”. El rol del Estado, de acuerdo a esta ideología económica, debiera quedar circunscrito a los sectores que la iniciativa privada no quiere o no puede asumir. Los críticos del sistema  asignan al Estado un rol más importante,  ya sea  porque éste asuma directamente la propiedad y gestión de sectores claves o estratégicos o, como pretenden los “socialismo reales”, porque concentra en sus manos todo cuanto implica producir y distribuir. ¿Es posible otra mirada?

En la economía capitalista se presenta una clara confrontación entre los dueños del capital y los trabajadores. Mientras los primeros tienen la iniciativa, aportan los recursos y corren los riesgos, los trabajadores son vistos como un factor de la producción cuya “fuerza de trabajo” es comprada al menor precio posible para maximizar las utilidades del empresario y favorecer la acumulación y el desarrollo capitalista. El cuadro descrito no es sustancialmente diferente en el caso de los socialismos reales salvo en cuanto las utilidades van hacia el Estado y no son indispensables para el crecimiento económico ya que incluso pueden minimizarse en beneficio de la población, razón por la que frecuentemente son  calificados como “capitalismo de Estado”.

En los dos casos descritos, la esencia de las relaciones entre el empresario y el trabajador es la misma. El trabajo humano no forma parte de la unidad productiva sino que es algo que se compra,  lo cual genera un ambiente, abierto o larvado,  de conflictividad y una profunda deshumanización de la empresa, ya que los intereses del trabajador no coinciden con los del dueño del capital.

¿Es posible una visión diferente de la economía?

¿Es posible fundar el proceso de producción, distribución e incluso consumo en una valorización del ser humano y no en la priorización del capital?

Los diversos autores que han trabajado el tema buscan, a través de lo que se ha denominado “economía solidaria”, fundada en la asociatividad y en la cooperación, un modelo alternativo. Algunos la han visto como un proceso de “humanización” del capitalismo que permitiría erradicar o al menos suavizar sus áreas más conflictivas eliminando las tensiones sociales que genera por su espíritu agresivamente competitivo y por su afán inmoderado de creciente acumulación de riquezas. Otros sostienen y creen con convicción que la economía solidaria tiene naturalmente a la “sustitución” del capitalismo.

En la “economía solidaria” confluyen valores que hoy están muy presentes en la conciencia de los críticos del modelo actual. Si bien los sostenedores de la economía clásica afirman que principios  tales como la propiedad privada absoluta, el egoísmo,  el espíritu competitivo, el afán de lucro, son propios de la naturaleza humana, cada día son más los actores que se cuestionan tal aseveración. Al hacerlo, plantean una amplia gama de valores que visualizan como más positivos y que pueden ser culturalmente socializados. El espíritu de cooperación y de ayuda mutua, la reciprocidad, el establecimiento de relaciones de equidad y respeto entre los actores del proceso productivo, el desarrollo del sentido de la responsabilidad, el derecho a la participación, el cuidado y preservación del medio ambiente, son vistos como elementos sobre los cuales es posible fundar una sociedad diferente.

Abrir cauces a una “economía solidaria” implica un arduo trabajo. Por un lado, exige una faena  intensa para asentar en la cultura personal y social, valores diferentes a los que se han instalado tradicionalmente en las sociedades modernas. Por otro lado, implica comprometer a los detentadores del poder político en este proceso de cambio a través de acciones efectivas en los campos de la formación de las personas generalmente reacias a aceptar visiones sustantivamente distintas de aquéllas que han conocido hasta ahora y que han tenido como las únicas posibles. La articulación de redes que vinculen las diversas expresiones de una economía humana y que difundan su quehacer, constituyen pasos indispensables para este cambio cultural.

La autogestión a nivel individual y el cooperativismo a nivel colectivo, pueden y deben ser impulsados a partir de los espacios públicos. Es claro que, por su propia naturaleza, pueden contribuir eficazmente al desarrollo local y que, por sobre todo, están llamados a ser escuelas de formación en los ámbitos de la responsabilidad y de la democracia.

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