Quienes postulan al crecimiento económico sin restricción, sin respetar el Medio Ambiente... Desprecian la vida!!!.
Actualmente nos leen en: Alemania, Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

¡¡S.O.S.!!!!!!!!!!! SALVEMOS LA POLÍTICA!!!!

El clima está bastante destemplado e imprevisible. Ya no solo se trata de nubosidades ocasionales sino de amenazas de aguaceros, tormentas eléctricas, rayos y centellas. Los especialistas precisan que no se trata de un fenómeno transitorio sino de un desajuste de fondo que causará daños múltiples y arruinará hasta las cosechas.

 No se necesita mayor perspicacia para constatar que se vide un período en que están profundamente dañadas las confianzas. En este aspecto, todos los estudios de opinión son coincidentes. Al apuntar a las causas de esta situación, se puede diferir. Al tratar de señalar los caminos de salida, puede haber opiniones contradictorias. Pero, el hecho mismo, que sirve de punto de partida a la discusión está ahí, indiscutido, indesmentible.

El PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) realiza periódicamente, en los países a los cuales presta asistencia, encuestas nacionales que representan, como sus responsables las definen, una verdadera “auditoría a la democracia”.

Los datos duros:

  • Solo un 8% aprueba la labor del Congreso Nacional y la forma en que se realiza.
  • Solo un 5% de los encuestados manifiesta algún tipo de adhesión concreta a los partidos políticos.
  • Solo un 13% aprueba la labor del Gobierno.

Según precisan los representantes de la entidad, estos datos son la expresión de una crisis que no es meramente coyuntural sino que,  en su esencia, son la manifestación de un desajuste grave de carácter estructural porque, a partir de los años 90, el país ha visto caer sistemáticamente la confianza no únicamente en los partidos y la institucionalidad republicana en general, sino en toda la amplia gama de las entidades en que se manifiesta la sociedad. El enjuiciamiento  negativo alcanza al mundo empresarial, a los entes religiosos, a la institucionalidad educacional y deportiva… Cuál más, cuál menos, están bajo sospecha. Hasta le democracia misma, cuya recuperación fue lograda tras largos años de lucha e ingentes sacrificios, es mirada ahora con desdén, culpándola de corrupta e ineficiente.

Si en ocho años la   “no identificación ciudadana” con los partidos políticos creció de 53 a 83%, es evidente que la gente ya no se siente representada en lo más  mínimo ni por las colectividades ni por sus personeros. En el último tiempo se han aprobado normas tendientes a favorecer la transparencia  y la probidad en la función pública, a sancionar la corrupción pública y privada, a profundizar la democracia (elección directa de consejeros regionales, fin del sistema binominal, posible elección popular de intendentes) pero ¿podrán suscitar estas nuevas disposiciones un cambio de actitud y de apreciación, podrán tener efectos reales significativos? En verdad, se ve bastante difícil.

La incapacidad que ofrece el sistema para lograr que los ciudadanos se sientan legítimamente representados y para que éstos perciban que sus representantes trabajan en pro del bien general de la comunidad y no en pro de sus intereses personales o partidarios, alienta los elevados niveles de desconfianza ya señalados.

El peligro, que está al acecho, es el del populismo. Cuando el querer de las personas no encuentra los cauces adecuados que debiera naturalmente poner a su disposición la democracia, el paso a la proliferación de los partidos, el surgimiento de los caudillismos individualistas, el transcurso a las promesas demagógicas e irrealizables, se transforman en el pan de cada día y, en tal caso, son los cimientos de la convivencia cívica los que se ven afectados.

Ya el país frisa el número de 40 partidos políticos. Cada parlamentario, mostrando su inmadurez y su incapacidad de coincidir con otros, crea su propia colectividad para su uso, goce y lucimiento personal. Así puede negociar su voto y alcanzar algún nivel de presencia en los medios.

Revertir esta situación requiere compromiso y sacrificios. Compromiso en el sentido de tener verdadera  voluntad de cambiar la realidad que se vive y, por lo tanto, tener capacidad de actuar consecuentemente abriendo camino a una redignificación de la democracia y condenando, sin titubeos, las conductas personales o partidarias que violen la ética política y la legalidad. Sacrificios, en cuanto ello significa estar dispuesto a dejar posiciones de poder si ello es necesario para ir al rescate de la democracia herida.

Obviamente, lograrlo es difícil pero ¿Qué tal si los ciudadanos lo exigen implacablemente,  día a día, sin dejar pasar ni una?

 

René Fuentealba Prado.

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

Sé el primero en comentar

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl