Quienes postulan al crecimiento económico sin restricción, sin respetar el Medio Ambiente... Desprecian la vida!!!.
Actualmente nos leen en: Alemania, Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

¿Se pueden hacer las cosas de otra forma?

Esteban Lobos, analista económico.

La característica esencial de la educación chilena, se encuentra en su carácter repetitivo. La innovación prácticamente no existe. Niños y jóvenes son formados en una enseñanza ajustada a textos y manuales, el rendimiento es medido mediante pruebas de alternativas que simplifiquen el trabajo docente y con lo cual se busca la estandarización del conocimiento. No solo colegios y universidades preparan “para la prueba” sino que se reprocha al estudiante que es capaz de discutir y tener un juicio crítico catalogándolo como “conflictivo”. La perpetuación de esta actitud social mantendrá al país “a las puertas del desarrollo” por los siglos de los siglos.

En un comentario anterior, fue planteada la posibilidad de avanzar en el camino de una “economía alternativa”. Dos líneas de trabajo fueron planteadas: las empresas cooperativas y las empresas mutuales. Una y otra son criticadas por su carácter utópico y alejado de lo más propio de la naturaleza humana: el espíritu de competencia y el afán incesante de lucro. Los críticos son -¿qué duda cabe? – los grandes beneficiados por el actual orden de cosas. Su tarea es relativamente fácil: el control de los medios de comunicación, de importantes centros académicos, de expertos que trabajan para ellos directa o indirectamente, hacen que su verdad aparezca como la oficial e indiscutible.

El capitalismo, a nivel global, ha demostrado ser eficiente tanto en crear riqueza como en lograr impresionantes avances en los campos científico y tecnológico. Más eficiente aún ha sido en concentrar esa riqueza en unas pocas manos y en pauperizar a grandes masas humanas cuyos salarios de subsistencia hacen posible la capitalización de las grandes empresas. En el caso de Chile, se ha destacado que 32 familias (grupo que podría habitar cómodamente en un par de edificios) controlan casi un 15% de la riqueza nacional.

El problema es que esta realidad genera problemas. A la pobreza dura se suman las tensiones sociales, la corrupción económica hacia la política y una gama de secuelas largas de detallar. En otros países, se abren visiones críticas orientadas a la búsqueda de sociedades más humanas e integradas. En Estados Unidos, en los ámbitos intelectuales, políticos y académicos, surge un fuerte movimiento que busca hacer renacer una filosofía del espíritu de comunidad y, curiosamente, entre sus jóvenes gana terreno un anhelo socializante. En Europa, la  crítica al capitalismo financiero global deriva en planteamientos novedosos que buscan un poco más de equidad y de justicia.

Lo interesante es que nada de esto inquieta en Chile a los círculos dominantes.

Un caso: el austriaco Cristian Felmer publicó en 2008 “Nuevos valores para la Economía”. En 2010, “La Economía del Bien Común. Un nuevo sistema económico para el futuro”. Sus tesis rompen el orden establecido y merecen ser divulgadas, sometidas a un debate honesto. Pero, los grandes medios escritos no solo no las controvierten sino que las silencian.

¿Qué es lo que plantea este compatriota del neoliberal von Hayeck?

En breve. Su punto de partida se encuentra en el fortalecimiento de las buenas relaciones interpersonales, la confianza mutua, la cooperación, el aprecio, la democracia, la solidaridad. Busca sustituir la competencia y el afán de lucro, por la cooperación y la contribución al bien común.

Para Felmer, el éxito de una economía no se debe medir por el beneficio financiero sino por lo que denomina precisamente “el balance del bien común” tanto a nivel de empresas como del sistema en general. Esto implica evaluar la contribución social de la unidad productiva, su uso de tecnologías limpias e innovadoras, su democracia interna, su espíritu solidario (relación con la comunidad). Como contrapartida, la empresa que logra un positivo “balance del bien común” se ve  favorecida por ventajas legales tales como menores tasas de tributación, menores aranceles, acceso a tasas más bajas de crédito, privilegio en el acceso a las compras públicas, acceso prioritario a programas de investigación y de innovación tecnológica financiados por el Estado.

En este marco, el excedente financiero no es considerado un fin en sí mismo sino un medio útil para otros fines. Así, debe destinarse a inversiones innovadoras que agreguen plusvalía social y ecológica, al pago de créditos, a bonificaciones circunscritas a sus trabajadores, a sustentar líneas de crédito a empresas cooperadoras o complementarias. En ningún caso, debe ir  a beneficiar a quienes no trabajan efectivamente en la empresa ni a invertir en especulaciones financieras ni a efectuar aportes a colectividades políticas ni a efectuar adquisiciones hostiles de otras empresas.

La “economía del bien común” plantea que las empresas deben proyectar su crecimiento a un tamaño óptimo sin temor a ser adquiridas u obligadas a crecer: el sistema las libera de la coerción por crecer y tragar. Como tienen en perspectiva el logro de una dimensión ideal, les es más fácil cooperar y solidarizar especialmente con otras unidades que trabajen en áreas del conocimiento, las tecnologías, la capacitación, del crédito mutuo sin interés.

Muchos otros aspectos se consideran. Las diferencias máximas de ingreso (20 a 1), la contribución a un “fondo de generaciones” para el financiamiento de nuevos proyectos en el tiempo, el aporte a los “bienes democráticos” (educación, salud, cultura, infraestructura básica, comunicación, acción social) y la paulatina reducción de la jornada laboral para dejar  tiempo disponible para relaciones y cuidados (niños, ancianos, enfermos), para crecimiento personal (arte, jardinería, ocio) y para el trabajo con la comunidad (actividades políticas y responsabilidades públicas). Por lo que se conoce, varios centenares de medianas empresas, en Austria y Alemania, trabajan en este campo.

Ojalá se pueda reflexionar, sin prejuicios ni dogmatismos, acerca de estos temas.

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1 Comentario en ¿Se pueden hacer las cosas de otra forma?

  1. buen aporte!
    Sería bueno considerar, en sus comentarios, análisis sobre “economías solidarias” y del “Decrecimiento”

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