La ciudadanía no puede permitir que lleguen al gobierno, los que se coluden contra sus intereses.
Actualmente nos leen en: Alemania, Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Rusia, Australia, Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

SÍ, SOY FEMINISTA! ¿Y TÚ?

El Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Berlín define al feminismo como “un conjunto de teorías sociales y de prácticas políticas en abierta oposición a concepciones del mundo que excluyen la experiencia femenina de su horizonte epistemológico y político. El feminismo revela y critica la desigualdad entre sexos y entre los géneros, a la vez que reclama y promueve los derechos e intereses de las mujeres.”

Los movimientos feministas surgen a finales del siglo XVII y principios del XVIII, como resultado de las incongruencias observadas en las revoluciones liberal-burguesas de la época. La conquista de libertades y derechos a que se refirieron esos movimientos, se enfocaban exclusivamente en los derechos del hombre como género, dejando totalmente postergada a la mujer en su calidad de ciudadano; esta incongruencia dio como resultado el surgimiento de un movimiento feminista cuya primera gran batalla fue el derecho a voto.

Desde esa época hasta hoy, el movimiento feminista se ha desarrollado y evolucionado de manera importante, transformándose en un movimiento social global, integrado por grupos muy diversos, y que con diferentes énfasis se ha constituido en un verdadero motor de cambios sociales. Ya sea a través del feminismo socialista, el de la igualdad, el ecologista, el radical, el anarquista o el de la diferencia, la gran lucha de este movimiento ha estado enfocada en lograr un reconocimiento igualitario del rol de la mujer en la sociedad; yendo incluso un paso más allá, al haberse transformado a lo largo de los años en un actor solidario que apoya las reclamaciones de una serie de otros grupos que también han sufrido postergaciones en el reconocimiento de sus derechos y libertades.

Las principales reivindicaciones del movimiento feminista pueden resumirse de manera muy simplificada en el derecho a votar en igualdad de condiciones y sin restricciones de ningún tipo cuyo origen pudiera estar asociado a cuestiones de género; el derecho a acceder a la educación; la igualdad en derechos laborales y particularmente en los salarios correspondientes a trabajos similares; el fin de la violencia machista y del abuso de genero históricamente consagrado en sociedades de naturaleza patriarcal; la libertad y el derecho a incidir y participar en la vida pública, política y económica; la igualdad en la repartición de las tareas asociadas a la vida doméstica y familiar; y la capacidad de ejercer los derechos reproductivos de manera informada y con libertad.

Sin embargo, estas demandas, que para muchos pueden parecer de sentido común, se encuentran aún en el siglo XXI,  con la oposición de diferentes sectores de la sociedad. Tras argumentos conservadores, de índole religioso, de corte tradicionalista o por motivos naturales, aún es posible encontrar en el mundo y en el Chile de hoy, a hombres y mujeres que se declaran antifeministas.

Con la excusa de proteger a las instituciones del matrimonio y la familia; proteger los valores tradicionales de la sociedad; evitar una supuesta “decadencia moral” en materias de sexualidad; mantener el orden que la sociedad patriarcal nos ha dicho por siglos que garantiza; o protegernos de la “fuerza destructiva y casi conspiradora” que el movimiento feminista supuestamente representa; los sectores más conservadores de nuestra sociedad se atrincheran en sus reductos para negarle desde allí, el reconocimiento de derechos y libertades básicas, que toda mujer debiera tener.

Los constantes esfuerzos realizados por diferentes organizaciones y movimientos feministas en Chile y las iniciativas promovidas por los dos gobiernos de Bachelet han permitido avances importantes en este tema. La creación de Centros de la Mujer en todas las regiones del país, Casas de Acogida por Casos de Violencia Grave, los diversos Programas de Formación y Prevención, de Mujeres Ciudadanía y Participación y de Buenas Prácticas Laborales, y Centros de Atención Reparatoria a Mujeres Víctimas de Agresiones Sexuales, entre muchos otros, han sido sin lugar a duda avances significativos. Sin embargo, y a pesar de estos esfuerzos, aún nos encontramos en Chile con desigualdades, discriminaciones y abusos violentos contra la mujer.

En este año de elecciones presidenciales, el tema de la desigualdad entre sexos y entre los géneros, y la reivindicación y promoción de los derechos e intereses de las mujeres, debiera ser tema prioritario en la agenda de cualquier candidato.

La promoción de los derechos e intereses de la mujer no debiera tener color político, sino que debiera ser una causa compartida por todos quienes aspiren a construir un Chile más justo y moderno. Los precandidatos de la Nueva Mayoría y el Frente Amplio, que genuinamente estén por avanzar en la construcción de una sociedad más solidaria e igualitaria, debieran hacer de las demandas del movimiento Feminista uno de los ejes centrales de sus propuestas de gobierno; y los precandidatos de Chile Vamos, que comparten la visión de la mujer como pilar de nuestra comunidad nacional, agente de cambio y sujeto de un rol igualitario en nuestra sociedad, debieran también asumir un compromiso programático en este tema.

No permitamos que la promoción de los derechos e intereses de la mujer quede ausente del debate electoral; exijamos a nuestros candidatos, hombres y mujeres, de cualquier color político, definiciones sobre este tema y compromisos programáticos concretos que permitan consolidar los logros ya alcanzados y avanzar con decisión y urgencia en los temas aún pendientes.

Como declarado feminista me comprometo a ello. ¿Y ustedes?

 

Maroto, Canadá.

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

Sé el primero en comentar

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl