La ciudadanía no puede permitir que lleguen al gobierno, los que se coluden contra sus intereses.
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VERDE, QUE TE QUIERO VERDE.

Esteban Lobos, analista.

El pasado miércoles 15 de marzo, la Presidenta de la República suscribió el protocolo que permitirá la creación de la Red de Parques de la Patagonia. Sin duda, un hito en el modelo de desarrollo del país. Cierta cobertura importante, aunque ocasional, por parte de la prensa escrita tradicional. Cobertura informativa por parte de la televisión que, en general, no va más allá de la forma en que se trata la agenda presidencial diaria para volver luego a la rutina incansable de los asaltos, los robos, los portonazos, las estafas todo condimentado con algunas gotas (o litros) de farándula y futbol.

La Red de Parques de la Patagonia involucra una superficie de 4.519.713 hectáreas, articulando terrenos fiscales, que en la actualidad  están en régimen legal de “parques nacionales” o de “reservas nacionales”,  y donaciones privadas provenientes particularmente de los ambientalistas y ecologistas Kristine Mc Divin y Douglas Tomkins (sí, el mismo al cual el Congreso Nacional le denegó el otorgamiento de la nacionalidad chilena “por gracia o por honor”, los cuales traspasarán al Estado chileno nada menos que 407.625 hectáreas.

Para una correcta apreciación de las cifras, es necesario señalar que el total arriba indicado es superior a la superficie de algunos  países como Holanda, Bélgica, Dinamarca, Noruega, Suiza, etc.

Este hecho trascendental, al cual aún le faltan diversos trámites normativos, implica una nueva forma de mirar el futuro desarrollo de Chile. Así como naciones americanas pequeñas (el caso de Costa Rica) han sabido situarse en  un primer plano mundial en cuanto a la protección de la naturaleza, Chile tiene ahora la oportunidad histórica de convertir precisamente la preservación de sus valiosos recursos paisajísticos y de flora y fauna, en un verdadero motor de una nueva cultura y de un modelo sustentable de crecimiento.

Hasta ahora, el país ha basado su economía en la explotación de sus recursos mineros, abundantes pero agotables, a los cuales se les ha incorporado muy poco valor agregado. Salvo el caso de Codelco, de propiedad del Estado, las ingentes utilidades obtenidas por las empresas mineras privadas van a parar a países remotos cuyos accionistas no tienen, por supuesto, compromiso alguno con el porvenir de esta remota nación.

En el recurso forestal radica otra de las líneas gruesas de nuestra actividad económica. Desarrollado en base a subsidios del Estado, ha derivado en un bicultivo de especies no nativas (pino y eucaliptus), en una fuerte incidencia en la creciente desertificación del suelo que otrora estuvo consagrado al cultivo agrícola, en un despoblamiento territorial, en conflictos sociales graves, en un deficiente manejo del sector que ha privilegiado la maximización de su rentabilidad por sobre medidas básicas de seguridad (¡incendios!) y, como en el caso anterior, en una casi nula incorporación de valor agregado.

Un tercer pie encontramos en la actividad pesquera,  amenazada por el inminente agotamiento de las principales especies,  y la salmonicultura   en tela de juicio por el uso indiscriminado de antibióticos y por los altos niveles de contaminación que genera, rubros,  uno y otro, que requerirían un análisis mayor.

Por supuesto, que hay otros campos en desarrollo (como la fruticultura) pero, en general, se observa un bajo nivel de innovación en cuanto implica manufacturación e incorporación de tecnologías.

Retomando nuestro punto de partida, queremos destacar la significativa potencialidad que implica el desarrollo del turismo. Precisamente, esta actividad, manejada responsablemente, no sólo garantiza la preservación de los recursos naturales sino que tiene enormes consecuencias en la economía general. Países como Francia, Italia, España, así lo han entendido.

El turismo, para destacar algunos de sus aspectos más sobresalientes, genera altos niveles de empleo de buena calidad, en ítems tales como hotelería, restaurantes, transportes, etc. El turismo, asimismo, es una de las actividades más redistributiva de ingresos ya que sus beneficios se extienden al comercio menor y prestación de servicios adicionales.

La gestión de la Red de Parques Nacionales de la Patagonia Chilena, por supuesto que requiere una mirada alternativa y un compromiso público y privado de fondo, que de seguro podremos analizar en próximos comentarios.

Sin embargo, hay aspectos en los cuales hay que comenzar a preocuparse desde ahora. Es indispensable ir a la formación de una conciencia y de una cultura turística que nos muestre como una comunidad humana respetuosa con lo que tiene, acogedora con el visitante, pues la persona que llega a Chile desde lejanas naciones, aun cuando su destino final sean nuestros Parques, pasará por nuestros aeropuertos, conocerá  nuestras ciudades, convivirá con nuestra gente y, no puede ser, que se vea obligada a transitar por medio de la mugre, de la grosería, de la mala educación, del abuso, de la delincuencia.

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