«Nuestro país requiere sumar voluntades tras el logro de cambios significativos en la sociedad. Todos los estamentos públicos y sociales, deben cambiar: egoísmo por solidaridad,  crecimiento por desarrollo, Compromiso por la displicencia y la apatía,…  Sumando a ello una visión integral de ciudadanía , la sabiduría por la ignorancia,  unidad por sobre dispersión«

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SÍNTESIS: ¿TIERRAS RARAS?

J. Antonio Zelada Espinosa

Arquitecto Premio Regional de Arquitectura y Diseño Consejo de la Cultura y las Artes 2012

Este artículo es, más o menos, el décimo que escribo sobre las Tierras Raras, al menos en este medio digital de comunicación social, o en otros donde han aceptado mis textos, pero que son los menos (casi ninguno). Al escribirlos, mi propósito es explicar e informar de qué se trata esto cuando se trata, con este nombre raro y casi “simplista”, y qué es lo está pasando en relación con eso en nuestro ámbito de vida, tanto en las ciudades, como en el ámbito geográfico y más allá, en el territorio regional.

Pero además de informar, mi propósito es fomentar una conciencia crítica con lo que ello implicaría y finalmente significaría aquí, en nuestro aparentemente vasto e inmaculado mundo, (que es una parte singular del país y también del hoy vapuleado planeta Tierra). Pretencioso yo, pero la verdad es que el tema lo tenemos en el tapete hace ya años y muy poca gente sabe qué hay detrás de esta idea de explotación minera, y los que saben, en su mayoría no tienen verdadera conciencia del impacto que esta actividad implicaría sobre todo lo que aquí hay: suelo, aire, aguas dulces y saladas, seres humanos, flora y fauna terrestre y acuática: más aun, las ciudades, el territorio y sus paisajes, pero principalmente en nosotros, en los seres humanos que aquí habitamos y en nuestra vida biológica y cultural, en la civilización en que nos creemos disfrutando de la vida. Pareciera una exageración mía, dirán ustedes…, pero no lo es.

Lo que se denomina ‘tierras raras’ son óxidos o ‘compuestos de lantánidos’. Los lantánidos conforman una serie de 17 elementos en la Tabla Periódica que comienza con el Lantano (símbolo químico La). Las ´tierras raras’ son materias primas de una actividad minera poco conocida, que existe en muy pocas partes del mundo (los lugares donde está se pueden contar con los dedos de las manos) y que, no obstante, sus productos minerales constituyen el oro del siglo XXI. Se trata de metales poco conocidos, pero ya muy bien estudiados, con propiedades muy especiales que los hacen aptos, y por lo tanto muy buscados por los países pioneros en investigación científica, para dar factibilidad, con nuevas o adelantadas aplicaciones y usos a tecnologías avanzadas. Y que les permiten desarrollar procesos y elementos nuevos diferentes a lo tradicional o convencional con la llamada “alta tecnología”. Ver vídeo:

https://cnnespanol.cnn.com/video/tierras-raras-que-son-clare-sebastian-pkg/

Son los sistemas y equipos que han permitido paradigmáticamente el desarrollo veloz de las comunicaciones, de nuevos equipos para generar electricidad, mejores y más veloces máquinas, etc., siendo las aplicaciones más conocidas los sistemas y equipos audiovisuales, la comunicación telefónica celular, las redes electrónicas satelitales y terrestres. En fin, la producción de naves espaciales, aviones y cohetes, equipos de óptica avanzada, catalizadores, baterías híbridas, turbinas eólicas, automóviles eléctricos, equipos médicos, nanotecnología, etc., etc. Maquinarias para la humanidad civilizada, pero también para la destrucción y la guerra, o para la salida o emigración del ser humano al espacio. Se comprenderá el interés de las potencias en tener a la mano esos elementos que permiten tales desarrollos, y disposición a pagar altos precios por ellos.

Los óxidos lantánidos, tan especiales y poderosos, son difíciles de encontrar y son escasos; cuando se encuentran, se obtienen en procesos complejos y caros, con muy bajos rendimientos: de una tonelada de tierra que contiene esos minerales se obtienen finalmente gramos, que nunca kilogramos.

Pues bien, aquí en Chile, se han encontrado en nuestro territorio regional (por ahora), y más concretamente, en la faja costera, más específicamente aún, entre Cobquecura por el Norte y Santa Juana-Lota por el Sur Oriente.  Pero el punto inicial del “enfoque fino”, tentativamente experimental pero productivo, está en el territorio de la comuna de Penco, concretamente detrás de la ciudad Penco-Lirquén y que toca en parte a la comuna de Concepción en sus límites administrativos con Penco, en un lugar de cerros y lomas con maravillosos espacios de bosques nativos (con el famoso Queule, únicos en el país) y plantaciones de árboles foráneos.

La gestora de esta idea productiva fue la división de gestión minera de la conocida firma Larraín Vial, la misma que gestó la Minera Dominga (cuya existencia y desarrollo significaron el caso judicial hoy en curso donde aparece comprometido el gobierno actual); al encontrarse aquí estos yacimientos de Tierras Raras, de manera muy rápida se gestaron y se obtuvo del Estado concesiones mineras generales y específicas que, lean bien, ya van alrededor de 500 mil hectáreas, entregadas generosamente como concesiones por el Ministerio de Minería, sin restricciones de ningún tipo, por obra y gracia de las leyes mineras chilenas, tan irracionales que lo permiten todo.

Antes de obtener ningún permiso para la instalación formal y legal de esta actividad minera, Larraín Vial ya vendió esta idea y todo lo que su avance había significado hasta el año 2020, y nada menos que en 56,3 millones de dólares a una empresa peruana con capitales británicos, la actual propietaria y titular del Estudio de Impacto Ambiental que se tramita en el sistema nacional de evaluación ambiental con el nombre de fantasía Proyecto BioLantánidos.

Quien escribe esto no es ni ingeniero de minas, ni geólogo. Pero soy un arquitecto que ha trabajado por ya mucho tiempo en planificación territorial y urbana, con equipos interdisciplinarios de excelencia (ingenieros civiles, agrónomos, forestales, con geógrafos, geólogos, químicos, biólogos, sociólogos, paisajistas, etc.); y en este caso de las Tierras Raras llevo ya cuatro años estudiando el tema. Actualmente trabajamos voluntariamente con un grupo selecto de profesionales residentes en Penco asesorando a la comunidad local a través de la institución más importante en el nivel cívico, la Unión Comunal de Juntas de Vecinos, es decir la más auténtica y mejor representante de la comunidad organizada.

La minería de Tierras Raras conocida en el mundo es muy poca y sus efectos en los territorios explotados son verdaderamente letales, lo digo así sin ambages. China y Estados Unidos, por razones obvias, llevan la delantera en la búsqueda y procesamiento de estos óxidos lantánidos, y no son más de otros 5 países los que se sabe que la han experimentado, como Canadá, Noruega y Australia. Algunos no la han permitido o se niegan a permitirla, como España.  China lleva la delantera en producción, y las imágenes que uno ve en videos y fotografías de las zonas donde esta minería actúa son sobrecogedoras. La destrucción de las superficies, pero también de las profundidades relativas, es brutal en sus efectos. Que decir nada de los terrenos vecinos afectados.

Es que esta minería, y concretamente en el caso local, se trata de minería de superficie, en lo que se llama explotación a “rajo abierto”, lo que implica extraer  desde 5 hasta unos 40 metros de profundidad de suelo, en nuestro caso principalmente suelos arcillosos, tierras que son procesadas con agua y ácidos, extrayendo con un proceso físico y químico especial el producto que interesa, que son óxidos, en piedrecillas, o tierra y polvo. De una tonelada de tierra procesada de obtendrían gramos. El resto se acumula en botaderos que, en el caso pencopolitano, serían quebradas más que suelos relativamente planos (no hay ahí zonas planas). Pero esas tierras de relave no son tierras limpias, ya que solo le extraen los óxidos que interesan, y quedan con residuos físicos y químicos, algunos muy peligrosos para el efecto de la vida: la vida humana, animal (fauna y microfauna) y vegetal (flora y microflora). En suma, efectos negativos biológicos, físicos y químicos, como la radioactividad, que aparece también en al menos dos de esos elementos y sus derivados (uranio y torio), efectos letales que de algún modo afectarían territorios y aguas dulces y del mar, y por lo tanto a toda vida que allí hay.

Para imaginar la situación a generarse, imaginemos un ejemplo casi infantil: que a una persona le extrajeran todo el pelo sobre su piel y cabeza, y luego el cuero cabelludo, para molerlo, procesarlo y extraer algunas células de interés y que el resto se bote y se deje expuesto al aire y al viento, a la lluvia y al derrame consecuente. Y que nos digan: después, en 15 años más repondremos el cuero cabelludo sobre el casco o calavera, y replantaremos sobre el cuero cabelludo repuesto pelos nuevos y “nativos”. Absurdo, en este ejemplo casi cómico e infantil para no ser repudiable, y absurdo en un plan real de reposición así dicho por la empresa minera en sus planes de mitigación de impactos. Impactante.

Sigamos. Una hipótesis también algo loca: si se dejara actuar a esa actividad minera en todas las pertenencias y concesiones mineras que ya tiene dispuestas para ella el Estado, este corte de pelo se produciría detrás o encima de Coelemu, Tomé, Lirquén-Penco, Concepción, Coronel, Santa Juana y otras comunas del interior (porque los minerales también están allí). Es decir, que de una región forestal iríamos a pasar a ser una región minera, y tal vez las empresas hoy forestales se transformarían en mineras, como ya lo está haciendo una forestal ubicada en Penco (pero también en otras comunas y regiones).

Parece delirante pensar así. Pero este negocio minero es quizás mucho mejor que el forestal, y varias veces mejor. Veamos el mismo caso hoy en el tapete judicial:  la Minera Dominga es un negocio mucho menor que el que se planea en Penco hoy por BioLantánidos y la producción de Tierras Raras, con un mercado delirante en USA, China y Europa.  Dicho de otro modo: Dominga no es nada frente a Biolantánidos del Concepción Metropolitano, ya dispuesto por la empresa peruano-británica para pasar a ser territorio minero, y aceptado por el propio Estado de Chile y sus leyes. ¿El área pencopolitana de Concepción zona de sacrificio? ¿A quién le importa?  ¿Quién cree estos “delirios” que aquí transmito? ¿Quién de las autoridades regionales antiguas y nuevas conoce de esto? ¿Y quién de las autoridades nacionales lo conoce, aparte de algunos que manejan las informaciones siempre privilegiadas? ¿Saben que las acciones de BioLantánidos ya están en la bolsa de Toronto, Canadá?

Esto no se menciona, y la prensa nacional calla, con mayor razón la local. A los políticos locales no les ha interesado entrar en esto, y si las universidades lo han hecho, lo han hecho haciendo estudios y análisis mineralógicos para la empresa minera y nunca defendiendo a la gente, a los territorios, a las aguas, a nadie.

Gonzalo Rojas, insigne poeta de Lebu preguntaba: ¿Qué se ama cuando se ama? Parafraseándolo podemos preguntar ¿Qué se ama cuando se ama un territorio, un paisaje, un modo de vida?

¿Por qué vendrían a destruir el territorio, el paisaje, nuestro modo de vida? ¿Por qué el Estado con su ley minera permite esta destrucción? ¿Por qué se permite una ley depredadora sobre nuestro medio ambiente, que es la geografía, la naturaleza, el paisaje, las ciudades y la gente, la vida de la gente?

Figura al pie: Plano Regulador Metropolitano de Concepción (PRMC)

ANTONIO ZELADA E., Arquitecto residente en Penco

Fuente de imagen

https://www.tvu.cl/prensa/tvu-noticias/2021/11/15/penco-realizara-consulta-ciudadana-por-proyecto-de-tierras-raras-de-biolantanidos.html

Antecedentes

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