Desarrollo Humano: En nuestras comunicaciones y en las Relaciones Humanas, es vital potenciar los elementos que "nutren" estas relaciones e intentar reducir , hasta eliminar aquellos elementos contaminantes.
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SOBRE EL FUTURO DE LA HUMANIDAD

Carlos Bonifetti Dietert

Ingeniero C. Mecánico UdeC. Ambientalista.

Como lo explicó Ugo Bardi en su blog, los humanos somos ‘holobiontes’ [1], y el ecosistema global es un ‘holobionte’ mayor: GAIA [2]. Los ecosistemas están colapsando y aún no hemos encontrado una manera de vivir juntos y en armonía. Necesitamos lograrlo con extrema urgencia. Estamos al borde del precipicio y debemos adoptar una actitud diferente hacia los ecosistemas que sustentan la existencia de la humanidad.

¿Con qué tipo de energía reemplazaremos a los combustibles fósiles que han comenzado a declinar? La energía nuclear no fue la panacea esperada. Las llamadas energías renovables tampoco son la solución, pues debido a su poca densidad de flujo energético (salvo la hidráulica) y su disponibilidad variable e intermitente, necesitan fuentes de energía estable y confiable como base.

El geólogo estadounidense M. King Hubbert [3], en 1950, mediante modelos matemáticos determinó el ‘peak’ de producción de petróleo. Así, en 1970 se cumplieron sus cálculos y el comienzo de la declinación de la producción en EE UU. Aunque el año pronosticado para alcanzar el ‘peak’ mundial (1995) no se cumplió y se ha ido corriendo, el fin de la era del petróleo está cerca. 

Los escenarios futuros vislumbrados van desde el colapso de la sociedad industrializada hasta las afirmaciones que señalan que la economía de mercado o las nuevas tecnologías resolverán el problema. El  debate sobre la disminución de los bienes naturales se ha prolongado desde hace décadas, y en mayor proporción se basó en interpretaciones del concepto de ‘progreso tecnológico’, tal vez con un optimismo exagerado. Así, el agotamiento de recursos no se consideraba un problema apremiante y se creía que la (sacrosanta) tecnología eliminaría el problema automáticamente y sin dolor para nadie, solo por las fuerzas del mercado.

En esta fe en el tradicional credo neoliberal del ‘crecimiento’ no tiene sentido bajar el ritmo para ahorrar recursos sino al contrario, una explotación intensiva de bienes naturales continuaría con el crecimiento económico y a la consecuente disponibilidad de tecnologías cada vez más avanzadas. La tendencia opuesta al crecimiento permanente -consciente del problema de agotamiento inminente, con los modelos predictivos existentes (Los Límites del Crecimiento, 1972 [4], y otros)-, podrían conducir hacia esfuerzos de planificación con una desaceleración en la explotación de los recursos remanentes y un cambio de tecnología hacia una mayor eficiencia de aprovechamiento. En el último par de décadas el debate ha derivado cada vez con más fuerza hacia el concepto de que el cambio climático es un problema mucho más importante que el agotamiento de los recursos. Sin embargo, las actitudes de seguir con el mismo esquema actual (“la huida hacia adelante”), no han cambiado.

El debate sobre el futuro, que hemos planteado en varios artículos en este semanario, está conduciendo a nada y no se vislumbra un cambio en la tendencia del “laissez faire”. Todo sigue exactamente igual, sin decisiones acertadas. No hay nada nuevo en la sociedad universal, impermeable a las alertas tempranas sobre los problemas que amenazaban la subsistencia de la humanidad y las nuevas tecnologías no han hecho los milagros promocionados.

Siguiendo lo señalado por Ugo Bardi: “En 2020, hemos llegado a un punto crítico: el inicio del declive irreversible de la sociedad tecnológica que se había desarrollado durante aproximadamente dos siglos de uso de combustibles fósiles como fuente de energía. ¿Estamos viendo el «Acantilado de Séneca» [5], el destino inevitable de un sistema que se ha expandido más allá de sus límites, que se ha convertido en un «exceso excesivo» para usar la definición de Catton?”

Y entonces, ¿qué haremos? – nos comparte Bardi -,  nos debe quedar claro que es demasiado tarde para implementar tecnologías milagrosas. Estamos comenzando el descenso desde la cúspide de la montaña y la pregunta que asoma es cómo enfrentaremos la declinación. ¿Podremos evitar convertirlo en un alud, en un colapso? Los estudios han demostrado que aún sería posible hacer más suave el declive y estirar un tanto la pendiente. Pero la resistencia a enfrentar el cambio de rumbo hacia lo inevitable está empeorando la situación.

Ya vemos que los políticos, los gobiernos y las mayorías ciudadanas, en todo el mundo y en Chile, siguen convencidos de que el camino a seguir es «retomar el crecimiento», sin percatarse que están acelerando el colapso y haciéndolo más duro. ¿Cómo hemos llegado hasta acá? No ha sido un fracaso de la ciencia y de la tecnología, sino un fracaso de la cultura. Intentamos gestionar el futuro con herramientas inadecuadas u obsoletas, las que, desarrolladas en una era de abundancia no serían útiles, y hasta contraproducentes en una era de escasez.

El desafío que enfrentamos es entender definitivamente, y de una vez por todas, qué es el ecosistema y cómo funciona la biósfera. Y para ello debemos comenzar, lo más pronto posible, una profunda transformación cultural, una relación amistosa y respetuosa, y a un acuerdo armónico con el gran ecosistema global. Tenemos que llegar a un acuerdo con el ecosistema. Visto desde el otro lado, podríamos decir que si nosotros, como humanos, no tomamos la iniciativa, es el ecosistema quien decidirá en la práctica qué va a hacer con nosotros. O va a deshacerse de una especie desagradable que solo ha hecho daño a la Naturaleza, o esa especie toma una actitud diferente para ser menos desagradable. El desafío que estamos enfrentando, no es fácil, pero tampoco imposible. Las herramientas culturales necesarias ya se han desarrollado o están en desarrollo.

Un concepto básico es el de «holobionte» –nos enseña Bardi- la idea que nos transmite es la que los componentes fundamentales del ecosistema no son organismos, sino “holobiontes” destinados a ser colonias de seres que se unen y trabajan cooperando para el beneficio mutuo. Los seres humanos son holobiontes, los árboles, los bosques, los humedales, las estepas, las turberas y los mares son holobiontes. Todo el ecosistema es un holobionte. Y podemos estar orgullosos –finaliza Bardi- de ser buenos holobiontes y aprender a vivir juntos con el gran holobionte que llamamos «GAIA». ¿Seremos capaces de hacerlo?

Referencias:

[1[https://laventanaciudadana.cl/es-gaia-un-super-organismo-no-ella-es-un-holobionte/

[2] https://www.climaterra.org/post/el-gran-retorno-de-la-hip%C3%B3tesis-de-gaia

[3]https://cincodias.elpais.com/cincodias/2005/10/06/mercados/1128692835_850215.html

[4] http://habitat.aq.upm.es/gi/mve/daee/tmzapiain.pdf

[5]https://cassandralegacy.blogspot.com/2011/08/seneca-effect-origins-of-collapse.html

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