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TAL VEZ, UNA DERROTA NECESARIA.

Maroto

Desde Canadá.

La victoria de Sebastian Piñera en el balotaje de ayer 17 de Diciembre, lo sitúa a él y su variopinto grupo de seguidores, en La Moneda por los próximos cuatro años.

Las ideas e iniciativas conservadoras planteadas durante la campaña por Piñera y su equipo, generan probablemente en muchos chilenos y chilenas, una sensación de desazón e incertidumbre ante los desafíos a los que probablemente se verán enfrentados los que  no forman parte de los sectores históricamente privilegiados de nuestro país.

Quienes en Chile están aún en situación de postergación económica, marginalidad social, discriminación étnica o de género, ven probablemente con preocupación la manera en que el nuevo gobierno les pueda afectar.

Quienes en estos últimos años han visto con esperanza las conquistas logradas en temas sociales, laborales, culturales, educacionales, y de diversidad, solo por citar algunas áreas, sienten probablemente la necesidad de prepararse para defender lo que tanto les ha costado alcanzar.

Piñera y su equipo enfrentarán los desafíos inherentes a un grupo de seguidores con agendas no necesariamente compatibles; los roles que Kast y Osandon jugarán en el futuro gobierno, son seguramente materia de discusión y desvelo en el círculo más íntimo del nuevo presidente. El rol inquisidor de la UDI, acostumbrada a ser el partido fuerte de la derecha y hoy desplazada a un segundo lugar por Renovación Nacional, es probablemente también materia de debate interno. La posición que movimientos como Evopolis, tomarán durante los próximos cuatro años de gobierno, frente a la agenda valórica conservadora asumida por Piñera durante la campaña, es todavía una incógnita.

Los partidos y movimientos que finalmente se aglutinaron detrás de la candidatura de Guillier y aquellos que  conforman el Frente Amplio, serán obviamente oposición al nuevo gobierno. Podrán existir matices en la forma y diferencias en el fondo en la manera de ejercer el legítimo rol opositor, pero obviamente, Piñera puede desde ya asumir que en ellos no encontrará, salvo excepcionales situaciones, a aliados sino que a acérrimos adversarios políticos.

Y todos los chilenos y chilenas que en estos últimos años se han sentido postergados, han acumulado frustraciones, no se consideran interpretados por los grupos antes mencionados, y que votaron a regañadientes por Piñera, estarán atentos a denunciar los desaciertos, ineficiencias y errores no forzados, que el nuevo gobierno pueda cometer.

Es en este contexto que nuestro rol como ciudadanos, comprometidos con los cambios políticos y sociales e interesados por el futuro de nuestro país, es hoy de gran importancia.

Ser oposición nos dará, si así somos capaces de verlo y quererlo, una oportunidad importante de reencontrar la mística perdida y reconectarnos con las necesidades reales de quienes aspiramos a representar; alejándonos de aquellos intereses mezquinos y prácticas políticas inapropiadas, que nos han apartado de quienes años atrás fueron nuestra base de sustentación política y nuestra fuente de inspiración. Cuando y porqué y empezamos a perder esta mística y como podremos recuperarla, son probablemente preguntas centrales en esta nueva etapa; y las respuestas no las encontraremos, sino en la medida que seamos capaces de asumir la derrota, no solo electoral, sino que más importante aún, en nuestra capacidad de escuchar, empatizar y representar el sentir y los anhelos de la ciudadanía.

Como opositores al futuro gobierno, no debemos perder de vista que nuestras acciones deben estar siempre guiadas por aquello que es mejor para el país, más allá de nuestras agendas políticas personales o grupales.

Como legítima oposición democrática, tendremos el rol fundamental de contrapeso, para cautelar que el nuevo gobierno ejerza su función de servicio público en el mejor interés del país y con apego a los más altos estándares éticos y de probidad; evitando por todos los medios democráticos que la nueva administración implemente políticas públicas que atenten contra los derechos y libertades de la ciudadanía.

Como oposición, seremos también alternativa; es nuestra responsabilidad contribuir al pluralismo político por la vía de la participación activa en el debate serio y responsable de nuestras ideas y propuestas, confrontándolas de cara a la ciudadanía con las políticas y propuestas del nuevo gobierno.

Como señalara Daza Cotes, en todo régimen democrático la existencia de una oposición legítima y organizada es un requisito indispensable para garantizar el buen desempeño de la nueva administración y el respeto a los derechos ciudadanos. El consenso y el disenso son prácticas políticas propias de una democracia efectiva y madura porque garantizan la convivencia, el debate, la discusión y  finalmente los acuerdos en pro del bien común. El derecho a cuestionar, a censurar, a criticar, por parte de los partidos o grupos de oposición, es esencial en toda democracia. No puede haber democracia legítima ni plena, sin ojos vigilantes y sin voces críticas. La democracia política requiere de opositores, es esta exigencia una cuestión fundamental.

Visto así, la función de toda oposición es controlar el ejercicio del poder, cuestionar las políticas y las decisiones del nuevo gobierno, canalizar responsablemente el descontento de la población y aportar soluciones constructivas e innovadoras para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. Oponerse no quiere decir actuar contra la democracia sino dentro y en favor de ella, para promoverla y fortalecerla; no para  distorsionarla.

Nuestro desafío entonces en los próximos cuatro años será ser una oposición democrática y transparente; consecuente y leal con los valores y principios que decimos representar; organizada, preparada, fuerte y decidida; tolerante y abierta al diálogo; respetuosa de nuestras instituciones republicanas; y comprometida con las necesidades de los más postergados y marginados.

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1 Comentario en TAL VEZ, UNA DERROTA NECESARIA.

  1. Aunque no soy partidario del título de este artículo, porque el pueblo chileno ha estado derrotado por muchas décadas, y eso no tiene absolutamente nada de ser algo “necesario”. Sí comparto la idea principal presentada por su autor MAROTO. Porque ahora existe una Resistencia en nuestro país, y eso se debe mantener viva y constante, para darles donde más les duele a los de extrema derecha, las empresas abusadoras, a los politicos corruptos, y todos aquellos que aún piensan que controlan el gobierno nacional.

    Es el pueblo, en una democracia, el que tiene el poder de determinar la forma de vida de una nación, no aquellos que han sido empleados para administrar un sistema de gobierno, pagado por el pueblo. No olvidemos esto. Por lo tanto, estos próximos 4 años, el pueblo DEBE MANTENERSE INFORMADO de todo lo necesario que se deba hacer, para algún día llegar a ser un País Desarrollado.

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