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TENEMOS RESPONSABILIDAD MORAL…

Es parte de su análisis del período de la Unidad Popular, donde jugó un rol protagónico, aunque rechaza haber sido culpable directo del fracaso de ese proyecto.

Jorge Abasolo Aravena

(Entrevista a Carlos Altamirano, publicada en Diario Renacer de Angol, el 9 de marzo de 2005).

En el apogeo de su carrera política fue polémico y ácido en grado superlativo. La acritud de sus discursos le granjeó las más encendidas antipatías de sus oponentes, quienes no vacilaron en responderle del mismo modo.

Para algunos era un hombre con las cualidades inherentes o precisas a su tiempo; para otros, sigue siendo el gran traidor de Salvador Allende. Fue secretario general del PS y en su currículo se anota que también fue abogado  de la Papelera, de la Compañía Chilena de Electricidad, del Banco Sudamericano, del Consejo Nacional de Comercio Exterior y profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

Carlos Altamirano Orrego pertenece a una generación de políticos golpeados fuertemente por el peor de los azotes, el de la desintegración  universal. Era un adolescente en plena guerra mundial, esa guerra que a través de su desarrollo presentó los más inesperados matices. En ella los jóvenes vieron batirse por la libertad a ciertos pueblos alimentados en el imperialismo y defender los impulsos cavernarios de la humanidad a los mismos países en cuyo seno nacieron las más altas mentalidades del progreso. La patria de Disraeli levantaba la bandera de Robespierre y en la tierra de Goethe y de Liebknecht se colaba, como un viento del Asia, el olvidado racismo. Los hijos de la Revolución de Lenin se daban la mano con los caporales del Kaiser y los adultos lores compartían la lucha proletaria contra el pensamiento fascista. Todavía sonaban sin embargo en los oídos las admoniciones incendiarias del Soviet contra Roosevelt y Churchill cuando se celebraba en Yalta una  entrevista de los dos personajes de la guerra de Occidente y el caucásico Stalin.

Se podrá decir que esto pertenece a otra época, como desdeñando su importancia, pero jamás debe olvidarse que cada ser humano se forja en una determinada época. Eso no explica sus excesos, pero debe servir para tratar de explicar –muchas veces- sus inefables actitudes. 

Es lo que ocurre con Carlos Altamirano Orrego, hoy retirado de la política y tratando de explicar sus avatares en la cosa pública con una retórica aquiescente, inexplicable para algunos, inconsistente para otros tantos.

¿Qué piensa hoy el ex secretario general del partido socialista? Indaguemos…

– Entre las acusaciones que penden sobre usted está la que señala que su discurso en el Estadio Chile del 9 de septiembre de 1973 habría detonado el golpe militar.

Es absurdo y estúpido pretender que un discurso dicho 24 horas antes del golpe pudiera haberlo producido. El golpe lo prepararon con meses de anticipación.

– Pero hasta la diputada Isabel Allende dice que eso fue un gran error suyo…

Mire…es una opinión. Pero a veces he pensado que la Isabel no ha leído ese discurso.

– Muchos murieron por sus discursos, don Carlos. Es gente que le creyó a usted y a sus arengas ¿Siente responsabilidad moral sobre esas muertes?

Claro que tenemos una responsabilidad moral en todo ese proceso…Por eso, desde un comienzo creí que no me correspondía a mí, sino –como decía Allende en sus últimas palabras- “a otros hombres”.

– ¿Era sólo ficción la vía chilena hacia el socialismo en democracia y libertad?

No era posible. Para mí no era viable o posible con ese programa. Uno no puede adoptar un programa muy radicalizado, revolucionario y una vía muy pacífica y reformista. Ahí hay una contradicción muy profunda. Y esa contradicción estaba en Salvador Allende. Entre ser un auténtico demócrata y reformista y haber asumido posiciones francamente revolucionarias.

– ¿Efectivamente fue Cuba un modelo para usted?, ¿Eso quería para Chile?

No. Tiene muchos aspectos favorables, como educación y salud, pero es un régimen asentado en un sistema dictatorial. Fidel Castro tiene el pretexto del bloqueo americano. Para mí no es una disculpa válida, porque ha mantenido a su país durante décadas sin poder expresarse por la vía democrática.

– ¿Cuán renovada cree usted que está la izquierda chilena?

Los comunistas aún no logran superar el trauma de la caída del Muro de Berlín. Los socialistas no han conseguido culminar su proceso de renovación, pero los veo empeñados en ello.

Estamos en una época difícil y no tengo una explicación clara para entender el mundo que vivimos. Sí constato claramente una realidad, y es que distintos pensadores del mundo católico también sostienen que nos encontramos en una nueva sociedad: nihilista, relativista y consumista. No es fácil entender el mundo de hoy.

– Usted mismo hace treinta años acusaba al “imperialismo” norteamericano, mientras que ahora el Partido Socialista  -como parte de la Concertación- no tuvo ningún tapujo para asociarse con Estados Unidos para el acuerdo del NAFTA.

(Medita…) Es justa su observación, no se puede negar. Hoy día en Chile no puede levantarse como bandera principal la consigna anti-imperialista. Sería un absurdo. El nuevo sistema capitalista ya no tiene mayor interés en explotar a nuestros países. Debemos elegir entre ser “explotados” con capitales y tecnología avanzada o no ser “explotados” y quedarnos sin eso.

– En el último de sus libros, el ex presidente Aylwin señala refiriéndose al gobierno militar que “cierto tiempo de dictadura era necesario…”  ¿Qué opina al respecto?

La frase es lamentablemente, pero está y eso no se puede discutir. Y yo le voy a decir más…esa misma idea está repetida como dos o tres veces. No cabe duda de que en el contexto en que actuó como presidente de la Democracia Cristiana, esa frase corresponde a un sentimiento entonces relativamente arraigado en su persona. Pero también hay que decir que se trata de una impresión suya en ese momento, porque, de acuerdo a mi opinión, no era política oficial de la democracia cristiana impulsar el golpe.

– En relación a usted, Teitelboim lo acusa de hacer todo lo posible por echar abajo a Allende.

Justamente esa es una de las frases que más me han indignado de las dichas en mi contra. Es una ofensa totalmente gratuita que me hace Volodia a mí y al Partido Socialista. Acusarnos de una cosa así es simplemente demencial…algo sin ninguna base. Y es algo imperdonable en un intelectual como él. No solo me atribuye tal superficialidad, sino que también dice que me conduje con una “irresponsabilidad espantosa”. Pero no le voy a contestar. A nadie interesa esta disputa personal.

– ¿No cree tener una deuda con la historia? Teitelboim lo acusa también de “avanzar sin transar” que resultó tan perniciosa para la Unidad Popular.

La dirección del PS jamás asumió la política de avanzar sin transar. Fue siendo acuñada por la militancia que pensaba que el gobierno entraba a una serie de transacciones y no se veían compensaciones por parte de la derecha. Entonces, en respuesta a esa percepción que tenía un sector importante del partido socialista, surgió esa consigna, como tantas otras que entonces se gritaban. Pero, le insisto: esa no era la política del partido.

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