El desarrollo de la nación debe estar presidido por el respeto al Medio Ambiente.
Actualmente nos leen en: Alemania, Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Rusia, Australia, Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

Un problema no muy económico.

Esteban Lobos

Economista.

En general, cuando hablamos de “economía” inmediatamente entendemos todo cuanto tiene que ver con empresas, costos y salarios; con financiamiento, precio de la UF,  del dólar, tasas de interés; con importaciones y exportaciones; con el “mercado” para ver a quien le compramos o a quien le vendemos; y muchas otras cosas por el estilo. Rara vez relacionamos el tema con el uso del suelo; con el desarrollo (o el subdesarrollo) urbano y rural; con las ciudades y la gestión de las ciudades. Tanto es así, que ninguno de los 8 candidatos presidenciales que quedaron para ir en la papeleta de noviembre, ninguno ha dicho ni pío a este respecto. Por supuesto, tampoco los 5 que quedaron en el camino nunca dijeron nada.

El problema de la gestión del territorio es complejo y, a lo mejor, esa es la razón para que se guarde silencio a este respecto. Además, toca muchos intereses creados, por cierto.

Algunos datos para tener en consideración:

  • La población del país estará alrededor de los 18 millones de habitantes a fines de este año, de los cuales más/menos 15,5 millones serán urbanos;
  • De la población total, un 45% se concentra en  Santiago y la conurbación metropolitana. Si a ese porcentaje se le suma la población del Gran Valparaíso y del Gran Concepción, es posible acercarse peligrosamente al 60% de habitantes concentrados en tres centros poblados;
  • Estas tres áreas presentan, en su correspondiente proporción, gravísimos problemas de infraestructura, locomoción y transporte, tratamiento de basuras y desechos, redes obsoletas de servicios básicos, seguridad ciudadana, áreas verdes, energía, e ineficiencia urbana en general.
  • Estas tres áreas presentan problemas estructurales, de diseño y racionalidad  urbanos, muy difíciles de abordar si no se cuenta con coraje y voluntad política, con capacidad para elaborar soluciones mirando al largo plazo y con la orgánica institucional adecuada.
  • Los gestores y los gremios inmobiliarios han denunciado que las tres áreas referidas carecen de terrenos para desarrollarse y han presionado a las autoridades (siempre muy sensibles a sus lágrimas) para que permanentemente  se vaya expandiendo  el área urbana a costa de suelos agrícolas,  lo que constituye, obviamente, una falacia destinada a mejorar y rentabilizar su negocio;
  • La institucionalidad vigente para estos efectos, está sobrepasada. Los planos reguladores son solo “cartas de intenciones” que carecen de hecho de obligatoriedad , la dualidad de autoridad entre las Direcciones de Obras  Municipales y las Seremis de Vivienda hace posible cualquier cantidad de irregularidades que luego se normalizan “porque sería absurdo demoler lo ya edificado”, las exigencias de constructividad son vulneradas a vista y paciencia de todo el mundo mediante argucias legales toleradas por municipios interesados solo en recaudar los derechos correspondientes a los permisos de construcción, la protección del patrimonio urbano es casi nula en razón de la tardía e ineficiente decisión de una autoridad administrativa burocrática y centralizada. Se lleva décadas hablando de la necesidad de un Alcalde Mayor para estas áreas, sin que nada se resuelva. El más claro ejemplo del caos lo constituye el hecho de que la reparación de las calzadas, deterioradas hasta decir basta, requiere la concurrencia tripartita del  Municipio, el SERVIU y el Gobierno Regional.
  • Más allá de lo expuesto respecto a estas conurbaciones críticas, el país carece de una gestión del territorio que defina fundadamente la localización de actividades tanto en el territorio interior como en el borde costero, de tal forma que se otorgue certeza a quienes deseen invertir y se respete la calidad de vida de las personas asentadas en cada lugar y el patrimonio natural involucrado, evitando una conflictividad sempiterna.

Obviamente, el gran problema-país también en este campo es el del centralismo  que constituye un lastre difícil de seguir tolerando. Las respuestas simplistas y simplonas de crear más regiones y más comunas y más ministerios y más servicios públicos, no constituyen soluciones sino tratamientos cosméticos que no asumen el fondo real de los problemas.

A través de este comentario, hemos tirado un “enorme problema” sobre la mesa. Qué bueno sería que todos los sectores de la comunidad interesados participaran de un análisis y debate que nos parece imprescindible para crear conciencia de su gravedad y generar soluciones y respuestas.

 

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2 Comentarios en Un problema no muy económico.

  1. En el último párrafo quise decir “constatar”, no “contratar.

  2. Coincido plenamente con su comentario don Esteban. Nuestras principales ciudades mencionadas sufren de un caótico e insustentable crecimiento, llevado por “la mano invisible del mercado”. Felizmente se están salvando de las agresivas y especulativas intervenciones de empresas inmobiliarias permitidas por planos reguladores permisivos de dudosa calidad – por decir lo menos -, las ciudades pequeñas y amables como por ejemplo: Cañete, Arauco, Coelemu, por nombrar solo algunas más cercanas a Concepción.

    Hoy, viernes 15 de septiembre por la tarde, caminando por calle Chacabuco entre Colo Colo y Castellón, me detuve a contemplar el hermoso Cerro Caracol, a través del despejado terreno que ha quedado después de las demoliciones de las hermosas residencias – obras creadas por respetados arquirectos – que había en el centro de la manzana y del gimnasio del ex Colegio Alemán. Con la hermosa vista del cerro como de telón de fondo, pensé: ¡qué bueno sería transformar el lugar en una hermosa plaza, complementaria del Parque Ecuador! (..para resguardar además esa vista que solo es posible desde escasas calles dado el amurallamiento visual del cerro por los altísimos edificios de departamentos).

    Pero ese sueño se desvaneció a los pocos pasos, al contratar que nos quedará poco tiempo para otras contemplaciones como las de este relato. En un rincón del terreno estaban comenzando la construcción de la “instalación de faenas” de una nueva edificación, con toda probabilidad un bodrio semejante o peor que Mall del Centro (vulgarmente nominado como “Mal del Centro”). ¡Qué lamentable!

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