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Una fecha para no olvidar

En un país en el que abundan los feriados conmemorativos a los que se suman muchas conmemoraciones que no son feriados, es imperativo destacar, a partir de este año, el día 28 de marzo. Precisamente en esa fecha, el Consejo de la Sociedad de Fomento Fabril, el gremio  que agrupa a las empresas industriales más importantes y poderosas de Chile, aprobó su nuevo “Código de Ética”.

Según informó el diario “El Mercurio” en su edición del 21 de abril pasado “el gremio de los industriales y sus empresas socias buscan adaptarse a los nuevos tiempos, elevar sus estándares y desterrar eventuales casos de malas prácticas” .El  presidente del gremio, Bernardo Larraín Matte,  precisando el objetivo del documento señaló: “Sofofa tiene como misión validar a la empresa como un actor confiable y relevante en el proyecto de hacer de Chile un país más desarrollado, moderno e inclusivo”.

El documento de 19 puntos, que reemplaza uno anterior de 1957, promueve el cumplimiento de  los principios éticos de una sociedad moderna y civilizada; concibe a la empresa privada como una organización respetuosa de la ley, justa con sus trabajadores, responsable con el medio ambiente, honesta con los consumidores y comprometida con el bien común. Además, llama a mantener un ambiente colaborativo dentro de la empresa, con equidad entre trabajadores, dueños, proveedores, clientes y comunidad.  Por supuesto, dentro de estos principios éticos está respetar y promover los principios de una sociedad libre, el derecho de propiedad, la libertad de emprendimiento, los mercados competitivos. Finalmente, recuerda que la actividad empresarial “exige una  “ética, honestidad e integridad a toda prueba”.

Al concluir la lectura detallada de la Carta ética del gran empresariado nacional, queda una sensación terrible de desencanto. El documento constituye una vaga lista de lugares comunes sin que, de hecho, ninguno de los problemas más fuerte que ha experimentado el sector patronal sea abordado concretamente.

Así, a pesar de defender las bases de una economía libre y competitiva nada específico se plantea en materia de acuerdos colusorios como los que se han visto reiteradamente en la actividad nacional. Cualquier ingenuo habría esperado una declaración contundente de condena y sanción a actitudes que sistemáticamente se han presentado en el mercado de los pollos, del papel tissue, de las farmacias y medicamentos (sueros), de tal forma que sus cuatro mil asociados al menos tomasen conciencia de que sus procedimientos no solo han isdo inmorales sino también delictuales.

Por otra parte, si bien se habla de una conducta justa hacia sus trabajadores, de la inclusividad, todo aparece más bien como una serie de palabras de buena crianza. A cualquier observador atento le choca ver la manifiesta preocupación por la rentabilidad del capital al mismo tiempo que se silencia todo compromiso con la remuneración ética de sus trabajadores. Nadie puede desconocer que entre los diversos asociados de la SOFOFA se encuentran empresas de variadas dimensiones y que deben enfrentar problemas y desafíos desiguales, pero se habría esperado que un gremio de esta magnitud, que cuenta con asesorías del más alto nivel, no haya dicho una palabra sobre los salarios que se pagan,  a lo menos estableciendo principios morales de austeridad y sobriedad de vida para los patrones frente a la retribución que reciben los trabajadores.

No se encuentra, tampoco, en el documento mención alguna en relación con los despidos arbitrarios e injustificados, hechos muchas veces a partir del poder y la arbitrariedad del empleador.

NI una línea se destina a referirse a los derechos de quienes laboran en la empresa, a su derecho a constituir sus organizaciones sindicales las que siguen siendo vistas como fuentes de conflicto y no de participación y cooperación.

Silencio absoluto se observa respecto a la responsabilidad de los directores de las empresas en las prácticas delictuales que están han cometido. Por ejemplo, en el caso de la colusión del papel tissue, en el caso del financiamiento ilegal de la política  practicado por SQM, la burda estrategia ha sido la de cargar todas las culpas en uno o dos ejecutivos (para cuyo efecto los despiden simbólicamente con escandalosas indemnizaciones),  al tiempo que los directores de las respectivas sociedades anónimas (que son sus propios dueños o representantes de la más absoluta confianza de los dueños) se lavan las manos tratando de convencer a la comunidad que ellos nunca supieron de estos ilícitos.

En síntesis, el gran empresariado, al parecer, más que establecer un código de conducta está buscando un lavado de imagen ya que en el extenso documento no se consignan procedimientos concretos ni se establecen, al menos referencialmente, sanciones reales, ejemplificadoras, para quienes violen los principios que se dice defender.

En verdad, se esperaba mucho más de los  grandes señores del capital.

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