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¿Y POR QUÉ NO LAGOS?

A casi un año de las elecciones presidenciales, ya hemos entrado en tierra derecha. Los candidatos empiezan a confirmar sus intenciones y el debate comienza a hacerse más interesante. En los sectores de la derecha vemos como las candidaturas de Kast, Ossandón y Piñera toman forma y se aprontan para competir en un proceso interno inédito de primarias. En la centro izquierda e izquierda se observan las candidaturas de Atria, Guillier, Lagos y más recientemente Insulza; las discusiones acerca de si habrá primarias en este sector y quiénes participarán en ellas constituyen  tema de actualidad. A esto, podemos sumarle una serie de candidatos que como Canelo y Marcel, buscarán, sin mucho peso político o apoyo ciudadano, algún grado de notoriedad en este proceso.

El sistema democrático, y las elecciones libres e informadas como pilar fundamental de éste, garantizan que todos aquellos que cuenten con un cierto grado de apoyo de la ciudadanía (requisito formal que la ley establece como estar inscrito en un partido político o tener el apoyo de al menos 0.5% de los votantes en la última elección de diputados), pueden inscribir su candidatura y participar del proceso electoral.

El movimiento político y social nacional enfrenta hoy uno de los grandes desafíos de este siglo; la falta de liderazgos nuevos, serios y capaces, motivadores e inspiradores, que aúnen esfuerzos y voluntades en torno a ideas y propuestas que permitan avanzar hacia un Chile más moderno y justo. Los sectores progresistas no escapan a esta realidad, recurriendo a políticos ya probados que parecen no motivar al electorado,  o bien, a nuevas apuestas, que aún no han demostrado su capacidad política y que tienen pendiente la tarea de dar a conocer sus propuestas.

Hace unas semanas atrás me referí a Alejandro Guillier,  político de reciente data que,  apoyado en los resultados de las encuestas,  aspira a demostrar su capacidad de liderazgo y compartir sus propuestas. Hoy, me referiré a Lagos, actor político de los últimos 50 años, que después de haber sido uno de los líderes de la oposición a Pinochet y haber terminado su período de gobierno con altos índices de aprobación ciudadana (60% a 70% según el índice que se utilice), carga actualmente el lastre de representar a esa política tradicional desprestigiada y el haber conducido un gobierno que se asocia hoy a avances parciales y excesos en las negociaciones y compromisos con los poderes fácticos tanto políticos como económicos.

¿Y por qué no Lagos? ¿Por qué genera Lagos una reacción tan visceral en algunos sectores a los que aspira a representar?

Obviamente que no consideraré la edad del candidato como un argumento válido para criticarlo, porque además de ser un factor gravemente discriminatorio, existen sobrados ejemplos de personajes públicos nacionales e internacionales de igual o mayor edad y que por sus posturas son considerados líderes progresistas.

Se le critica por tener en su actuar político un cierto paternalismo autoritario, marcado por una exagerada seguridad en sí mismo y en su capacidad para resolver los problemas del país; se le reprocha además una lejanía con la ciudadanía y falta de empatía con los problemas del chileno medio, y una cercanía sospechosa con las élites que manejan los grandes intereses del país.

Se le critica una postura político económica que en aras de la estabilidad pactó sin problemas con los sectores empresariales que controlan Chile, comprometiendo las reivindicaciones sociales que se esperaban de su gobierno. Un gobierno que, pese a sus logros, se asocia a una resignación hacia las políticas neoliberales más que a un esfuerzo por profundizar los cambios necesarios para avanzar en equidad y justicia social.

Se le critica por una falta de capacidad de escuchar y entender que un gobierno se debe a su pueblo; una tozudez política, que se manifiesta en una falta de capacidad para reconocer los errores y una forma de hacer política entre cuatro paredes.

Se le enrostran, entre otros, que el sistema de transportes Transantiago habría sido un fracaso y los perjuicios causados a los universitarios por la creación del sistema de Crédito con Aval del Estado.

Soy de aquellos que apoyó el liderazgo de Lagos en la lucha contra Pinochet y posteriormente votó por él en las elecciones presidenciales del 2000; soy de aquellos que lo considera un político y estadista serio; soy también de aquellos que, sin considerarlo un traidor a ninguna causa, está consciente de las falencias de su estilo político e importantes errores de su gobierno. Soy de aquellos que le reconocen el derecho a ser candidato, a presentar sus propuestas al país y,  a través de la campaña, a demostrar si es realmente capaz de motivar al electorado. Soy de aquellos que, teniendo un compromiso absoluto con las ideas progresistas necesarias para avanzar en la construcción de un Chile más justo, moderno y solidario, no encuentra aún un candidato que las represente a cabalidad en las próximas elecciones presidenciales.

¿Podrá Lagos ser ese candidato? ¿Podrá Lagos demostrar que ha escuchado el clamor de la ciudadanía y está dispuesto a gobernar con ella? ¿Podrá Lagos recuperar las confianzas perdidas y tender puentes hacia los sectores juveniles y los más postergados? ¿Podrá Lagos demostrar que ha cambiado en su forma de hacer política y que se ha adaptado a los tiempos? ¿Podrá Lagos presentar una propuesta de cambios convincente, que con independencia total de los intereses de las élites chilenas, responda en forma seria y realista a las demandas de chilenas y chilenos?

Los próximos cuatro a seis meses serán críticos para Lagos. Su capacidad de reinventarse sin renegar de su pasado serán determinantes para el futuro de su candidatura. Es de esperar, que independientemente de la suerte que corra su esfuerzo electoral, su aporte y propuestas sirvan efectivamente para mejorar la calidad del debate y discusión política, tan necesarios y al mismo tiempo tan ausentes en los sectores progresistas de nuestra sociedad.

 

Maroto, Canadá.

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