Ayer se quemaban los libros, hoy, como sucede en Temuco, se reprime y maltrata a mujeres mapuches productoras de hortalizas: esto es destrucción de nuestro patrimonio y nuestra cultura.
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10 de diciembre de 1948

Hoy se cumplen 70 años desde que los primeros países integrantes de las Naciones Unidas aprobaran la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tres años antes había concluido la Segunda Guerra Mundial con su secuela de decenas de millones de muertos causados por las acciones bélicas luego de un largo proceso en que todas las naciones del planeta vieron con horror  la entronización de regímenes totalitarios caracterizados por el desconocimiento y el menosprecio de los derechos de las personas y   que dieron lugar a actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad.

El propósito del documento redactado por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU,  era reconocer la dignidad intrínseca de todos los miembros de la familia humana y proclamar que cada una de las personas poseía derechos fundamentales  iguales e inalienables que debían ser consagrados por el ordenamiento jurídico de los Estados.

La Declaración, aunque  no constituye un Tratado multilateral (con sus lógicas consecuencias de obligatoriedad y exigibilidad) es más bien una Carta Ética que precisa  valores que deben ser respetados por los Estados ya que se les considera esenciales en el avance civlizatorio del género humano.

De los 58 países miembros de las emergentes Naciones Unidas, 2 no estuvieron presentes en la Asamblea General, 48 votaron el documento favorablemente (incluyendo varias dictaduras) y 8 se abstuvieron: Arabia Saudita, Sud África, la Unión Soviética y países políticamente afines: Bielorrusia, Checoslovaquia, Polonia, Ucrania y Yugoslavia.

En estas siete décadas, la Declaración ha enfrentado innumerables desafíos y problemas. Por un lado, los círculos intelectuales y académicos de todo el mundo han aportado valiosas precisiones surgidas tanto del análisis del texto como de la evolución experimentada por las sociedades contemporáneas, al tiempo que han configurado toda una “teoría de los derechos humanos”. La que podríamos denominar “Generación Cero” (derecho a la vida y a la integridad física), debe considerarse  como la “condición necesaria” para la consagración de los demás derechos.  A contar de ese punto de partida, se han desarrollado acciones tendientes a defender a las personas, de los maleficios  del poder,  afirmando las libertades individuales como forma de impedir los abusos y atropellos de quienes detentan la autoridad, y luego para hacer realidad el derecho a tomar parte en la generación y el ejercicio del poder. La evolución social ha puesto en el tapete el amplio tema de los derechos sociales,  culturales y ambientales, entre otros. .

Hoy resulta claro que el régimen democrático es el que  mejor posibilita   el reconocimiento efectivo  de la dignidad de todos los seres humanos y sus consiguientes derechos, lo que hace imprescindible una sistemática pedagogía social en esta materia.

Debe educarse al ciudadano en cuanto a que los derechos humanos no constituyen simplemente conclusiones derivadas de una especulación filosófica, religiosa o moral ni una entelequia abstracta, sino que constituyen la respuesta práctica a las demandas concretas de realización de la dignidad de las personas en los planos físico, biológico, sicológico, cultural, moral y social.

Asimismo,  la pretensión  de perfilar el tema de los derechos humanos como un arma a ser utilizada en función de la coyuntura política de cada  momento,  provoca  un enorme daño a una causa que alcanza su mayor valor moral precisamente en la medida  en que se demuestra plena consecuencia en el actuar. Cuando estos principios son utilizados para combatir una determinada dictadura pero se hace caso omiso de ellos para enjuiciar regímenes respecto de los cuales existe alguna simpatía  ideológica, simplemente estamos contribuyendo a destruir convicciones  básicas y actuando con un elevado nivel de cinismo, hipocresía y oportunismo. A nivel mundial, un ejemplo vergonzoso lo han constituido los Estados Unidos, país que se proclamaba como una democracia ejemplar e incluso mantenía un observatorio para enjuiciar el respeto a estos principios en las diversas naciones del planeta, al mismo tiempo que promovía la instauración de dictaduras, las sostenía y financiaba, mantenía elevados grados de racismo  en el plano interno, utilizaba la tortura como método permanente de acción política llegando al extremo de nominar en cargos institucionales de primera línea a quienes aplicaban estas políticas represivas. En esa misma línea, se encuentran numerosos casos de inconsecuencia en diversos países.

Defender y preservar los derechos humanos en todo tiempo y en toda circunstancia constituye una tarea ineludible. Quien fuera Secretario General de las Naciones Unidas Kofi Annan lo dijo con vehemencia: “Los derechos humanos son sus derechos. Tómenlos. Defiéndanlos. Promuévanlos. Entiéndanlos e insistan en ellos. Nútranlos y enriquézcanlos. Son lo mejor de nosotros. Denles vida”. 

Por lo que se ve, es mucho lo que nos queda por hacer.

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