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CINE: COMENTARIO DOBLE

COMENTARIO DOBLE

Rogue One: A Star Wars Story
2016
dir. Gareth Edwards

Fantastic Beasts and Where to Find Them
2016
dir. David Yates

por Iván Ochoa Quezada

Este fin de semana decidí realizar un experimento. De por sí, el acto de ver dos películas contiguas difícilmente cuenta como algo innovador (todos quienes hemos sufrido un episodio de insomnio sabemos eso), pero, luego de haber realizado la tarea mecánicamente, vislumbré la posibilidad de comentar sobre ambas en un texto comparativo para intentar dilucidar el por qué, según su humilde servidor, una funciona y la otra no. Después de todo, ambas cintas revisadas son spin-offs de queridísimas franquicias, es decir, historias que existen dentro de un universo ya establecido sin contar directamente con personajes o tramas que conecten ambas. En este caso, Rogue One es la historia de cómo los rebeldes consiguieron los mapas de la Estrella de la Muerte, punto crucial para desencadenar los hechos de la trilogía original de Star Wars; mientras que Fantastic Beasts ocurre en el universo de Harry Potter (mucho antes de su arco narrativo), contando la historia de Newt Scamander, un mago británico en tierras americanas, que debe reunir a un número de bestias mágicas que escaparon de la maleta que les sirve como guarida.

Me ahorraré los preámbulos innecesarios y sentenciaré lo esencial: aunque ninguna de las dos cintas es una luminaria del séptimo arte, disfruté cómodamente de Fantastic Beasts mientras que Rogue One me pareció, al menos hasta el último cuarto, soporífera. Intenté poner en perspectiva mis apreciaciones y, luego de unos minutos de reflexión, vi exactamente cuál era el problema: Rogue One no tiene personajes, sólo vehículos que avanzan la trama. Hice el ejercicio de reemplazar a Jyn Erso (Felicity Jones), su protagonista, con Rey, heroína del Episodio VII, y caí en cuenta de que son absolutamente intercambiables: ambas son cáscaras insípidas, modelos de héroes que resultan tan genéricos que no portan ninguna cualidad propia discernible y que, por tanto, anulan cualquier intento honesto de empatía. Y el problema no era sólo de ella. Durante 134 minutos me moví entre personajes por los que no sentía absolutamente ningún interés. No me interesaban sus motivaciones plásticas ni sus predicamentos. Y si bien podría ser aún más lapidario (como lo han hecho algunos amigos míos) y desecharla de lleno sólo por ser una historia que simplemente no necesitaba ser contada, mi problema con Rogue One radica en sus caracterizaciones, y con ello volvemos a un tópico que ya hemos revisado con anterioridad. No importa la grandilocuencia de los efectos visuales ni el bullicioso factor nostalgia que tanto ha permeado las producciones contemporáneas: vamos al cine a ver historias, y el mayor engranaje de éstas son sus personajes. Si no tenemos personajes (seres humanos, con sus idiosincrasias, contradicciones, sentido del humor), si no contamos con un mínimo retazo de humanidad que nos refleje, somos impermeables a todo lo que ocurra en la pantalla. Y está bien: nadie le reclama a una franquicia de ciencia ficción la caracterización de un estudio íntimo de Bergman o Scorsese. Sólo algo (o alguien) que se sienta remotamente real, a quien podamos confiarle la mano que nos adentrará en el universo al que nos invitan.

Es aquí donde se destaca Fantastic Beasts. J.K. Rowling (autora del guión) y David Yates tratan a sus personajes con notoria calidez y dedicación, dotándolos de suficiente cuerpo como para hacernos sentir levemente acompañados, y con ello, permitirnos la inmersión en un universo igualmente inverosímil que el de Star Wars. Les dan espacio para respirar, para construir las maquetas de sus deseos, para enunciar pequeñas particularidades. Alguien podría argumentar que el tono más liviano de Fantastic Beasts contribuye a facilitar su acceso. Por un lado, podría ser cierto, pero volvamos por un instante a Rogue One: dentro de su tono más ominoso, sus personajes siguen siendo igual de planos, en un universo que técnicamente podría permitirles una caracterización más compleja. Esto es evidente en el trabajo de los actores. La diferencia en la inversión emocional entre ambas cintas es insoslayable. La conclusión es la misma: no importa el tono de lo que se esté contando: si los guionistas y los actores realmente tuviesen interés por los personajes que escriben, los resultados son visibles de inmediato.

En fin, puede ser que esté cayendo en una trampa argumentativa y simplemente sea presa de la ceguera ante mis propias parcialidades. Por ello la invitación, como siempre, es a revisar ambas cintas y ponerlas a prueba bajo los criterios detallados con anterioridad, y con ello, abrir el debate.

Tanto Rogue One como Fantastic Beasts and Where to Find Them se encuentran disponibles en DVD/Blu-ray.

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1 Comentario en CINE: COMENTARIO DOBLE

  1. Genial amigo, genial su y sus comentarios anteriores Qué buena!
    Felicitaciones a sus columnas.

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