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COMENTARIO DE CINE: SILENCIO

SILENCIO

2016, dir. Martin Scorsese

por Iván Ochoa Quezada

Suele suceder que muchos grandes artistas, ya sea por acto de voluntad o por designios del destino, esperan casi toda su carrera para mostrarle al mundo aquella obra más personal, que encapsula sus principales preocupaciones y sensibilidades en una única obra maestra. En este caso, el veneradísimo Martin Scorsese esperó veintiocho años para llevar a la pantalla su adaptación de la novela de Shûsaku Endô, sobre las tribulaciones que enfrenta una pareja de jóvenes sacerdotes jesuitas durante una de las persecuciones más sangrientas del cristianismo, en el Japón del siglo XVII. Es una historia sobre la problematización de la fe en un mundo donde la voz de Dios no se puede escuchar en ningún lado, ni siquiera cuando clamamos por ella en nuestros momentos de mayor necesidad. ¿Estamos apelando al vacío, a la nada? ¿Son las voces que escuchamos, los actos “milagrosos” que presenciamos, un intento humano desesperado por dotar de significado a una existencia caótica?

En la cinta (y en la novela), los jesuitas portugueses Rodrigues y Garupe deciden infiltrarse en Japón luego de recibir noticias de que su mentor, el padre Ferreira, otrora gran promotor de su religión en tierras niponas, ha apostatado (renunciado públicamente a la fe cristiana), y ahora vive como japonés. Su búsqueda se ve dilatada por las dificultades que enfrentan en una nación que persigue y condena sin clemencia toda manifestación de una religión foránea. Allí son testigos de las miserables condiciones en que viven sus creyentes, escondidos en su propio miedo y sumidos en condiciones de extrema pobreza, sin otra posesión que la inquebrantabilidad de su fe. Paulatinamente comienza a instalarse en la mente de Rodrigues la pregunta: ¿por qué Dios somete a esta gente a pruebas tan difíciles? ¿Es posible siquiera que hayamos estado equivocados todo este tiempo?

A medida que avanza la historia y la persecución se intensifica, las instancias de horror y tortura inhumana van quebrantando el espíritu de Rodrigues. Un aspecto importante que plantean tanto la novela como su adaptación cinematográfica es el problema de la imagen: dentro de la historia, Rodrigues ve cómo los devotos japoneses parecieran estar obsesionados con las imágenes del cristianismo, con los objetos tangibles. Por otro lado, la forma más común de apostatar es obligar al cristiano a pisar/escupir un “fumie”, una imagen alusiva a Cristo, señalando que es sólo “una formalidad”. ¿Lo es realmente? ¿Cuál es el verdadero peso de estas imágenes y su relación con el significante? ¿Es el pisar una imagen el equivalente a rechazar a Cristo? ¿Está Cristo representado, contenido, en aquellas imágenes?

Scorsese diseña la película con sobriedad, dejando atrás muchos de los frenéticos recursos narrativos por los que es conocido. La cinta es apropiadamente silenciosa y meditativa, desechando por completo el uso de una banda sonora tradicional, y reemplazándola por un diseño sonoro ambiental cortesía de Kathryn Kluge y Kim Allen Kluge. Como es de esperarse, los momentos de mayor intensidad dramática están desprovistos de ornamentaciones innecesarias, principalmente música y sonido, reflejando aquella ausencia divina que amenaza con llevarse la sanidad de los protagonistas.

Silencio es una cinta de preguntas complejas. Para quien esté dispuesto a considerar las interrogantes que formula, es una experiencia cinematográfica sumamente intensa, difícil de olvidar.

Silencio será estrenada en salas este 16 de marzo.

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