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CUENTOS CORTOS: “EL CIUDADANO WEBER”

Serie de cuentos cortos, por Yerko Strika.

EL CIUDADANO WEBER

De chico, entraba en los edificios de mi ciudad. En los ascensores,  como Jonás en el vientre de la ballena, me transportaba por sus barrigas de acero y concreto. El más alto tenía trece pisos y nombre de conquistador; con escalera de modesto rascacielos se elevaba un poco sobre la copa de los árboles. Luego, estaban otros edificios sin conserje,  que dejaban subir por ellos en  peldaños de baldosas eternas o acceder hasta el misterio de un segundo piso lejano,  pisando tablas lustrosas.  A veces, alguien preguntaba a dónde iba, y yo inventaba un señor Weber que siempre vivía anónimo en un enjambre de cuartuchos pretenciosos.

Con sus bocas oscuras, los edificios de  mi ciudad tras los umbrales, apagaban el ritmo de la calle y me llevaban de viaje en el tiempo por su arquitectura de los sesenta, y los más modernos con elevadores diferenciados para pisos pares e impares. Tras sus mamparas con manillas de bronce pulido, solía reinar un eco vacío y la luz aparecía y desaparecía en esquinas ciegas de los corredores que distribuyen departamentos, tales como el cuatrocientos dos y el del frente.

Cuando lograba franquear la entrada, sentía una ansiedad de triunfo. Pasearme por un espacio urbano solitario en el tiempo detenido de la  metrópoli,  dentro del gran estómago de hormigón que respiraba otro aire conmigo. Era  un glóbulo transportado por un torrente de escaleras bajo el pulso casi inaudible de la ciudad.

Hoy, esos pasadizos están cerrados con puertas de metal y citófonos que no permiten la excusa del señor Weber. Dicen que no lo conocen o que no vive allí. Pero yo sé que lo niegan por ignorancia, pues en todos los edificios que visité, el hombre era conocido o su nombre les sonaba familiar. Era un habitante ciudadano de esas construcciones y moraba sonámbulo, noctámbulo,  diurno,  en espera de mi pregunta ingenua por su existencia.

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