El desarrollo de la nación debe estar presidido por el respeto al Medio Ambiente.
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EDITORIAL: ALGUNOS PROBLEMAS IMPORTANTES.

Varios asiduos visitantes de este portal nos han hecho presente la necesidad de que en sus páginas se traten no sólo problemas políticos y económicos sino también múltiples otros temas que tienen que ver con la  existencia individual y familiar  de las personas y, en general, con la vida en comunidad. Sus opiniones coinciden con las nuestras, razón por la que procuraremos continuar ampliando nuestros propios horizontes.

Sin perjuicio de asegurar ese  compromiso, nos parece necesario afirmar que tanto la política como la economía (aunque a primera vista  no nos gusten o no nos interesen) constituyen  bases importantes sobre las cuales se asienta la sociedad, de tal forma que todo lo que eventualmente se haga en alguno de estos campos influirá decisivamente en las vivencias concretas de cada uno de sus miembros.

En poco tiempo más, corresponderá elegir al  Presidente de la República, a casi la mitad de los senadores y a la totalidad de los diputados. Todos ellos, de acuerdo a los principios en que se sustenta el sistema democrático, tienen el carácter de mandatarios de la ciudadanía, es decir son personas a  las cuales periódicamente les otorgamos poder para que nos representen. De lo dicho, es fácil colegir que tenemos el deber de participar no dejando que otros decidan por nosotros, y también tenemos la responsabilidad de escoger bien,  lo que implica no  únicamente seleccionar  a los que consideremos más capaces sino a aquéllos que de mejor manera interpreten nuestras ideas y sentimientos acerca del tipo de sociedad en qué queremos vivir y en qué queremos  se desarrollen nuestros hijos.

Lamentablemente, los medios de comunicación de masas– llamados por su propia naturaleza a “construir comunidad” – están muy lejos de asumir un papel positivo, de verdadera pedagogía social, en este proceso orientando a los ciudadanos hacia una discusión racional. Peor aún, su función cotidiana es la de superficializar todo debate, arrastrándolo hacia consideraciones que no apuntan a lo sustancial de los desafíos que enfrenta el país y que son, sin duda, graves y urgentes.  Fabricando y manipulando encuestas de dudosa calidad técnica, recurriendo a seudo expertos, buscando construir evidencias sobre febles bases, buscan ocultar  que lo único que se pretende es la defensa irrestricta de un modelo que claramente ha demostrado operar en beneficio de minorías privilegiadas sin consideración real por ls necesidades de sectores más necesitados y vulnerables.

Este juego del poder político conlleva un riesgo enorme cual es el de que se reúnan  en una sola mano el poder económico-financiero con el poder político lo que deriva en que éste no tendrá capacidad alguna de poner límites a abusos  como los que se han develado en el último tiempo.

Los desafíos que nos depara el porvenir son enormes. Uno de ellos, quizás el más importante, es el de recuperar las confianzas de la gente en sus gobernantes y en el sistema democrático  redignificando la tarea política lo que se traduce en la necesidad de un combate a fondo, definitivo, contra la corrupción y los abusos. En este plano es indispensable una limpieza total que cubra, por supuesto, toda la gestión del Estado (Gobierno, Parlamento, Justicia, servicios públicos, etc.),  pero que no muestre titubeos en abordar todos los procedimientos y resquicios en que se mueven las colectividades políticas de tal manera de lograr su saneamiento, transparentar sus acciones y no dejar lugar para el mantenimiento de ocultas relaciones incestuosas con grupos de interés.  Asimismo, y aunque ello no siempre merezca  la debida atención ciudadana, debe enfrentarse la modernización del aparato público. Existe la patológica creencia de que todo problema se resuelve mediante la creación de nuevos ministerios y servicios generando, de esta forma, una burocracia gigantesca en cuyas garras se enredan y despilfarran los recursos sin que estos lleguen a efectivamente a la gente. Una nueva cultura de gestión, en cuanto a que se cumplan los fines de la función pública bien y de una sola vez,  debe ser exigida por los mandantes a sus mandatarios.

Sin embargo, el problema sustantivo primordial de la sociedad chilena radica en la inequidad. Para vergüenza nuestra, hoy por hoy Chile es uno de los países con más altos niveles de desigualdad en el mundo. Y, aunque se trate de hacernos creer que el rico es rico porque lo que tiene se lo ha ganado y que el pobre es pobre porque es flojo y se lo merece, es un hecho indiscutible que las estructuras económicas y sociales están hechas para concentrar la riqueza en un número privilegiado y escaso de familias en perjuicio de masas claramente pauperizadas. Poner la inequidad en el centro de la discusión es fundamental para que se tome debida conciencia de que ella se expresa económica y educacionalmente, también territorialmente en los  contrapuntos urbano-rural y metrópoli-regiones y, por supuesto, en el acceso a la cultura y al desarrollo humano en general.

Lo que se juega en noviembre próximo es mucho. No bastan las palabras y promesas sino que es necesario ponderarlas para poder apreciar si son factibles o constituyen juegos de artificio. Se puede enjuiciar a los postulantes, se puede más tarde criticar a los electos pero, y digámoslo claramente, la primera responsabilidad descansa en cada uno de nosotros.

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