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Editorial: De placebos, paracetamoles, aspirinas y bioequivalentes

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

La crisis que estamos viviendo se acerca a cumplir una decena de días. Lo que inicialmente fue apreciado por las autoridades políticas como la simple detonación de un “guatapique” por parte de los insatisfechos y descontentos de siempre, ha devenido en un proceso creciente y, por ahora, incontrolable.

Chile, es decir “nuestro país”, enfrenta un conflicto político, social y económico, como no se ha conocido en la historia reciente. De la noche a la mañana, la soberbia con que la máxima autoridad nos definió como un “oasis de paz”, se diluyó y se hizo visible el Chile real, aquel que perdió las buenas maneras al descubrir que su piel perfecta se erosionaba, que su cuerpo se llenaba de granos, llagas y tumores ya que tras las apariencias se había estado incubando un síndrome que tozudamente la casta política y los medios de comunicación social con alegre uniformidad trataban de ocultar.

El Presidente de la República, al enfrentarse a los hechos, pese a su persistente afán por mostrarse como un hombre liberal, tomó el camino errado que siempre ha escogido la Derecha para abordar todo problema social : el golpe de autoridad (“estado de emergencia” con militares en las calles) y la represión generalizada de los manifestantes.

Más tarde, al constatar que su actitud era infructuosa, optó por un sendero más político, pidiendo perdón por no haber escuchado oportunamente a la gente y ofreciendo a la ciudadanía un paquete de medidas de costo fiscal, cada una de las cuales beneficiaría a diversos sectores de la población.

Sin embargo, su respuesta fue tardía y, a todas luces insatisfactoria.

En el caso, no se trataba simplemente de un problema económico como se pretendió hacernos creer, sino de una actitud social quizás algo etérea y difusa pero claramente de hastío y rechazo. Hastío y rechazo ¿contra qué?

En las páginas de La Ventana Ciudadana hemos sido majaderos en condenar el “modelo neoliberal”. Es probable que para gran parte de los habitantes del país esa expresión sea casi incomprensible ya que ellos jamás han oído hablar ni de von Mises, ni de Hayek ni de Friedman. Pero, tal como en la parábola evangélica, se puede aplicar aquí esa conclusión que dice: “por sus efectos los conoceréis”.

Cuando la institucionalidad derivada de la dictadura ha minimizado el rol del Estado haciendo realidad la célebre frase de Margaret Thatcher en cuanto a que “la sociedad no existe, solo existen los individuos”; cuando se ha perseguido el desarrollo del sindicalismo como expresión solidaria del sector más importante de la economía y de todo otro tipo de entidad que implicara interferencias a la marcha libre de la “buena economía”;  cuando el sistema ha transformado la educación, la salud, el régimen de pensiones, el acceso a la vivienda, todo, en un simple negocio en beneficio de unas pocas grupos de poder, quiere decir que estamos en problemas. En graves problemas.

Las estadísticas son, en la práctica, encubridoras de la realidad. Los números señalan que el país tiene un ingreso per capita del orden de los 23.000 dólares (quince millones anuales por persona) cifra que permitiría de más una vida digna sin pobreza. Pero cuando se conoce que gran parte de la riqueza del país está concentrada en las manos de una docena de familias, se confirma que formamos parte de una de las sociedades más desiguales e inequitativas del planeta.

Durante mucho tiempo se nos ha dado a entender que hasta la década de los 70, Chile era una nación poblada de gente hambrienta, desnutrida, tuberculosa, y que ese mundo cambió gracias a la modernización pinochetista. La verdad es que la dictadura creó las condiciones experimentales perfectas para implantar un modelo que  pretende expresar a cabalidad los valores de una sociedad enferma tras la búsqueda del dinero.

En tiempos de cólera como los que estamos viviendo, el Presidente de la República ha sido absolutamente incapaz de hacer una lectura inteligente de la situación. Como dijo el académico de derecha Daniel Mansuy, “es ilusorio e infantil pensar que Sebastián Piñera vaya a liderar un proceso de cambio estructural de la sociedad chilena”. Desgraciadamente, cuando no se aprecia adecuadamente el clima reinante, se opta por encauzar la ira hacia chivos expiatorios que comunicacionalmente den satisfacción a las aprensiones y temores de ciertos sectores. Los pobres, los pueblos originarios, los inmigrantes, los negros, los delincuentes, son incriminados como los responsables de todo lo que pasa. Subsumimos los problemas, postergamos las soluciones para no afectar privilegios e intereses, sin darnos cuenta de que nuestra irresponsabilidad, más temprano que tarde, nos pasará la cuenta.

La ira que provoca el abuso, el resentimiento que genera el menosprecio social, la injusticia que destruye familias y esperanzas, lamentablemente pavimentan el camino hacia la demagogia y populismo.

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3 Comentarios en Editorial: De placebos, paracetamoles, aspirinas y bioequivalentes

  1. Una Muy buena editorial.
    Sumémosle buena pluma y un ejercicio intelectual digno de de ser reconocido,análisis muy sensato y veraz

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