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Editorial: El mundo es ancho ¿y ajeno?

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Nuestro país, separado del resto del planeta por desierto, cordillera y océano, ha tenido históricamente una cierta tendencia insular que nos hace observar como meros espectadores, todo que sucede en otras latitudes. Para nuestros medios de comunicación más importantes, la información internacional no va mucho más allá de una mala traducción de los cables que nos hacen llegar las agencias de noticias y de la transcripción de comentarios aparecidos en la prensa extranjera que, en general, responden a tendencias afines a los intereses políticos y financieros que representan y defienden esos medios.

Hace un par de años, el entonces postulante a la Casa Blanca, Donald Trump, vociferaba, irresponsablemente, que el “cambio climático” no existía, que era un invento de “los chinos” para perjudicar a los Estados Unidos. Ochocientos días después, las amenazas de ese entonces han pasado a constituir una realidad irrefutable y el peligro, a escala mundial, es inminente.

Los ciclos de la naturaleza se han alterado rotundamente; las naciones europeas, tras sufrir graves inundaciones, experimentaron una temporada estival que llevó los termómetros a niveles jamás antes alcanzados; otros países, en África, Asia y también América (el preocupante caso de Chile) ven con pavor el advenimiento de   una época de fuertes sequías con todas sus secuelas que afectarán particularmente a todos los sectores rurales y a los grupos más carenciados de la población.

En un mundo contemporáneo que pretende ser racional y que hace gala de los altos niveles alcanzados por la ciencia y la tecnología, la toma de conciencia acerca del peligro en que estamos viviendo, es casi nula. Los dos mayores pulmones de la Tierra – la Amazonía y el Congo – continúan siendo devastados por miles de individuos que no tienen escrúpulos para deforestar, quemar selvas, atentar contra miles de especies, destruir las fuentes de agua que alimentan los cauces fluviales.

El caso de Brasil, que se extiende a toda la Amazonía internacional, está hoy, por fin, conmoviendo al mundo. Las leyes de papel, que son permanente violadas por redes delictuales de terroristas ambientales y por ambiciosos terratenientes, terminan siendo inútiles, más aún si estos hechores cuentan con la simpatía benevolente de gobernantes que, además de ser incapaces de tener una visión de futuro, están inextricablemente liados a los poderosos grupos de interés que los auparon al poder.

El martes 20 de agosto, la enorme conurbación urbana  que es Sao Paulo vio con espanto como a las tres de la tarde le llegaba la noche. Pero, no. Era el humo que llegaba a la metrópoli desde los 72.843 focos de fuego situados a más de tres mil kilómetros de distancia.

El fuego en el Mato Grosso prácticamente ahora se triplicaba en relación con años anteriores y la pandemia ígnea alcanzaba en diez días a  un millón de hectáreas en Bolivia, al tiempo que ardían los bosques nativos del Chaco paraguayo. El Colegio de Ingenieros Agrónomos de Santa Cruz (Bolivia), mientras tanto, proclamada desesperadamente que la naturaleza tardaría “al menos 200 años” en reparar el daño que se estaba sufriendo.

El inefable Jair Bolsonaro, demostrando que la estupidez humana no reconoce límites, denunciaba, sin prueba ni antecedente alguno, que los incendios los están “promoviendo” las numerosas ONGs que operan en Brasil con el propósito expreso de desprestigiar a su Gobierno en razón de que el Estado las había privado de sus fuentes de financiamiento. Además, precisaba ante el mundo que los incendios en la Amazonía no estaban “fuera de control” pero de inmediato disponía que las Fuerzas Armadas se sumaran al combate.

Nadie, hoy, puede negar la gravedad de lo que está sucediendo. Cientos de miles de personas  abarrotan las calles aledañas a las embajadas del gran país sudamericano en Londres, Madrid, Lisboa, Berlín, Buenos Aires, Santiago, para protestar vehementemente contra la irresponsabilidad de un Gobierno que solo puede encontrar un paralelo en el Trump de los EE.UU.

La crisis es global y la respuesta debe ser global. No para 30 o 50 años más, sino para ahora. Para hoy.

No se trata solo crear conciencia, elaborar documentos, suscribir tratados sino de ACTUAR  de inmediato y colectivamente.

El problema mismo no es ajeno, es nuestro, de cada uno. Cuando deforestamos, cuando incendiamos o derribamos bosque nativo, cuando cínicamente rellenamos y destruimos humedales, cuando contaminamos, estamos firmando la condena a muerte de nuestro planeta tal como lo hemos conocido hasta ahora. 

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5 Comentarios en Editorial: El mundo es ancho ¿y ajeno?

  1. El desastre global es ya irreversible, pero ello no significa abandonar los esfuerzos para hacer entender a los negacionistas que es más que urgente cambiar este nefasto modelo político-económico neoliberal, fomentado por izquierdas y derecha, por uno nuevo que ponga en primer lugar el respeto a la Naturaleza y a GAIA, la madre tierra de todos los seres vivientes y en segundo lugar a los humanos, sus depredadores. No servirá de mucho seguir con COP y discursos blandengues. El gran nivel alcanzado por la corrupción y el lavado de dinero sucio nos está impidiendo cambiar el rumbo.

  2. Ante la crisis mundial, no tenemos los líderes que hoy la humanidad necesita.
    Disculpen el pesimismo.

  3. Cada día que leo estas editoriales de la ventana me convence mas el aporte que su equipo editorial realiza semana a semana.
    Felicitaciones y ojalá no se pongan «Chavacanos»

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