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Editorial: Los Derechos Humanos son bastante relativos

Equipo La Ventana ciudadana

Periodismo ciudadano.

El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en Paris la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tras un preámbulo con importantes consideraciones. El histórico documento señaló textualmente:

Artículo 1° Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

“Artículo 2° Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquiera otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.

Aun cuando la formulación de la Declaración  sin duda constituyó un hito relevante en la historia contemporánea de la humanidad, si se hurga en los entretelones de esa aprobación es posible constatar algunos datos sorprendentes. En la oportunidad no hubo votos en contra, se registraron dos ausencias y se abstuvieron la Unión Soviética y las naciones de su órbita, Arabia Saudita y Sudáfrica. Una abrumadora mayoría de 48 países la votó a favor encontrándose  en este grupo a las dictaduras de Anastasio Somoza en Nicaragua, de Rafael Leonidas Trujillo en República Dominicana, de Oliveira Salazar en Portugal y de Francisco Franco en España. A partir de entonces, el documento fue enriquecido con una gran cantidad de tratados específicos en tanto se avanzaba hacia nuevos desarrollos doctrinarios sobre la materia.

Al acercarse el 60° aniversario de la Declaración, no se puede dejar de tener presente las palabras del catedrático español Eusebio Fernández quien señaló que “el respeto a los derechos humanos es una de las pruebas ineludibles por las que debe pasar una sociedad. Un sistema político y un Derecho que intenten ser aceptados desde un punto de vista moral”.

Así, resulta imprescindible mirar con los ojos bien abiertos los tiempos en que estamos viviendo.

Desde ese ya lejano 1948, en que se vislumbraron las mayores expresiones del cinismo humano, el camino ha sido tremendamente tortuoso.

Los Estados Unidos de América, autoproclamados como paladines de la libertad y los derechos humanos, crearon un observatorio destinado a enjuiciar los niveles de  respeto que alcanzaban  estos principios en todo el  mundo, excluyendo el análisis de lo que sucedía en su propio territorio. Al tiempo  que sus autoridades  se erigían como voceros de la democracia y de la libertad, sus gobiernos mantenían a cientos de prisioneros en su base de Guantánamo sin derecho a juicio ni a dignidad,   promovían sistemáticamente los golpes de estado en América Latina,  sostenían prolongadas dictaduras alimentadas por los servicios   de inteligencia estadounidenses e iniciaban guerras en defensa de sus intereses económicos sin importarle para nada  los miles de víctimas inocentes que sus tropas dejaban en el camino.

En otros frentes, se dan también situaciones incomprensibles. Aquéllos sectores que han sido víctimas de las dictaduras recién aludidas, y que vieron como sus militantes fueron apresados, torturados y hechos desaparecer sin piedad, no titubean en justificar las mismas conductas y procedimientos en los casos en que los represores son afines a su ideología. Católicos de misa y comunión diaria justifican, con la venia de muchos prelados, los inmisericordes atropellos a los derechos fundamentales de las personas cometidos por estos gobiernos de facto. Los gobiernos de pueblos como el judío, que sufrieron la persecución y el exterminio brutal por parte del nazismo y del estalinismo, actúan sin límites ni problemas de conciencia en contra de la nación palestina.

Donald J. Trump ha dado al mundo en estos días la suprema lección sobre la relativización de los derechos humanos. Luego de calificar a los inmigrantes como asesinos, violadores e infestos, puso en marcha su plan estrella y procedió a separar a los niños  de sus padres, encerrando a los infantes en jaulas como si fueran  animales. El  jueves 21 de junio, sorpresivamente revirtió esta medida, no por convicción ni por razones humanitarias sino por el repudio generalizado encabezado por la propia Melania Trump  y por Laura Bush, habiéndosela calificado como una resolución  cruel e inmoral. Como lo recordara muy bien Cristián Warnken, la Revolución Cultural de Mao también separó de manera inmisericorde  a los hijos de sus padres para llevarlos forzadamente a campos de educación y adoctrinamiento.

A estas alturas delo siglo XXI ¿se puede permanecer impávido ante estas “aberraciones de líderes dementes?

Si la humanidad desea recuperar los territorios ganados en el proceso civilizatorio, debe ser clara y definitivamente consecuente con los principios que proclama y dice defender. No se trata de una expresión de principios abstracta destinada a ser incluida  en textos  y discursos sino de un compromiso vital con los derechos fundamentales de la persona humana, de todas las personas.

¿Habrá el coraje necesario para pasar por encima de nuestros intereses y conveniencias coyunturales y aventurarnos  en la reconstrucción de la dignidad fundamental de hombres y mujeres?

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4 Comentarios en Editorial: Los Derechos Humanos son bastante relativos

  1. Bueno el comentario de Augusto Dueñas, alusivo al Editorial, certero ‘dando en el clavo’.

  2. Es una gran verdad la relativización de los DD.HH, desde siglos antes de su Declaración Universal y después también, en pleno siglo 20.
    Históricamente el atropello a los DD.HH es motivado por la ambición económica y geopolítica de grandes potencias (imperios) y algunos países menores. Principalmente en Europa Occidental y después en EE.UU, en orden cronolólica. El colonialismo y la esclavitud son “pequeñas” muestras de eso. Las dos guerras mundiales y la guerra fría le dieron continuidad a ese proceso de atropellos.
    El tratamiento que le dan las autoridades de “los grandes” a este problema es similar al que le dan a la corrupción: son siempre “los otros” los culpables. Nosotros y nuestros aliados “somos los buenos”.
    El caso de Trump es una muestra de toda esa hipocrecia y descaro del gran capital dominante, con su gran ajedrez para controlar al mundo. Es una especie de “cereza en la torta”.
    En el caso de Chile, los mayores atropellos a los DD.HH. en su historia republicana sin duda fueron cometidos por la dictadura cívico-militar del golpe de 1973. Con consecuencias nefastas hasta hoy, que incluyen la degradación moral de las instituciones, de autoridades y de las llamadas “fuerzas del orden”.

  3. Muy buen y actualizado artículo. Realmente, Trump y su administración dictada por los grandes grupos financieros de los EE.UU., se ha transformado en símbolo mundial de la prepotencia descarada del gran capital perjudicando en los más variados aspectos a la convivencia económica, social y política de la comunidad de países representada en la ONU, incluyendo obviamente la cuestión de los Derechos Humanos.
    Es sintomático en la Historia Universal, que los mayores atropellos contra los DDHH sucedan a partir de intereses económicos y geopolíticos. Los “campeones” históricos de estas barbaridades que masacran millones de personas, incluso desde siglos antes de la propia Declaración de los DD.HH., parecen localizarse en Europa Occidental y después en EE.UU, por orden cronológica. Así, el colonialismo y la esclavitud, incluyendo holocaustos indígena y negro, las dos Guerras Mundiales con todo su horror, son “pequeñas” muestras de lo que estoy planteando. El tráfico de esclavos desde África, en su auge era un “respetable” emprendimiento capitalista, representado incluso en la Bolsa de Valores de Londres.
    Y la “fiesta” continuó casi peor después de la Declaración de los DD.HH. No olvidemos que ilustres países de Europa continuaron colonialistas hasta la mitad del siglo 20. Ahí están los tristes ejemplos del “Congo Belga” y de Argelia, con todas las matanzas correspondientes por iniciativas de las “civilizadas metrópolis”.
    Sería demorado relacionar todos los focos de atropellos de lado a lado en la época de la llamada Guerra Fría, que fueon substituídos por nuevos atropellos en un mundo controlado casi sin contrapeso por los grandes países capitalistas liderados por EE.UU. La destrucción de países enteros en el Medio Oriente son sólo una muestra.
    En Chile, los peores atropellos a los DD.HH en su historia republicana sucedieron dentro de la onda de golpes de estado patrocinados en Latinoamérica por la metrópoli norteamericana. Y eso repercute hasta hoy en toda su sociedad, con una lamentable desmoralización de las instituciones, sobretodo de algunas autoridades y de las llamadas “fuerzas del orden” envueltas hasta hoy en crímenes de lesa humanidad y escándalos económicos.
    Todo esto y mucho más, forma parte de la bien planteada “relatividad” de los DD.HH en este muy buen artículo editorial.

  4. La opinión vertida en el artículo de refleja el poco respeto que se da a los derechos humanos desde su promulgación universal en 1948. Son numerosos los países que hacen la “vista gorda” sobre su respeto y cumplimiento. La lista es larga; China es uno de ellos, país ‘comunista-capitalista’ que es capaz de exportar mercaderías baratas (muchas de mala calidad) a todo el mundo explotando a sus ciudadanos con bajos sueldos y sin respeto por derechos humanos mínimos. Y, sin ir tan lejos, el Estado chileno pretende violar el derecho humano al trabajo a pequeños empresarios agrícolas honestos y esforzados de los Huertos Boca Sur, en San Pedro de la Paz, al pretender expropiarles parte importante de sus terrenos para un proyecto vial de mala calidad y mal planteado.

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