¿El mundo que estamos construyendo, el mundo que estamos destruyendo o el mundo que debemos construir?
Actualmente nos leen en: Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

Editorial: ¿Por qué somos como somos?

Equipo La Ventana ciudadana

Periodismo ciudadano.

Nadie puede negar en nuestros tiempos que el capitalismo se ha impuesto en la gran mayoría de las sociedades de Occidente y, para asombro de muchos, también bajo el régimen comunista de la República Popular China. Aunque esta poderosa nación asiática ha ido construyendo un exitoso modelo híbrido dominado por el estatismo,  ha  dejado amplios y crecientes   espacios a otras  alternativas fundadas en la empresa privada y en emprendimientos comunitarios y familiares.

Chile, por supuesto, no está ajeno a esta realidad. La dictadura gremialista – militar hizo posible que esta pequeña nación de la América Latina se transformase en el laboratorio ideal para llevar a los niveles más extremos las convicciones ideológicas del monetarismo neo-liberal, hasta un punto en que nuestro lento capitalismo industrial con sus anquilosadas formas de actuar fue avasallado conforme a los dictados de Milton Friedman, el santón de Chicago reverenciado desde la Pontificia Universidad Católica.

La “propiedad privada”,  señalada como  ícono y fundamento de las libertades individuales,  y el “afán de lucro” como la savia que nutre la actividad económica, pasaron a ser los principios señeros de nuestra ejemplar revolución. Como precisara recientemente el Presidente de la República (comentando la escandalosa “colusión de los pollos”),  la libre competencia entre los privados es lo que hace posible que el ciudadano-consumidor, alcance menores precios y pueda adquirir bienes y servicios de mejor calidad.

A este esquemático planteamiento, obviamente, se le pueden formular diversas observaciones. La primera, que el modelo jamás habría podido ser implantado sino bajo la vigencia de una dictadura ya que el proceso implicó, entre otras cosas,  la atomización y destrucción de toda organización social de los trabajadores. La otra, que la consagración constitucional   de  la sacrosanta propiedad privada solo fue realmente en beneficio de unas cuantas familias que en un par de años se apoderaron a vil precio de  las empresas que eran  del Estado y hasta de los derechos sobre el  agua y los recursos pesqueros. Asimismo, que la alabada “libre competencia” era un mito,  toda vez que el empresariado nacional, como lo ha demostrado la historia reciente,  se ha coludido sistemáticamente desde el más alto nivel.

Sin embargo, más allá de lo antes  indicado es necesario reflexionar sobre el “afán de lucro” señalado como  la única motivación de la actuación de los seres humanos en el plano económico. Los paladines del modelo, con el apoyo irrestricto de los grandes medios de comunicación, han procurado defender este aspecto netamente  ideológico  de sus convicciones mediante un hábil malabarismo verbal haciendo ver que todo el mundo busca ganar dinero a través de sus actividades personales pero silenciando la circunstancia de que esa no es la única razón que da sentido a nuestras vidas y ocultando que el principal problema práctico radica en el abuso de su posición dominante para aumentar sus ganancias en perjuicio del ciudadano común.

La inmensa mayoría de las personas es portadora naturalmente de sentimientos, que luego derivan en conductas, de amistad, de generosidad, de solidaridad, de preocupación por los demás, lo que se puede constatar en el día a día.

Sin embargo, los sectores económicos y financieros dominantes, han procurado crear una cultura del egoísmo individualista que paulatinamente ha permeado a través de  los intersticios de la vida en sociedad. Su herramienta de trabajo la podemos encontrar en el consumismo desenfrenado que nos conduce irreflexivamente no a ser mejores personas sino a tener  muchas cosas que adquirimos sin necesitarlas, que luego desechamos sin usarlas, movidos por una pulsión enfermiza de adquirir algo “porque está barato”, “porque se puede pagar en ene cuotas” y, finalmente, porque eso nos hace posible hacer ostentación de nuestros bienes frente a nuestros pares.

Muchos analistas, especialmente en los círculos intelectuales y académicos de los  Estados Unidos, han escrito sobre “el renacer del pensamiento comunitario” considerando que su desarrollo hace posible que seamos mejores personas y con ello contribuyamos a construir una mejor sociedad, procurando imbuir a discípulos y alumnos con sus ideas. Se trata de una tarea ardua y de éxito incierto, toda vez que debe enfrentar el muro petrificado de la ideología dominante que ha copado no solo la economía, sino también la política, la cultura,  la religión, la sociedad en general.

Para muchos, como el filósofo francés Gilles Lipovetsky, el capitalismo llegó para quedarse. Es difícil imaginar que en el corto plazo se produzca un giro sustantivo que altere radicalmente una realidad que se ha ido consolidando en el mundo y que ha logrado el control de nuestras vidas y de nuestro pensamiento. Una gran crisis, una gran guerra, el agotamiento de los recursos naturales, el amenazante cambio climático, pueden alterar este pronóstico pero todo ello puede ocurrir en el largo o larguísimo plazo.

Lo realista hoy, es enfrentar en el día a día los abusos de los grupos de poder, cerrando el paso a las colusiones, impidiendo que su morboso afán de riqueza destruya para siempre nuestro territorio y acabe con nuestros recursos naturales, formando a nuestros niños y jóvenes en  valores positivos   que hagan de la solidaridad una vivencia que nos encamine hacia una sociedad más humana. Si somos capaces de organizarnos, de transformar nuestras inquietudes en convicciones que sean asumidas como valores propios de personas y comunidades que aspiran a edificar un mundo mejor para  legar a nuestros hijos, podremos decir que algo hemos aportado. Si, por el contrario, optamos por la pasividad y la sumisión, una cuota del futuro que vemos que se avecina, será de nuestra responsabilidad.

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

1 Comentario en Editorial: ¿Por qué somos como somos?

  1. Se concluye que si seguimos siendo como somos, más temprano que tarde, dejaremos de ser. Muy de acuerdo con lo planteado. Conclusión: el sistema político-económico propuesto por el mentado santón de Chicago no sirve. La libre competencia no funciona. Esta demostrado que este sistema no se logra conseguir un bien o servicio de la mejor calidad al menor precio. Lo que sí permite es conseguir la peor calidad al más bajo precio. El peor sistema para licitar la compra de bienes y servicios es el implementado a través de Chilecompras y esto le cuesta muy caro a Chile.

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl