La ciudadanía no puede permitir que lleguen al gobierno, los que se coluden contra sus intereses.
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En la Búsqueda de un Relato.

Maroto, desde Canadá.

Julio Cortázar decía que un buen relato es aquel que se estructura sobre la base de tres pilares esenciales: intensidad, tensión y significación.

El primero de ellos, la intensidad, está relacionado estrechamente con la brevedad de lo contado. Un relato debiera centrarse en narrar solo lo necesario, dejando de lado lo accesorio; de esta forma, no hay distracciones que disminuyan la tensión del mismo, dejando a la vez espacio para que la creatividad del lector llene con su propia imaginación los vacíos dejados.

El segundo pilar, la tensión es el que,  según Cortázar, hace que el lector no pueda ni siquiera respirar mientras dura la lectura. Un buen relato es entonces aquel que se lee de una sola vez, seduciendo al lector de manera que éste no pierda el interés en ningún momento. Un buen relato despierta las pasiones, imaginación y sentidos de un lector, comprometiéndolo con la historia de principio a fin.

Finalmente, el tercer pilar,  y última característica fundamental de un relato,  es la significación. Ésta revela que los hechos contados transmiten una historia que se extiende mas allá de la presentada a simple vista por las palabras. Un buen relato es aquel que permite al lector volar más allá de lo escrito; a través de su lectura, el lector se proyecta, imagina, sueña y cree.

Nuestra historia política está llena de momentos en que motivadores relatos inspiraron a nuestro pueblo, llevándolo a comprometerse en causas que aspiraban a construir un Chile mejor. La inolvidable Revolución en Libertad de los años 60 y la Vía Chilena al Socialismo de los 70, son claros ejemplos de esto. No es necesario estar a favor o en contra de lo que estos ejemplos significaron, para reconocer en ellos la existencia de un relato que supo apasionar a chilenos y chilenas, comprometiéndolos, incluso a riesgo de sus vidas, en la lucha por construir un Chile más justo y solidario. El primero, planteó la posibilidad de realizar cambios profundos en el país a través de la creación y fortalecimiento de las organizaciones sociales y comunitarias, de manera que las reformas necesarias para enfrentar  y mejorar las condiciones de vida de los sectores históricamente postergados, nacieran desde la comunidad y no desde el Estado. El segundo, planteó que era posible lograr que un país esencialmente burgués y subdesarrollado como Chile,  transitara democráticamente y en forma pacífica hacia el socialismo,  facilitando de esta forma el establecimiento de las condiciones necesarias para la creación de un estado socialista. Sin perjuicio de la valoración personal que tengamos acerca de estos dos proyectos, es incuestionable que ellos motivaron a cientos de miles de chilenas y chilenos, a trabajar por una causa que, en su tiempo, ellos consideraron justa.

La derrota de la dictadura permitió que los primeros gobiernos de la transición estuvieran imbuidos por un relato marcado por el anhelo de recuperar la democracia, reconstruir la Republica y sus instituciones,  y avanzar en hacer de Chile un país realmente libre, más justo y solidario. Desafortunadamente, a medida que pasaron los años,  este relato empezó a desvanecerse, perdiéndose en una maraña de negociaciones, compromisos y concesiones, que lo terminaron transformando en algo insípido y sin capacidad de inspirar, motivar o convencer a la ciudadanía.

Hoy en Chile, es innegable observar que cuando usamos la expresión “relato político”, constatamos con tristeza y frustración la ausencia absoluta de éste. Claro ejemplo de ello son los gobiernos de Piñera y Bachelet (segundo gobierno) que,  a base de improvisaciones y ejecuciones desprolijas,  han dejado en evidencia la falta de un relato que con intensidad, tensión y significación atrapen y cautiven a la ciudadanía.

Y más alarmante aún, es observar como los partidos y coaliciones políticas de todos los sectores se conforman con esta realidad y se preocupan más del resultado de la última encuesta o de determinar cuál es el mensaje que es necesario repetir para aparecer en la televisión y diarios de los poderosos, en lugar de concentrar sus esfuerzos en construir un relato acerca del país que necesitamos y queremos construir. Más de 20 candidatos han manifestado ya su intención de competir en las presidenciales del 2017 y en ninguno de ellos es hasta ahora posible encontrar un relato sólido, que sobre la base de un análisis de la realidad nacional y no el mero populismo electoral, intente motivar a la ciudadanía a comprometerse por las causas de la justicia, equidad y modernidad.

Hoy, es no solo prioritario sino que urgente, que aquellos partidos políticos que históricamente inspiraron a nuestra juventud, recuperen su esencia y se concentren en lo importante, construyendo un relato que comprometa e inspire. Hoy, es no sólo prioritario sino que urgente,  que los nuevos movimientos sociales y políticos que tímidamente emergen en nuestro país, asuman también su responsabilidad en la construcción de este nuevo relato,  ya no desde la facilidad de la crítica, sino que desde la seriedad de la propuesta.

Y este relato no se construye desde las encuestas; este relato no se construye a partir de las agendas noticiosas interesadas de algunos medios de comunicación; este relato no se construye desde los mezquinos intereses y la ambición por mantener cuotas de poder. Este relato se construye desde la constatación de las situaciones de injusticia, marginación y desigualdad que observamos aún en Chile. Si este nuevo relato nos lleva a ganar elecciones, excelente. Si la construcción de este relato nos lleva a perder las presidenciales, así sea.  Aceptémoslo con la tranquilidad de quienes saben que una lucha consecuente vale mil veces más que pírricas victorias electorales.

Nuestra prioridad en los próximos meses debiera ser lograr que todos aquellos que creemos en un Chile progresista seamos capaces de converger en la formulación de un nuevo relato, que reconociendo los éxitos y fracasos de los últimos años, esboce con claridad y firmeza el Chile que queremos, un Chile más solidario e igualitario. Ganar las elecciones presidenciales es importante. Sin embargo,  construir un relato consecuente con nuestros sueños e ideales lo es aún más.

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