La ciudadanía no puede permitir que lleguen al gobierno, los que se coluden contra sus intereses.
Actualmente nos leen en: Alemania, Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Rusia, Australia, Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

ESPEJITO, ESPEJITO…….¿QUIÉN ES EL MÁS BONITO?

Esteban Lobos, analista.

Hace ya seis años, cuando se detectó el grave déficit financiero del Transantiago,  y el Ejecutivo presentó un proyecto de ley para establecer un subsidio permanente en su favor (subsidio que, a la fecha, suma varios miles de millones de dólares),  los parlamentarios elegidos en representación de las diversas regiones del país, en un acto inusitado de rebeldía,  condicionaron su aprobación a la creación de un “fondo espejo” de monto similar para financiar proyectos de transporte público fuera de la región metropolitana. ¿Qué ha pasado desde entonces?

El problema en sí, es bastante complejo y da para un largo análisis.

El propósito de la iniciativa respaldada por el Ministro de Hacienda de la época, Felipe Larraín, era claro: que con rentas generales de la nación (es decir con impuestos pagados por todos los chilenos, incluso por aquéllos que en su vida habían viajado a Santiago),  se financiara un servicio público de movilización urbana e interurbana de un sector acotado del territorio pero que concentra sobre un 40% de la población (con evidente importancia electoral).

Al discutirse esta idea (bastante escandalosa por lo demás, si se la mira desde el punto de vista de la equidad territorial), jamás se evaluó técnicamente la enorme cantidad de recursos públicos  que, día tras día,  directa o indirectamente, se aplican en mejorar las condiciones generales del transporte metropolitano vía ensanches, establecimiento de vías exclusivas,  construcción de rotondas, eliminación de rotondas, soterramientos y un cuanto hay, en una rueda sinfín capaz de devorar cualquier suma de dinero que se ponga a su disposición. No debemos olvidar que, como ya lo hemos señalado en comentarios anteriores, el solo incremento  del parque automotor en la capital,  implica la habilitación de  ¡dos mil cuadras cada año!   de nuevas vías.

Otro aspecto del análisis  (bastante conocido pero deliberadamente ignorado) es el relativo a la extensión del área urbana de Santiago,  lo que deriva en el surgimiento de nuevos problemas de transporte,   ya que las personas que prestan servicios en casas particulares u oficinas de estos barrios emergentes, se ven obligadas a efectuar diariamente travesías cercanas a las tres horas en ida y vuelta.

El fuerte lobby del poderoso sector de la construcción,  ha logrado quebrarle la mano a la racionalidad en favor de sus apetitos económicos muy obsecuentemente atendidos por la institucionalidad pública correspondiente permitiendo la expansión de la urbe. El siguiente paso, ahora, es presionar para la ampliación de las redes del tren urbano, logrando así que su inversión en terrenos agrícolas,  a los que se les cambió el destino a residenciales  con la consiguiente plusvalía para estos audaces emprendedores,  se multiplique aún más  a costa de los recursos públicos. Ingenuo sería pretender que este enriquecimiento privado absolutamente injustificado, tributara como ética y socialmente corresponde.

Y, dentro de todo este maremágnum, el hecho concreto es que el Ministerio de Transportes, que por su propia naturaleza está llamado a la gestión sectorial atingente a todo el país, se ha ido constituyendo  paulatinamente en el “Ministerio del Transantiago”, pues a este problema consagra más del 90% de sus energías, perdiendo de esta manera su visión panorámica para encerrarse en la inmediatez cegado por las urgencias.

En estos días, se han  hecho públicos dos hechos: Uno, que gran parte de los recursos  provenientes del “fondo espejo”,  han sido aplicados a iniciativas que nada tiene que ver con el transporte que era su objetivo inicial; Dos, que sobre 930 millones de dólares se encuentran actualmente empozados en el llamado Fondo de Apoyo a las Regiones, ya que la Dirección de Presupuesto del Ministerio de Hacienda considera que muchos de los proyectos presentados por los Gobiernos Regionales carecen de la rentabilidad social mínima que justifique el giro y ocupación de estos recursos.

El problema es preocupante. En una economía nacional bastante ralentizada mantener recursos inmovilizados constituye, a todas luces, un atropello a la razón. Más allá de esta obviedad, es necesario replantearse desde un punto de vista humano y social, los criterios conque se evalúan los diversos proyectos a cualquier nivel. Un teleférico desde Vitacura, Las Condes o Lo Barnechea hasta el centro santiaguino, probablemente será plenamente justificado por los tecnócratas. Al contrario, un puente que permita integrar a una comunidad aislada de una decena de familias, o una lancha que haga posible que unos niños lafquenches se trasladen en condiciones dignas a su escuela y no flotando en una cámara de neumático, será desechado en un escritorio capitalino.

En todo caso, la culpa esencial radica en los provincianos que toleran resignadamente este tipo de abusos. Enfrascados en agotadoras y estériles luchas por transformarse en comunas o en regiones, para satisfacer así a las elites políticas locales, son incapaces de darse cuenta que la esencia del problema está en otra parte. Espejito, espejito…¿Quién es el más bonito? Santiaguito, Santiaguito, responderán con engolada voz desde una mullida oficina capitalina.

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

Sé el primero en comentar

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl