«Nuestro país requiere sumar voluntades tras el logro de cambios significativos en la sociedad. Todos los estamentos públicos y sociales, deben cambiar: egoísmo por solidaridad,  crecimiento por desarrollo, Compromiso por la displicencia y la apatía,…  Sumando a ello una visión integral de ciudadanía , la sabiduría por la ignorancia,  unidad por sobre dispersión«

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La trampa del sofista. La construcción de discursos con la no verdad.

Rodrigo Pulgar Castro

Doctor en Filosofía. Académico U. De Concepción.

Parece tarde, pero por mucha advertencia sobre el manejo de las narrativas y su efecto manipulador, ya normalizamos la falsedad como mecanismo propio de la cotidianeidad socio-política.  El asunto que la falsedad, la mentira que es una de sus formas sinónimas, tiene como uno de sus objetivos desacreditar a una persona o institución para restarle legitimidad, por tanto, quitarle autoridad como lugar de referencia en el espacio público. También actúa a manera de argumento de distracción de las urgencias sociales al ser usada como herramienta en algunos relatos políticos.

Cada trama argumentativa construida para enlodar, no considerada que lo esencial en el proceso de construcción de los espacios comunes, tiene por característica asumir el dialogo entre varias cosmovisiones representadas por personas. El diálogo en sí, se propone aclarar posiciones a fin de acordar de manera procedimental aquellas formas racionales de articular el deseo de bien personal con una carga de obligaciones que, al ser deberes, traducen responsabilidades políticas y sociales respecto del bien común. Pero en tiempos líquidos, aquello poco importa para algunos y algunas, pues no hay interés real en desnudar falencias o comprobar aciertos argumentativos mientras pueda obtener algún beneficio que, no en pocos casos, consiste en mantener una posición de dominio socio-cultural, de poder en sentido práctico, lo cual traduce entre líneas algo de terrible espanto a perder posiciones de privilegio.

Existe cierta sensación que estamos en el punto de la curva donde se insinúa el peligro de extraviar la inteligencia sobre la urgencia y necesidad del juicio crítico. En efecto, extraviada la claridad del juicio, la perspectiva de lectura sobre la realidad, y las innumerables -innombrables algunas- de sus narraciones, se confunde en el error si no existe mirada crítica que distinga el camino de baches que se construye desde el desprecio a la verdad. Vetado el juicio crítico,  se aleja cada vez más la posibilidad de comprender que  todo sofismo político es una falacia que alimenta la trama elaborada desde un interés circunstancial-individual o político colectivo, lo cual en sentido interpretativo corresponde al plano de la deformación ideológica que es lo peor de aquello, ya que no solamente se propone pasar por verdad lo falso, sino instalar -dentro de otros objetivos- la desconfianza para activar reacciones en contrario y que van desde el insulto, la amenaza y la degradación para cancelar toda propuesta de bien común proveniente del  ofendido.

Es sabido, lo cual no necesariamente asumido, que sin la intervención del juicio alimentado por valores como es el respeto a la dignidad humana, lo que algunas narraciones plantean significa la instalación de una serie de riesgos para todo proceso de construcción del habitad común. Entre estos riesgos algunos son la percepción de inestabilidad, miedo al otro al verlo como esa larga sombra que oscurece proyectos individuales y colectivos… Toda la trama político-sofista es síntoma, por cierto, de cierta ligereza en tomarse la idea de espacio común, son pequeños gestos tramposos que van horadando el deseo de apertura a modelos de desarrollo más dialogantes y, por tanto, más plurales. Pero   en algunos casos, no son pequeños gestos, sino grandes que mancillando el honor (palabra que califica lo propio y que con ligereza se deja de lado por lo que se considera de interés para un sujeto político), simplemente niega la dignidad y, de paso, es cómplice activo en un proceso de destrucción de lo cotidiano (plano socio-político) y del significante del rostro del otro como lugar de descubrimiento de sí mismo (plano ético social)… Mas,  al decir esto se reconoce un hecho propio de la narración, vale decir: el argumento construido con materias de falsedad tiene un efecto rebote, pues declara miedos y, algo mayor, la carencia de un fondo de razón ética para quien se comparta desde el sofisma articulado con falacias, afecta y se afecta, destruye y se destruye…

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