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La Universidad de Concepción.

Equipo La Ventana ciudadana

Periodismo ciudadano.

La Universidad de Concepción se apronta cumplir cien años de vida, hito simbólico de tremenda importancia no solo para su cuerpo académico sino para su comunidad de estudiantes y funcionarios. Tras casi un siglo de vida, el plantel de educación superior ha logrado situarse  como uno de los tres más importantes del país destacando no solo por su calidad docente sino también por la inmensa tarea que ha cumplido en el plano de la investigación y la ciencia aplicada, por su profunda vinculación con el medio en que se desenvuelve y por la irradiación constante de cultura hacia la Región y  el país.

Este primer centenario coincide con el proceso de renovación de su autoridad superior cuya primera etapa se cumplió el pasado 22 de marzo y cuya segunda vuelta se cumplirá en los próximos días circunscrita, ahora, a los profesores Carlos Saavedra y Bernabé Rivas, quienes obtuvieron las dos primeras mayorías.

El debate entre los cinco aspirantes a la Rectoría fue abierto, respetuoso, de alto nivel, y logró convocar prácticamente a un 85% de las personas habilitadas de acuerdo a sus Estatutos, hecho que de por sí contribuye a sustentar y consolidar  el reconocido prestigio de que goza la Casa de Estudios.

Independientemente de quien sea finalmente  escogido para regir la Universidad, se le plantearán al nuevo Rector importantes desafíos que, según la forma en que sean abordados, marcarán el rumbo de su marcha por las próximas décadas.

Materialmente, la Universidad de Concepción dispone de un campus que es, sin lugar a dudas, el más relevante del país y que pronto se complementará con la implementación del Parque Científico y Tecnológico, hecho que por sí mismo está llamado a constituir una verdadera revolución en el campo de las ciencias puras y aplicadas.

Por sobre eso, y aun teniendo presente el riesgo que hoy implica el uso del término, la Universidad, en su historia,  se ha definido ideológicamente dentro de los parámetros de la libertad y del pluralismo, conjugación difícil de sostener en una sociedad contemporánea marcada por fuertes tintes de individualismo y extremismo,  expresados teórica y prácticamente por individuos que tienen temor al diálogo y a la discusión,  y que privilegian el uso de la radicalidad verbal y física buscando imponer sobre los demás sus estrechas visiones del mundo como si ellas constituyesen la verdad. Si bien tales actitudes pudieran ser explicables (aunque en ningún caso justificables)  en el plano del estamento estudiantil, sería incomprensible que los cuadros directivos del plantel cedieran a presiones generadas por grupúsculos obviamente minoritarios que, abusando de los privilegios que la sociedad les reconoce y financia, amenazaran el “desarrollo libre del espíritu”, tradición irrenunciable que constituye la esencia misma de esta casa de estudios superiores.

El nuevo mandato rectoral debiera encaminar al plantel hacia la asunción de una clara misión  de “universidad nacional”. Lo dicho no implica un crecimiento territorial mediante la apertura de nuevas sedes, sino un compromiso profundo con el devenir del país. En un Chile altamente centralizado, que insiste a través de la concentración de los recursos económicos, financieros, comunicacionales, en demostrarnos que todo lo importante sucede en “la capital”, se hace indispensable quebrar esa realidad y,  para ese fin, nadie está mejor capacitado que un plantel como éste. Su cuerpo académico tiene el deber de expresar y divulgar constantemente opiniones sobre las políticas públicas, sobre los problemas más trascendentes del país para que se entienda de una vez por todas  que el país real tiene capacidad de pensar y reflexionar sobre el presente y el futuro. Las Escuelas de Verano (que han devenido lamentablemente  en jornadas de menor cuantía), Seminarios temáticos en colaboración con organismos internacionales y universidades de primer nivel mundial, pueden constituir, entre muchas otras alternativas, el camino adecuado para posicionar a la Universidad de Concepción en el lugar relevante a que la llama el siglo XXI.

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