La mejor defensa de la ciudadanía ante los embates del Neo Liberalismo,frente al dominante Señor Mercado es, Fomentar la conciencia crítica y el razonamiento colectivo.
Actualmente nos leen en: Alemania, Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

Las Isapres en problemas

A partir del gobierno gremialista-militar, la atención de la salud en el país se ha encauzado por dos vías: una, la que se realiza por el Estado,  ya sea directamente a través de los servicios de salud, ya sea indirectamente por medio de los municipios que, percibiendo una subvención fiscal, dan la cobertura de atención  primaria a la población. La otra vía, funciona por el mecanismo privado, autofinanciado,  de las llamadas Instituciones de Salud Previsional (ISAPRES).

La atención estatal presenta una amplia gama de problemas (déficit financiero, déficit de especialistas, carencias de equipamiento tecnológico y de camas, burocracia administrativa, problemas gremiales, etc.),  pese a lo cual debe hacerse cargo de otorgar prestaciones a todas las personas que no han optado por el sistema privado.

Las ISAPRES, por su lado, atienden a una fracción muy menor  de la  población (la de más  altos ingresos), funcionan a través de clínicas de su propiedad, disponen oportunamente de avanzada tecnología y brindan, por supuesto, mejor hotelería. Estas entidades son, por ahora, el objeto de nuestra preocupación.

Para una mejor comprensión del problema es necesario despejar la cancha previamente puntualizando algunas cosas que son evidentes, que constantemente se callan y por calladas, se olvidan.

Las ISAPRES son empresas privadas y tienen evidentes fines de lucro. Como tan acertadamente señalaba el padre putativo de los Chicago Boys, Milton Friedmann, la finalidad primordial  de toda  empresa privada es generar la máxima rentabilidad posible para sus accionistas.

En este caso específico, la propiedad  de las ISAPRES corresponde a los eufemísticamente llamados “fondos de inversión”, es decir a conglomerados financieros, en algunos casos de familias chilenas (las mismas de siempre) y en la mayor parte de capitalistas estadounidenses. Por supuesto, a estos “inversionistas en salud” no les interesa para nada  mejorar sus condiciones de atención sanitaria a sus afiliados  sino disminuir sus costos y maximizar sus utilidades.

Las ISAPRES, por ley, tienen prohibida la “integración vertical”, es decir que la misma entidad sea propietaria de toda la cadena de prestaciones  (consulta médica, clínica, laboratorio, farmacia),  por un lado para  promover la libre competencia y, por otra parte, para impedir un aumento de sus costos en perjuicio de sus beneficiarios. Las ISAPRES, tal como se comprobó en su momento   respecto de las “universidades privadas sin fines de lucro”, utilizan rebuscados subterfugios para burlar la normativa vigente. Su argumento: lo hacen para reducir costos, lo que obviamente va  en beneficio de sus accionistas y no de los afiliados. Jamás se ha escuchado que alguna de ellas haya decidido mejorar sus porcentajes de bonificación de las prestaciones consideradas en los planes de salud contratados.

Utilizando el libertinaje económico vigente, las entidades, sin excepción, castigan a ciertos sectores de afiliados tales como las mujeres en edad fértil y los eventuales pacientes de la tercera edad. Por lo demás, las declaraciones de “preexistencias” exigidas al momento de la afiliación demuestran palmariamente que a estas empresas les interesan los afiliados con menores riesgos.

Durante tres décadas, las ISAPRES periódicamente han subido  masivamente los precios de sus millares de “planes de salud”. La frondosidad de la oferta disponible tiene por objeto impedir que los afiliados puedan comparar valores. Así, la víctima ( o sea, el afiliado) no tiene otra opción que aceptar el alza o tolerar que, por el mismo precio contratado (que es reajustable día a día puesto que está en Unidades de Fomento) reciba menores beneficios.

Estas arbitrarias e infundadas alzas han generado, desde hace varios años, elevados niveles de rechazo. Los afectados, vía recursos de protección, han recurrido a los tribunales de justicia,  los que unánimemente  los han acogido favorablemente obligando a las ISAPRES a dejarlas sin efecto y condenándolas en costas,  por considerarlas inconsultas. Sin embargo, estas instituciones han persistido tozudamente en su proceder,  confiadas en que, por desconocimiento, la inmensa mayoría  de sus clientes cautivos terminará aceptando su unilateral decisión, hecho que les garantiza el logro de su objetivo: aumentar  sus utilidades.

Curiosamente, en las últimas dos semanas,  el diario “El Mercurio”, que presume permanentemente de defensor del interés público, ha puesto en marcha  una campaña demasiado burda contra lo que ha llamado “judicialización” o “industria de litigios por planes de isapres”. Una serie muy programada  de crónicas, día a día,  se ha referido al problema en cuestión, dando cuenta de lo que han gastado estas instituciones en pago de costas procesales, de los diferentes montos en que las cortes tasan tales costas,  del número de abogados que se dedican sistemáticamente a estas materias, de las sumas que ganado algunos, del atochamiento que estos recursos provocan perturbando la labor de la Justicia, de los procedimientos (algunos bastante poco éticos, por lo demás) que se utilizan por los profesionales para captar clientes para lo cual han dado especial cobertura a  autoridades del Colegio de Abogados.

El problema es muy complejo. Si bien es obvio que su solución es de carácter legislativo (en Chile, todo se soluciona dictando una ley), llama la atención, más allá de las responsabilidades de los sucesivos gobiernos, que la Asociación Gremial que defiende los intereses de estas empresas y que maneja ingentes recursos financieros y profesionales, no haya sido capaz, en más de una década, de engendrar un proyecto de ley  para someter a la consideración de la ciudadanía,  que establezca un mecanismo objetivo, técnicamente irreprochable,  que fundamente alzas de precios en los casos en que ello corresponda pero que ampare a los afiliados frente a las conductas abusivas que se denuncian.

Pareciera ser que el abuso unilateral, infundado, descontrolado, es un muy buen negocio a pesar de todo.

Por supuesto, el abordaje de este asunto puntual pasará por la decisión del nuevo Ejecutivo en cuanto a regular el sistema y de su capacidad para alcanzar acuerdos políticos que hagan viable una reforma sensata y justa que no sea vista como por los afiliados como una legalización de la especulación y el abuso.

Por otra parte, reconociendo el legítimo derecho de las personas a optar por sistemas de salud financiados con sus propios recursos, bueno sería que se trabajara en la implementación de sistemas asociativos, solidarios, de carácter mutual o cooperativo que se perfilaran por sobre el burocratismo estatal y por sobre la concepción de la salud como un negocio lucrativo. En este terreno, la Democracia Cristiana especialmente está muy al debe. Este partido tiene en su ADN la necesidad de construir una economía humana pero, lamentablemente, sus dirigencias, enredadas  constantemente en el juego del poder, han sido incapaces  de traducir esos principios fundamentales en respuestas concretas a la gente.

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

1 Comentario en Las Isapres en problemas

  1. Certero análisis el de Esteban Lobos sobre la situación de la salud en Chile. Por un lado, la salud pública en graves problemas desde hace décadas y por otro, la salud privada con las Isapres que llenan las faltriqueras de sus propietarios en forma desmedida a costillas de sus usuarios.

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl