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Los tiburones…¿En peligro de extinción?

Los tiburones constituyen una de las especies marinas más reconocidas. Múltiples relatos de acontecimientos sucedidos en los mares tropicales, dan cuenta de su agresividad. Filmes famosos han mostrado el temor que suscita su sorpresiva aparición entre nadadores y turistas. Naciones asiáticas consumen sus aletas ya que se les atribuyen poderes afrodisíacos. Pescadores del mundo, incluso del norte de Chile y del Perú, los persiguen para cercenar sus cuerpos y comercializar el apreciado botín. La subsistencia de este escualo está en peligro. Lo que la mayor parte de la gente desconoce, es que también existen tiburones de tierra.

Es habitual que ciertos hechos sean ocultados por la “prensa seria” o presentados de tal forma que son vistos como irrelevantes o, incluso, como positivos y beneficiosos para los consumidores.

Para este comentario, hemos seleccionado dos casos.

Watts Alimentos, S.A., nació en 1941 como una empresa  perteneciente a la  familia Watt. Como tantos pequeños emprendimientos, se dedicó a la elaboración y comercialización de mermeladas caseras. En 1970,  incorporó como socio a la Familia Larraín (hoy Larraín Cruzat) e incursionó en el mercado de los aceites y las margarinas. En 1980, al instaurarse en el país las políticas económicas neoliberales, fueron apremiadas financieramente diversas cooperativas (Unicoop, Bellavista-Tomé, Cooperativa Agrícola y Lechera de Osorno, entre muchas otras), lo que les trajo múltiples problemas que las llevaron a su liquidación como empresas de esta naturaleza. La familia propietaria de Watt’s aprovechó el momento, compró Loncoleche S.A. y, al año siguiente, la poderosa y prestigiada Cooperativa de Osorno. Al día de hoy, Watt’s mantiene actividades productivas en diversos países y comercializa con éxito en el inmenso mercado chino. Paulatinamente, ha adquirido reconocidas marcas y llega a los hogares a través de los aceites Chef y Cristal, y de la amplia gama de productos que se comercializa bajo los nombres de Astra, Palmin, Frugo,  Wasil, Regimel, Danone, Lácteos Valdivia, Frutos del Maipo, Calán, entre otros. Toda una historia de éxito empresarial.

Como el tiburón de tierra es un animal esencialmente voraz, no sorprendió el hecho de que   en la última junta de accionistas de Watt’s Alimentos, su gerente general, Rodolfo Véliz, indicara a los socios, según informó “El Mercurio”,   “que uno de los problemas más graves que enfrenta su firma es la distorsión del mercado lácteo chileno”…”debido a que existen mecanismos, como el modelo de cooperativas, para que grandes empresas puedan evadir impuestos”. “La diferencia se habría exacerbado (comenta  el diario empresarial) con el alza de impuestos a las empresas, que hoy tributan 27%”.  Como la “evasión tributaria” es un delito, Véliz no tuvo el coraje de identificar con nombre y apellido a los eventuales delincuentes evasores. El decano de la prensa tradicional, suavemente,  comentó, que Veliz aludía tácitamente a Colun (Cooperativa Agrícola y Lechera La Unión).  Su gerente, Lionel Mancilla Lausic respondió indicando que los principales beneficiados de las cooperativas “son socios pequeños y medianos que no podrían subsistir bajo otro tipo de asociación mercantil”.

Por supuesto, el angustiado Véliz sabe perfectamente que, por su propia naturaleza, como empresas asociativas que no son de capitalización, las cooperativas en los diversos países están sujetas a regímenes legales e impositivos diversos a los de las empresas capitalistas pues, cumplen otras funciones desde el punto productivo y  social (tema al que nos referimos en un comentario anterior). El verdadero “problema” de su empresa consiste en la necesidad de sacar del mercado a un competidor pequeño, pero que avanza gracias a la calidad de sus productos.

Otro caso. El gremio que agrupa a los supermercadistas ha  reanudado su lucha, detenida bajo el gobierno anterior, para que se autorice  la comercialización en las estanterías abiertas de sus locales, de medicamentos no sujetos a receta médica. Los diversos sectores profesionales vinculados al área de la salud (médicos, químico- farmacéuticos y afines) han insistido en rechazar  esta posibilidad, toda vez que se fomenta así la automedicación irresponsable, pues incluso los productos que no requieren legal y reglamentariamente prescripción de un facultativo, pueden afectar la salud de las personas. El argumento de las grandes cadenas (Jumbo, Santa Isabel, Unimarc, Totus, entre otras.) es un solo: que ello fomentaría la competencia y,  por supuesto,  haría bajar los precios en beneficio del consumidor. Cuando las tres grandes cadenas (Cruz Verde, Ahumada, Salcobrand) se apoderaron del 90% del mercado de los medicamentos, se dijo también que la competencia reduciría los precios. Si se hiciera un análisis detallado de la evolución en el tiempo de los precios-público de algunos productos tradicionales, se constataría  que su monto, en términos reales, se ha elevado sistemáticamente. Si se atendiera a productos más específicos, se constataría que la competencia “intercadenas” es más aparente que real. Los problemas de este mercado de la salud son más complejos. La localización de las farmacias se ha concentrado en determinadas comunas y sectores, las farmacias de turno prácticamente han desaparecido,  la posibilidad de consultar e informarse para acceder a bioequivalentes con el profesional o auxiliar de farmacia es prácticamente inexistente ya que predomina el interés por la comisión y la venta rápida. ¿Puede alguien, en su sano juicio, creer en  la comercialización en supermercados reducirá los precios?

Como, en general, se informa poco sobre la materia, las personas desconocen el peligro que para ellas representan los “tiburones de tierra”. Y, si lo conocen, no saben cómo defenderse.

El problema es que hay ciertas épocas en que el clima político se muestra muy favorable para el crecimiento de este feroz escualo que aparece como inofensivo pero que abusa de nosotros.

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1 Comentario en Los tiburones…¿En peligro de extinción?

  1. Buena artículo y buen paralelo entre tipos de escualos. Queda claro que los tiburones terrestres son más peligrosos y depredadores que sus congéneres marinos.

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