¿El mundo que estamos construyendo, el mundo que estamos destruyendo o el mundo que debemos construir?
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Pelea de pulpos

En el hablar popular, es frecuente el uso de la expresión que dice que algo “está más enredado que pelea de pulpos”, términos que perfectamente pueden ser aplicados a la situación presente de la política chilena.

Si se quiere hacer un esfuerzo de comprensión, es imprescindible poner sobre la mesa algunos datos inexcusables.

1.- Sebastián Piñera alcanzó la Presidencia de la República con una muy significativa mayoría electoral pero sus oponentes, por su lado, lograron clara mayoría tanto en la elección de diputados como de senadores en los primeros comicios realizados sin el irregular y engañoso sistema binominal.

Por consiguiente, hay un argumento extremadamente falaz cuando se afirma que el mandatario tuvo un abrumador apoyo a su  programa.

2.-El dato anterior configura un panorama bien definido que muestra, por un lado,  una alianza oficialista ordenada (pero con importantes fisuras que enfrentan a los sectores liberales de los grupos más conservadores  tendientes  al ultrismo populista)  y, en la acera del frente,  una oposición dispersa, heterogénea, contradictoria,  carente de una plataforma común y, peor aún, de  liderazgos serios y significativos que pudiesen ayudar a construir un piso común.

3.- La Democracia Cristiana, sector político inspirado en el humanismo  cristiano, marcó presencia creciente en la vida nacional durante 60 años, en una primera fase girando en torno a un centrismo renovador de la política de clara raigambre popular y, tras la dictadura, encabezando  una alianza de centro-izquierda soñada por Radomiro Tomic y concretada bajo los liderazgos de Gabriel Valdés, Renán Fuentealba, Bernardo Leighton, Claudio Huepe, entre otros.

4.- Los 20 años de gobiernos de la Concertación,  fueron sin duda positivos para el país ya que en lo político, paso a paso,  lograron consolidar la democracia y hacer realidad un régimen de libertades, en tanto que en lo económico-social impulsaron un crecimiento no visto nunca antes en la Historia del país y lograron una erradicación de la pobreza que pasó a ser considerada un ejemplo para las naciones latinoamericanas.

Si hoy se observa el pasado por el espejo retrovisor,  surgen apasionadas críticas que apuntan a la insuficiencia de las reformas políticas (“nueva Constitución”, en particular)  y a la mantención incólume de los pilares del modelo neoliberal institucionalizado por el mal llamado “gremialismo” (hoy UDI) al amparo de un régimen de fuerza.

Brevemente, se puede puntualizar que en una primera fase estuvo siempre latente el temor a la reacción de los “señores del poder” ante cualquiera iniciativa que afectara el control dominante que esos sectores militares, económicos, financieros, comunicacionales y aun religiosos,  tenían sobre el conjunto de la sociedad, y,  más tarde,  un paulatino pero creciente  adormecimiento acomodaticio que mostró incapacidad de comprensión de la nueva realidad  que la misma centro-izquierda había ido construyendo y de las demandas que a partir de ella se hacían patentes y clamorosas.

5.- Los dos últimos gobiernos de esta coalición (denominada ahora “Nueva Mayoría”) mostraron una combinación ideológicamente agotada, inorgánica, carente de objetivos claros y en que quedó claro a los ojos de la ciudadanía que su lucha solo buscaba  la mantención “del poder por el poder”. Más aún, mostró signos de corrupción particularmente en el campo del financiamiento de la actividad política en que desvergonzadamente recurrió incluso a empresarios que habían hecho su fortuna al alero de Augusto Pinochet.

Tras ese esquemático recuento, el resultado de las elecciones del 2017 era totalmente previsible. El desastre electoral logrado con un candidato improvisado, el alejamiento  de sectores supuestamente más jóvenes y progresistas  (que hasta ahora están lejos de “dar el ancho”) y la torpe aventura de la DéCé en busca del camino propio, fueron la consecuencia lógica de desatinos mayúsculos.

Tras 14 meses de gobierno de la eufemísticamente denominada “centro-derecha” que ha mostrado más efectos comunicacionales que realizaciones efectivas, el panorama opositor es, por así decirlo, bastante brumoso y, podría decirse, casi oscuro. La “modernización tributaria” propuesta por el actual Ejecutivo (que de simplificación burocrática tiene mucho menos que de reforma destinada a promover la inversión favoreciendo a los grandes consorcios de siempre, tanto nacionales como extranjeros) constituye el primer aterrizaje real de implementación del programa de Piñera. La variopinta oposición logró en su interior  un cierto consenso en cuanto a anunciar su rechazo “a la idea de legislar” como una forma de obligar al Ministro  de Hacienda a modificar diversos aspectos del proyecto que resultaban inaceptables (rebaja tributaria a los poderosos, integración del sistema, suavizamiento de las normas antievasión y antielusión…). La Democracia Cristiana se descolgó de dicho consenso en consideración a que, presuntamente, la ciudadanía condenaría tal rechazo y como una forma de mostrar autonomía en sus decisiones. Su determinación dio origen a una situación inmanejable en el ámbito opositor pues una decisión estratégica perfectamente tolerable aunque  legítimamente criticable abrió las compuertas para los ataques más descontrolados al interior de estas filas.

Los hechos permiten hacer resaltar la carencia de liderazgos sólidos y maduros en el arco opositor y ponen de manifiesto la ineptitud de sus dirigentes actuales para elaborar una plataforma común que simplemente le haga presente al Gobierno que, en determinadas y precisas condiciones  que responden a las grandes mayorías nacionales y no a la protección de grupos privilegiados,  se está  disponible para aprobar esta nueva reforma tributaria, poniendo entonces  la pelota en su cancha.

Por su lado, la decisión “de la Mesa Directiva”  de la  Democracia Cristiana deja a este partido   sumido en un lioso laberinto, toda vez que el acuerdo no fue jamás debatido en el Consejo de la colectividad;  que Fuad Chaín, como es público y notorio,  “se asesoró” con Jorge Burgos y otros militantes de su línea; y que, importantes diputados  más la casi totalidad de sus senadores han manifestado categóricamente sus discrepancias .  Estos “detalles”  puede arrastrarla a una severa crisis interna,  a su irrelevancia político-electoral  y a que, como efecto no perseguido,  a través de la opción  del aislamiento y del  camino propio, contribuya  a que la “centro-derecha” logre  por primera vez en la historia un segundo mandato consecutivo..

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