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SEIS QUEDARÁN EN EL CAMINO

En la noche del lunes 6 de noviembre, los ocho postulantes a La Moneda se presentaron en el debate organizado por ANATEL, asociación que agrupa a los principales canales de televisión abierta del país. Unos y otros fueron  sometidos al escrutinio de cuatro periodistas (Oneto, Del Río, Núñez y Ulloa) durante prácticamente 145 minutos. Los canales alcanzaron una sintonía conjunta superior a los 43 puntos, cifra que es bastante satisfactoria en cuanto a mejorar los niveles de interés ciudadano por los próximos comicios.

Un análisis general del debate, permite algunas afirmaciones positivas: Bien organizado, sobrio, con exclusión de las “barras bravas” y sus gritos, con profesionales de la prensa bastante preparados pero que, una vez más, insisten en  que su tarea es cazar con un dato al entrevistado y no la de informar adecuadamente al telespectador.   Lo más destacable, por supuesto, el hecho de otorgar a los competidores condiciones equiparables sin excluir nombres arguyendo bajo puntaje en las encuestas, las que, como ha quedado demostrado hasta la saciedad  (especialmente las semanales que carecen de toda rigurosidad técnica) no son predictivas, toda vez que excluyen el mundo rural y, generalmente, muestran alrededor de un 25% de “no sabe” y “no responde”.

Más allá de las formas, el programa no constituyó un debate propiamente tal sino una entrevista colectiva ya que no fue considerado al menos un tiempo inicial para que los postulantes expusieran los fundamentos ideológicos y programáticos de sus candidaturas. Finalmente, fue una oportunidad para que cada uno de los ocho justificara o explicara algunos pasajes oscuros o cuestionables de su trayectoria política, pero que, como en otras ocasiones, fueron eludidos con una sarta de vaguedades e imprecisiones. Ideas nuevas, hasta ahora no conocidas, muy pocas, casi nada, salvo la cuenta previsional inicial para los niños anunciada por Goic.

Este tipo de presentaciones deja al descubierto un problema realmente grave. Estos aspirantes a líderes no buscan convencer con argumentos racionales sino que imponer a los demás su visión unilateral y a veces bastante fanática de la sociedad. Tomemos un ejemplo. Artés se quedó clavado en un modelo de sociedad y de gobierno que obviamente no responde a lo que la inmensa mayoría de las personas quiere para el país, cuestiona que el régimen político vigente sea realmente una democracia  pero sueña con una dictadura  impuesta a través de la presión y la fuerza popular por quienes, por sí y ante sí, se sienten intérpretes “del pueblo”. A su lado, aunque obviamente en las antípodas, Kast no lo hace mal. Viudo de la dictadura gremialista-militar, la evoca con nostalgia, se enorgullece de ella, asume su disposición a justificar todos los atropellos a los derechos humanos y se imagina un escenario sorprendente  de una “segunda vuelta” entre dos candidatos de derecha que excluya a los amenazantes izquierdistas.  Navarro y MEO se manejaron entre un discurso populista de gratuidades y bonos, de pago de beneficios, son que ninguno mostrara seriedad y responsabilidad en sus planteamientos.

En síntesis, salvo una sorpresa mayúscula, la elección presidencial se circunscribirá a los nombres de Sebastián Piñera, quien sin lugar a dudas pasará al balotaje, y alguno de los otros tres desafiantes.

Piñera, según las siempre dudosas encuestas, aparece en un lugar de privilegio. Todos los cuestionamientos éticos, por conflicto de intereses y negocios,  que le han hecho con vehemencia  sus adversarios, no han logrado hacerle mella y puede apreciarse que tampoco han alterado significativamente el juicio de sus seguidores. Así, resulta curioso que luego de proclamar que sus normas de conducta van más allá del piso mínimo que es el que fija la ley, acto seguido, llamado a explicar por qué razones mantiene capitales en paraísos fiscales, por qué razones declara un patrimonio de 600 millones de dólares en circunstancias que Forbes le atribuye 2.700 millones, por qué usó las “empresas zombies” para eludir impuestos, se limita simplemente a decir que todo su actuar ha sido legal y que ha pagado los tributos del caso.

Al frente, Piñera tiene nombres de variado peso electoral.

Aunque Carolina Goic se ha ganado el respeto ciudadano por la seriedad de sus planteamientos, por la formulación de políticas viables y por exhibir el más alto nivel de madurez en los debates, sus perspectivas son más bien  bajas. Líder de un partido que ha ido perdiendo paulatinamente su esencia democrática, participativa y de profundo compromiso con las organizaciones sociales y las demandas de los sectores más marginados de la sociedad, puede observar con desazón que muchas figuras parlamentarias de su colectividad han privilegiado sus propios intereses electorales por sobre los de su abanderada.

El Frente Amplio, con Beatriz Sánchez, es una clara muestra de un proyecto político fallido. Nacido al amparo de las protestas estudiantiles,  logró aglutinar en su torno toda una demanda ciudadana edificada sobre la idea de una renovación de la política. El tiempo permitió comprobar que la naciente agrupación no estaba muy lejos de los antiguos vicios de la política, que tampoco ha logrado convocar a nuevos contingentes juveniles como se pensaba y que el recurso a una bien apreciada figura televisiva no bastaba para hacer viable un proyecto cimentado en el utopismo y/o el descontento.

El periodista Guillier aparece como el más probable contrincante de Piñera en una segunda vuelta. Las estructuras del  conglomerado de partidos tradicionales que le apoya,  debieran garantizarle ese ansiado segundo lugar. Sus flaquezas pasan hoy por sus ambigüedades programáticas, por el poco compromiso de muchos de los militantes de base con el trabajo de campaña, por la enorme debilidad del Partido Socialista que debió ser su eje indiscutido y que corre el riesgo de una  debacle senatorial y, sobre todo, por la forma en que este pacto político asume su pasado. Al tiempo que el Partido Comunista (en las palabras de Karol Cariola y Juan Andrés Lagos) menosprecia la gestión gubernativa de la Concertación (contribuyendo a reabrir las heridas que dejó la exclusión de Lagos en favor de lo que decían las encuestas), es notorio, que pese a los esfuerzos del candidato por abrirse a sectores más amplios, el manejo de la operación presidencial lo tienen los mismos de siempre, cerrando las puertas al amplio mundo no clientelar.

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