El Poder del dinero, no debe ni puede prevalecer ni estar por sobre la ética, los valores ni el bien común.
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Un país sin Museo de la Memoria es un enfermo de demencia senil

Rafael Luis Gumucio Rivas

Profesor de Historia. Ex director Instituto de historia Universidad Católica de Valparaíso.

El pasar de la extrema derecha a la extrema izquierda y viceversa se ha dado muchas veces en la historia de los movimientos políticos; también es cierto que los conversos son los más fanáticos en su nueva fe: que el ex ministro Mauricio Rojas -quien fuera nominado como ministro de las Culturas y Patrimonio– se haga pasar por ex mirista  -aunque su antigua militancia sea negada por el secretario general del MIR- es sólo una fanfarronada para demostrar a sus nuevos “amos” que  su conversión al neoliberalismo y a la ideología ultraderechista es sincera y profunda, (viste muy bien haber sido un joven mirista y, hoy, ser de derecha).

Los exitosos casos del ex candidato presidencial de la derecha, en 1989, Hernán Buchi, el de actual ministro de Relaciones Exteriores, Roberto Ampuero y el del empresario Oscar Guillermo Garretón, lo demuestra, pues pasar de la extrema izquierda a la derecha -en el caso de los nombrados y de otros tanto- es un buen negocio.

Los dichos del ex ministro de las Culturas lindan con el negacionismo, teoría que niega la existencia de los campos de concentración nazis y el exterminio de millones de judíos. Los  intelectuales que defienden la no existencia de los campos de concentración  no son tan brutales como el ex ministro en cuestión: no se atreven a expresar que los crímenes y la barbarie del nazismo fueron montajes, sino una exageración por parte de los triunfadores en la segunda guerra mundial.

En ex ministro manifiesta bastante ignorancia, pues no sabe distinguir entre historia, historiografía y memoria histórica. Los museos  sobre la Shoa existen en todas las grandes ciudades del mundo, y tienen como objetivo el mantener la memoria histórica a fin de que estos hechos criminales no vuelvan a ocurrir; la historiografía, en cambio, tiene otros objetivos. En medio de tan crasa ignorancia, este personaje no comprende que la historiografía nunca ha sido objetiva, pues es la visión documentada de un historiador sobre un período determinado, y cada uno de ellos tiene miradas e interpretaciones muy distintas  acerca de un mismo personaje y/o una misma coyuntura histórica.

Los Secretarios de Estado son nombrados y removidos por el Presidente de la República, y deben seguir sus lineamientos. Sería bueno saber que piensa Sebastián Piñera sobre los dichos de su ex ministro: ¿estará de acuerdo con la aseveración de que el Museo de la Memoria es un “montaje”, es decir, una obra que podría ser de ficción o bien, una selección arbitraria de hechos reales, o también, una “telenovela, inventada por izquierdistas, dotados de una  fecunda imaginación”?

En los países civilizados el Estado no admitiría la existencia de un museo que hiciera apología del exterminio genocida de un pueblo, producto de una ideología criminal. Desgraciadamente, en Chile no sólo se permite hacer apología de la cruenta dictadura de Augusto de Pinochet, sino también insultar la memoria de miles de detenidos desaparecidos y de fusilados -lo hacen, en el mismo Congreso Nacional, algunos diputados de la UDI -.

Tal vez la mayoría de la derecha no se atreva a defender en público los atroces crímenes de la dictadura genocida, pero el otro yo de algunos de ellos aún piensa que “el único comunista bueno es el comunista muerto”, y que no está mal que algunos de los autores de crímenes de lesa humanidad mantengan el pacto de silencio  -así y todo aplauden cuando estos criminales son dejados en libertad por gracia de una Sala de la Corte Suprema -.

El Museo de la Memoria representa el mínimo esfuerzo que la nación chilena puede hacer para mantener en la memoria de la ciudadanía actual y de  las futuras generaciones, que en Chile el Estado, con funcionarios pagados con el dinero de todos los chilenos, hizo desaparecer o fusilar a miles de nuestros conciudadanos, y someter a las más crueles torturas a hombres y mujeres.

Un pueblo que pretende olvidar los oscuros períodos en que se practicó, nada menos que el genocidio, está condenado a vivirlo más de una vez.  El Museo de la Memoria es una pequeña  muestra de que nunca olvidaremos que en nuestra, el Estado, apoyado por algunos empresarios y líderes de la derecha practicaron crímenes de lesa humanidad y actos de barbarie, que sólo acerca a estos victimarios a la ferocidad de hienas hambrientas.

Piñera tropezó con la misma piedra: cambió a un ministro “metepata” -como el de Educación, que propone bingos para reparar escuelas públicas-  por uno de nuevo (ahora ex) de las Culturas, Mauricio Rojas, quien afirma que “el Museo de la Memoria es un montaje”. El amigo personal del ministro de Relaciones Exteriores, Roberto Ampuero, otro “converso”, se vio forzado a reconocer que sí se habían dado crímenes de lesa humanidad durante la dictadura militar, derechista y empresarial.

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