El desarrollo de la nación debe estar presidido por el respeto al Medio Ambiente.
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EDITORIAL: DE LA TWITOCRACIA Y OTROS EMBELECOS

La Rand Corporation es una organización estadounidense cuya misión es vislumbrar el mundo del futuro. En la actualidad, está profundamente ligada al Pentágono y a objetivos de carácter militar. Remunera generosamente a decenas de pensadores del más alto nivel, los cuales se anticipan a los tiempos que vendrán como Julios Vernes contemporáneos. Pese a todo, ninguno de ellos soñó con la “internet” y la revolución en las comunicaciones que en dos décadas trastocó el mundo que conocíamos. Hoy, con la salvedad propia de comunidades de extrema pobreza que no pueden acceder a las nuevas tecnologías por razones económicas,  y de dictaduras de todos los colores que sienten pavor por la libre intercomunicación de las personas y el devenir de las ideas, la posibilidad de una relación instantánea entre seres humanos de diversas partes del planeta ya es un hecho y no una quimera.

Este salto de progreso inaudito, sin embargo, porta en su mochila graves problemas que, hoy por hoy, son difíciles de dimensionar por la sencilla razón de que estamos tan insertos en ellos que han pasado a constituir nuestro hábitat: los vivimos y los  respiramos, a tal extremo que ya casi constituyen parte de nuestra naturaleza social sin que tengamos capacidad de salirnos de ellos, de mirarlos desde afuera, de juzgarlos con un mínimo de independencia y perspectiva.

El escritor y filósofo italiano Umberto Eco, en entrevista dada al diario La Stampa expresó vociferante su juicio sobre la materia: “Herramientas como Twitter y Facebook dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban en un bar después de un vaso de vino pero sin dañar a la comunidad” agregando que las denominadas “redes sociales” han hecho  posible que se le dé la misma relevancia a la opinión de un necio que a la de un premio Nobel. El drama de internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”.

Internet  tal como  la televisión, qué duda cabe, representan un avance histórico  de la humanidad. Su buena utilización deviene en pasos positivos no sólo en la intercomunicación entre las personas sino también en los campos de la salud, de la ciencia, del trabajo, de la cultura. El problema lo encontramos cuando los transformamos  en mecanismos mediante los cuales se nos hace posible atacar y destruir irresponsablemente. Así como la pólvora y los misiles han permitido matar a otros “a larga distancia” sin que tengamos que ver y palpar la sangre de las víctimas  como sucede cuando se ataca con el puñal o la bayoneta lo que hace  posible un “homicidio limpio”, las “redes sociales” han hecho posible disparar injurias, calumnias, noticias falsas, jugar con el honor y el crédito de las personas,  prácticamente sin consecuencias perceptibles.

Esto  genera altos niveles de preocupación  pues,  al mismo tiempo en que un académico utiliza estas redes para informar pruebas y calificaciones, para remitir apuntes y en respuesta recibir preguntas y  comentarios, se priva del  enriquecedor encuentro presencial con sus discípulos. Asimismo, al tiempo que estos mecanismos permiten conocer y reencontrarse con personas a través del mundo,  son miles quienes los utilizan para establecer relaciones con menores abriendo paso al abuso o con desprevenidos receptores de mensajes que serán las víctimas propicias de su quehacer delictivo.

Ahora bien, si las cosas son miradas desde el punto de vista del desarrollo de la comunidad en que se vive, es posible constatar que sistemáticamente estas vías han ido contribuyendo al deterioro del quehacer común y del interés por “la cosa pública”. La masificación absoluta de opiniones carentes de seriedad y fundamento, lleva a que cada uno tienda a ajustarse a lo que cree que es el sentir general, sumándose por adaptación y por presión a criterios que no comparte simplemente para no ser criticado y desentonar, aplastándose de esta forma  la posibilidad de la discrepancia y del surgimiento de opiniones y liderazgos alternativos. Paralelamente, la preeminencia de una cultura de la imagen conduce indefectiblemente a la generación de reacciones instintivas que, por su propia naturaleza,  desechan todo lo que implique reflexión, discernimiento y acatamiento de posturas extremas.

El tweet ha hecho posible la información irrelevante, verdadera o falsa; la decisión política que puede traer graves consecuencias para un país e incluso para el planeta; la incapacidad de actuar maduramente.

En Chile es posible constatar a diario los extremos a que es posible llegar en este campo. En el variado espectro de los medios electrónicos, cada información va acompañada casi de inmediato por seudocomentarios que transforman estas secciones en un receptáculo de lo peor que puede presentar el ser humano: la cobardía moral. Se trata de remitentes que  han elegido el camino de los nombres falsos para injuriar y agredir a quien piensa distinto. En buenas cuentas, es otra forma de expresión de la oclocracia (“gobierno de la muchedumbre o de la plebe”, de la calle) a través de medios  que hacen posible  el encapuchamiento artero.

De esta forma contribuyen a destruir toda posibilidad de una convivencia cívica civilizada que es lo que el país, con urgencia, reclama.

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